Aplicaciones de la nanotecnología

Aplicaciones de la nanotecnología
Uno de los avances mas espectaculares llevados a cabo en Física e Ingeniería en años recientes es el experimentado por la nanotecnología: la habilidad de diseñar, controlar y modificar materiales a nivel cuasi-microscópico o “mesoscópico”.

La nanotecnología nos promete la posibilidad—largamente soñada—de influir en las propiedades de los materiales con el fin de producir materiales “inteligentes” para todo tipo de aplicaciones.

Es ahora frecuente ver en las más prestigiosas revistas científicas reportes sobre avances en diseño de microcircuitos, microestructuras artificiales y máquinas microscópicas.

Ahora es posible el crecimiento sistemático y controlado de pequeñas estructuras artificiales compuestas de varía capas delgadas de materiales diferentes, algunas de unos pocos átomos de ancho mediante técnicas, tales como los “haces moleculares epitaxiales”.

A escala comercial, quizás la aplicación mas espectacular a la fecha es el uso de la magnetoresistencia gigante, descubierta en 1998, en las cabezas lectoras de la mayoría de los discos duros de los computadores actuales.

Estos y otros avances relacionados, han provocado un explosivo interés en el tema y el término nanotecnología se ha convertido en palabra clave de muchas propuestas de investigación en ciencia de materiales e ingeniería.

La opinión pública y la dirigencia política desconocen casi por completo el desafío de las nanotecnologias, portadoras de muchas más esperanzas y peligros que todas las tecnologías hasta hoy conocidas.

Su difusión potencial preocupa a los ciudadanos, mientras las industrias prometen el advenimiento de materiales milagrosos. Como ya ocurrió con los organismos genéticamente modificados (OGM), el ritmo de desarrollo de sus aplicaciones es más rápido que el control de los peligros que encierran.

Qué tienen en común un neumático inteligente y una crema sol milagrosa?

¿O una prenda de vestir isotérmica, cuyo color cambia con nuestro humor, y una pintura resistente a las manchas?

¿O un “acero” tan liviano como el plástico y un interruptor sin cable?

¿O las medias que no toman olor y la destrucción selectiva de una célula cancerosa?

En todos los casos, se trata de aplicaciones de la nanotecnología.

Hoy se sabe cómo producir esos objetos cuyo tamaño está en el orden del millonésimo de milímetro (0,000001mm).

Constituidos por una pequeña cantidad de átomos o de moléculas, están dotados de extraordinarias características físicas, químicas o biológicas que les otorgan resistencia, flexibilidad, liviandad o capacidad de almacenamiento de información.

Esta confluencia de la materia, la electrónica y la biología se presta a aplicaciones informáticas, industriales, ambientales y médicas.

El significado de la "nano" es una dimensión: 10 elevado a -9.

Esto es: 1 manómetro = 0,000000001 metros. Es decir, un manómetro es la mil millonésima parte de un metro, o millonésima parte de un milímetro. También: 1 milímetro = 1.000.000 manómetros.

Una definición de nanociencia es aquella que se ocupa del estudio de los objetos cuyo tamaño es desde cientos a décimas de manómetros.

Hay varias razones por las que la Nanociencia se ha convertido en un importante campo científico con entidad propia. Una es la disponibilidad de nuevos instrumentos capaces de "ver" y "tocar" a esta escala dimensional.

A principios de los ochenta fue inventado en Suiza (IBM-Zurich) uno de los microscopios capaz de "ver" átomos.

Unos pocos años más tarde el Atomic Force Microscope fue inventado incrementando las capacidades y tipos de materiales que podían ser investigados...

En respuesta a estas nuevas posibilidades los científicos han tomado conciencia de potencial futuro de la actividad investigadora en estos campos.

La mayor parte de los países han institucionalizado iniciativas para promover la nanociencia y la nanotecnología, en sus universidades y laboratorios.

Así, la más extendida revolución tecnológica que haya conocido la humanidad está tal vez en vías de nacer en laboratorios de Tokio, Berkeley o Grenoble. Revolución, porque las nanotecnologias permiten eliminar la barrera entre lo real y lo virtual, entre lo vivo y lo material.

Extendida, porque la posibilidad de poner inteligencia en todas las partes de nuestro cuerpo y en nuestro medio ambiente abre perspectivas económicas infinitas, estimadas en un billón de dólares a partir de 2015.

RIESGO SANITARIO
Pero esta revolución plantea una cantidad infinita de preguntas. Los industriales, tras el escándalo del amianto y el rechazo a los OGM, tratan de desactivar las objeciones críticas mediante una concertación con algunos grupos ciudadanos.

Pero el argumento que plantea que ya vivimos en medio de nanopartículas errantes a las que se supone inofensivas—producidas por la naturaleza, la industria y los motores de vehículos— no basta para cerrar el debate sobre el peligro sanitario y, menos aun, sobre los riesgos para la libertad.

A mediados de 2006 ya se contaban 700 productos que contenían componentes nanométricos y 1.400 clases de nano partículas vendidas por unos SO productores.

A pesar de la creación de grupos de trabajo y de la organización de debates públicos en todo el mundo, el control de los riesgos —por la vía de normas, leyes y una obligación de transparencia— parece muy retrasado con respecto al ritmo de desarrollo de las aplicaciones que, por otra parte, son muchas veces desconocidas por razones de secreto industrial y, sobre todo, militar.

Se sabe, sin embargo, que su tamaño les permite a esas partículas no sólo alojarse en las vías respiratorias, sino también atravesar la piel, penetrar las células basta su núcleo, vencer membranas consideradas infranqueables o alojarse en el sistema nervioso central. Millones de trabajadores corren el riesgo de resultar expuestos a las nanopartículas.

Ya se puede prever una acumulación en la naturaleza de “migajas” nanométricas capaces de perturbar los ecosistemas y de intoxicar al ser humano. ¿Podrá argüirse, cómo con el amianto, que no sabíamos?

LA TENTACIÓN DE FAUSTO

El riesgo para la libertad parece mucho mayor que el de la toxicidad, porque con la generalización de los nanochips se corre el riesgo de relanzar la tentación de Fausto, de crear el ser perfecto, de buen desempeño y alta resistencia.

A través del sistema de Radio Frequency Identification (RIFID) se abre la vía para vigiar a los individuos y su comportamiento.

La difusión de partículas inteligentes también puede servir para la vigilancia del medio ambiente, para la marcación antirrobo, para los sistemas de información militar o para la acción de los terroristas, de sectas y de “Estados canallas”.

Como con los OGM, que se imponen a pesar de las dudas y de las moratorias locales, las nanociencias llaman a la construcción de un sistema de responsabilidades entre quien toma las decisiones políticas, el científico, el industrial y el ciudadano.

Confirman que un Estado no puede —suponiendo que quiera hacerlo— adoptar por sí solo el principio de la protección máxima, sin correr el riesgo de ver que los demás acaparen patentes y mercados.

Se plantea así la cuestión del crecimiento de las desigualdades ente quienes dominan esta arma económica suprema y quienes no pueden hacerlo.

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