Charles Webster Leadbeater ,Vegeterianismo y ocultismo

Charles Webster Leadbeater ... Vegeterianismo y ocultismo
Charles Webster Leadbeater nació el 16 de Febrero de 1854 en Stockport, Inglaterra.  Se interesó desde muy joven a la investigación psíquica, interés que compartío con su madre.

En 1883, a la edad de veintinueve años, Leadbeater se convirtió en miembro de la Sociedad Teosófica, justo al mismo tiempo que Sir Williwm Crookes, el prominente científico.

(Vegetarianism and Occultism)
TPH, Adyar, 1903

 Al hablar de la relación que existe entre el vegetarianismo y el ocultis­mo, será bueno que principiemos por definir nuestros términos, como ge­neralmente hemos hecho en otras ocasiones.

Todos sabemos lo que la palabra vegetarianismo significa, y aunque existen algunas variedades del mismo, creo que no es necesario discurrir acerca de ellas.

El vegetaria­no es el que se abstiene de comer carne. Algunos de ellos admiten los productos animales que se obtienen sin destruir la vida del animal, ta­les, por ejemplo, como la leche, la manteca y el queso.

Otros se con­cretan a determinadas variedades vegetales, las frutas quizás. Hay otros que prefieren tomar sólo aquellos alimentos que pueden comerse sin co­cerlos y otros que no toman alimento alguno que haya crecido debajo de la tierra, tal como las patatas, los nabos, las zanahorias, etc.

Noso­tros no debemos inmiscuimos en estas divisiones, concretándonos sim­plemente a definir al vegetariano como al que se abstiene de todo ali­mento que proceda del sacrificio de la vida animal, incluyendo, por supuesto, a los pájaros, aves de corral y pescado.

¿Cómo debemos definir al ocultismo? Esta palabra se derive del latín occultus, oculto; de modo que significa el estudio de las leyes ocultas de la naturaleza.

Desde el momento en que todas las grandes leyes de la naturaleza trabajan en realidad en mucha mayor escala en el mundo invisible que en el visible, el ocultismo envuelve la aceptación de una perspectiva mucho más amplia de la naturaleza que la que ordinaria­mente se acepta.

El ocultista es, pues, un hombre que estudia todas las leyes de la naturaleza que están a su alcance o de las que oye hablar, y como resultado de su estudio se identifica con ellas y consagra su vida al servicio de la evolución.

¿Cómo considera el ocultismo al vegetarianismo?

Lo considera muy favorablemente, y esto por muchas razones.

Estas razones pueden ser divididas en dos clases; las ordinarias y físicas, y las ocultas o secretas.

Existen muchas razones en favor del vegetarianismo consideradas en el orden físico que se presentan claras y visibles a los ojos de cualquiera que se tome la molestia de examinar este asunto, las cuales influyen sobre el estudiante de ocultismo con mucha mayor ener­gía que sobre el hombre ordinario.

Además de estas razones, e indepen­dientemente de ellas, el estudiante de ocultismo conoce otras que ad­quiere por el estudio de estas leyes ocultas que tan poco conocidas son todavía por la inmensa mayoría de los hombres.

Debemos, por lo tan­to, dividir nuestro estudio de estas razones en estas dos partes, principiando por las ordinarias y físicas.

Razones Egoístas en Favor de un Alimento Moderado

Hasta estas razones ordinarias pueden ser subdivididas en dos clases, conteniendo la primera aquellas que son de orden pura y absolutamen­te físico y, por decirlo así, egoístas, y la segunda las que pueden consi­derarse como de orden moral y antiegoísta.

Estudiemos, pues, ante todo, las razones que existen en favor del vegetarismo que se refieren exclu­sivamente al individuo y que pertenecen únicamente al plano físico.

Por el momento dejaremos a un lado el estudio del efecto que el vegetarismo produce en los demás planos, lo cual es un asunto muchísimo más im­portante, y nos limitaremos al estudio de los resultados particulares que produce en el individuo aquí abajo.

Debemos proceder así porque una de las objeciones que con más frecuencia se aducen contra el vegetarismo es que es una muy bella teoría, pero que no es posible lle­varlo al terreno de la práctica, puesto que, según suponen, el hombre no puede vivir sin comer carne. Esta objeción es por completo errónea, y está basada en la ignorancia y en la desnaturalización de los hechos.

Yo mismo soy un ejemplo de esta falsedad, pues he vivido sin comer carne, pescado ni huevos durante un período a lo menos de veintisiete años, y no sólo todavía vivo, sino que durante todo este tiempo he disfrutado de una salud perfecta. Mas debo añadir que en esto no soy yo un caso aislado, puesto que conozco millares de personas que han hecho otro tanto.

Conozco algunos jóvenes que han tenido la dicha de no probar la carne en toda su vida, y se ve claramente que están más libres de enfermedades que aquellos que la comen.

