Pero Dios ¿en que me equivoque?

Pero Dios ¿en que me equivoque?
¿Qué olvidamos cuando bebemos?

Las penas, los amores ingratos, los problemas económicos, las angustias cotidianas… ¿De verdad olvidamos todo eso al beber alcohol?

Tangos, rancheras y canciones populares en general han hecho creer que cuando nos “sumergimos” en la bebida, como por arte de magia, se nos borra la memoria. 

Nos sentimos requetebién y ese “dolor tan grande” queda relegado al fondo del cerebro o del corazón.

Pero la cosa no es así. Si has sufrido algún despecho y bebes, parece que el dolor crece más, si es posible. Hay quienes hasta lloran de pura embriaguez. Entonces, ¿de dónde salió ese mito de “ahogar las penas en alcohol”

La ciencia al rescate

La ciencia dice: “el alcohol no ayuda a olvidar”. Un neurobiólogo del Centro Waggoner de la Universidad de Texas, Hitoshi Morikawa, publicó un estudio en la revista Journal of Neuroscience, donde explica los efectos del alcohol en nuestro cerebro. 

En este estudio se llega a la conclusión de que beber ciertamente reduce nuestra capacidad consciente para recordar información inmediata –dónde aparcamos el coche, el nombre de un amigo y cosas así– pero al mismo tiempo nuestro subconsciente aprende y recuerda, aumentando así nuestra capacidad de aprendizaje (no es que tengamos que beber para mejorar nuestra memoria, nada de eso).

Este científico comprobó que la exposición reiterada al alcohol aumenta la “plasticidad sináptica de las neuronas en un área clave del cerebro para la memoria”, lo cual pone de relieve las evidencias más recientes de que los alcohólicos y drogadictos deben su adicción a un trastorno de la memoria y del aprendizaje.

¿A qué son adictos específicamente?

De acuerdo con el doctor Morikawa, los alcohólicos no son adictos a las bebidas en sí o al placer de beber, sino al contexto psicológico, al entorno que los rodea cuando beben y al comportamiento. Por eso, en cualquier terapia de desintoxicación, lo primero es alejarse de los ambientes que recuerden y propicien la bebida.

Cuando bebemos se libera dopamina, un neurotransmisor que asociamos al placer y a la felicidad, pero en realidad es un neurotransmisor enlazado al aprendizaje, siendo su efecto primordial el fortalecimiento de las sinapsis que se activan mientras se libera la dopamina; al beber estimulamos nuestro sistema dopaminérgico, que le dice al cerebro que lo que hacemos es muy agradable: tomar unas copas con amigos, charlar, escuchar música… así, mientras más hacemos estas cosas mientras bebemos, más dopamina se libera y más adicción se crea.
¿Beber libera el estrés?

La moderación es la clave. Sin duda, una copa de vino con la comida, o dos charlando entre amigos es hasta saludable. Puede ser vino, cerveza, whisky o la bebida de tu preferencia.

Pero el alcohol no hace que olvides la tristeza, la agudiza y lo que queda es la resaca.

¿Qué piensas tú?

Así es, luego de ‘fomentar’ algunas pequeñas ‘graciosadas’ a algunos padres les extraña que sus hijos salgan con una gran tontera o error fatal.
Pero Dios  ¿en que me equivoque ?

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