Es indudable que existen muy buenas razones en favor del vegetarianismo desde el punto de vista puramente egoísta, y a propósito las he expuesto en primer término, porque creo que las consideraciones egoístas harán mella en un gran número de personas, si bien espero que a los estudiantes de Teosofía les harán mucha más impresión las consideraciones morales que más adelante tendré ocasión de presentar.

Nosotros Queremos lo Mejor

Creo que en lo tocante al alimento, lo mismo que en todo lo demás, debemos desear lo mejor que esté a nuestro alcance. Debemos igualmen­te tratar de poner nuestras vidas y, por lo tanto, a nuestro alimento diario que es una parte importante de las mismas en armonía con nuestras as­piraciones, en armonía con lo más elevado que conocemos.

Debemos congratularnos de saber escoger lo que realmente es superior; y si por el momento no somos bastante hábiles para saber apreciar lo que es supe­rior y elevado, entonces debemos estar satisfechos de aprender a saber­lo.

Si reflexionamos acerca de este punto veremos que otro tanto sucede con respecto a otros conocimientos, en la música, en las artes o en la literatura, por ejemplo.

Desde niños se nos ha enseñado que si deseamos desarrollar nuestro gusto musical en el sentido más puro y delicado, de­bemos escoger únicamente la música del tipo más elevado, y si al prin­cipio no la sabemos apreciar y comprender debidamente, entonces debemos voluntaria y pacientemente esperar y escuchar hasta que al fin algo de su dulce armonía desciende sobre nuestras almas, en cuyo momento podemos comprender lo que al principio no despertaba ningún eco en nuestros corazones.

Si deseamos comprender lo mejor y más bello que existe en el arte, no debemos acostumbrar nuestra vista a las groseras caricaturas que aparecen en los periódicos políticos, ni a las repugnantes abominaciones mal llamadas "cuadros cómicos", sino que debemos fijar nuestros ojos y estudiar asiduamente hasta que el misterio de la obra de Turner principie a revelarse a nuestra paciente contemplación, o hasta que el gran lienzo de Velázquez se haga comprensible a nuestro enten­dimiento.

Lo mismo sucede en la literatura. La triste experiencia demues­tra que una buena parte de la mejor y más bella literatura se pierde lasti­mosamente para aquellos cuyo alimento mental consiste únicamente en los escritos sensacionales, en las novelas de bajo vuelo, o en aquella frí­vola masa de grosera literatura que a manera de la escoria es arrojada sobre el torrente de la humanidad; novelas, folletines y artículos que no instruyen al ignorante, no prestan vigor ni esperanza al débil y oprimido, ni en modo alguno desarrollan la inteligencia.

Si deseamos desarrollar la inteligencia de nuestros hijos en todas estas cosas, no los dejamos por completo que se guíen por su propio gusto que todavía no está cultiva­do, sino que nos esforzamos en ayudarles a purificar este gusto, ya sea que se trate del arte, de la música o de la literatura.

No cabe duda, pues, de que podemos hallar el mejor alimento así fí­sico como mental, y no cabe duda también de que debemos hallado, no por el mero instinto ciego, sino aprendiendo a pensar y a razonar des­de el más elevado punto de vista.

Existen personas en el mundo que no desean lo superior, que quieren permanecer en los niveles inferiores, a cuyo fin atraen consciente e intencionadamente hacia sí todo lo que es grosero y degradante; pero también existen muchas otras personas que desean elevarse por encima de estos niveles inferiores, las cuales elegi­rían lo superior ardiente y gozosamente con sólo que lo conociesen, o con sólo que se llamase su atención hacia el mismo.

Existen hombres y mujeres de un elevado desarrollo moral que han sido inducidos a comer como las hienas y lobos, y se les ha enseñado que su alimento necesa­rio era el cadáver de un ensangrentado animal.

Bastará que reflexione­mos un momento para ver que este horror no puede ser ni lo más ele­vado ni lo más puro, y que si deseamos elevamos en la escala de la na­turaleza, si deseamos que nuestros cuerpos sean puros, como deben ser los templos del Maestro, debemos abandonar esta detestable costumbre, y tomar sitio entre la magnífica hueste que trabaja para el bien de la raza humana, y que se esfuerza en obtener lo más puro y elevado en todas las cosas, así para ellos mismos como para sus hermanos.

Veamos en detalle por qué la alimentación vegetariana es evidentemente la mejor y la más pura.

Charles Webster Leadbeater ,Vegeterianismo y ocultismo 1
Vegeterianismo y ocultismo ( Parte dos )
Charles Webster Leadbeater ( Parte tres )
Charles Webster Leadbeater ( Parte 4 )
Charles Webster Leadbeater ,Vegeterianismo y ocultismo ( Parte 5 )

(Vegetarianism and Occultism)
TPH, Adyar, 1903

C.W. Leadbeater