Los dulces de María Antonieta

Los dulces de María AntonietaLas virtudes de una gran madre no se transmiten necesariamente a los hijos.

Fue el caso de María Antonieta de Francia, en nada parecida a la mujer responsable y preparada que fue su madre, la emperatriz María Teresa de Austria.

La figura de Maria Antonieta de Austria es complicada de desentrañar, conocer a la verdadera joven princesa que llegó a la corte francesa a los 15 años es complejo, por los mitos, rumores e invenciones noveladas de su vida.

Además para los revolucionarios era símbolo de la decadencia de la Monarquía, y para los monárquicos un ejemplo de virtud y valor, intentaremos buscar un punto medio y conocerla mejor.

Maria Antonieta nace en 1755, era la hija pequeña de la emperatriz María Teresa de Austria y del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Francisco I.

Su infancia en Viena es totalmente idílica, bajo la estricta vigilancia y educación de su madre y de su preceptor, el Abad de Vermond, que iba a reparar las lagunas en la educación de la joven archiduquesa y comenzar a prepararla para ser la fiel esposa de un rey.

A los 14 años Maria Antonieta es entregada en matrimonio al Delfín Luís Augusto, el mayor de los nietos del rey Luís XV, y futuro Luis XVI, que sólo tenía un año más que ella.

Este matrimonio se enmarca dentro del juego de Alianzas de las potencias absolutistas, y sellaba la alianza entre Francia y Austria, para limitar el ascenso de las emergentes potencias Inglaterra y Prusia.

Por esa política de alianzas la joven archiduquesa ve como su vida se traslada de la corte de Viena a otra totalmente desconocida para ella y en un país extraño.

Se le arrebata su vida y se le aparta de su familia, su país y su lengua como consecuencia de una alianza entre potencias.

La frivolidad de la reina francesa, esposa de Luis XVI, ha pasado a la posteridad.

Si bien puede haberla exagerado la leyenda negra nacida de la revolución lo cierto es que está justamente fundamentada.

De la reina se cuenta que, en los primeros días revolucionarios, preguntó a sus damas el porqué de la protesta popular.

Una de ellas respondió:

María Antonieta Los dulces de María Antonieta

- Majestad, el pueblo tiene hambre. Esas gentes ni siquiera tienen pan.
A lo que la reina, a medio camino entre la ingenuidad y la estulticia, contestó:

-¿No tienen pan? ¡Pues que coman pasteles!

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El 16 de mayo de 1770, tras renunciar a sus derechos al trono austriaco, Maria Antonieta se desposa con Luís en Versalles. Los primeros años en la extraña, para ella, corte francesa son muy complejos, sobre todo por que su flamante marido la evita, y por la difícil adaptación al tremendo protocolo y ceremonial de la corte de Versalles.

Se mantiene con fuerzas gracias a los consejos que recibe a través de las cartas que intercambia con su madre y con el embajador de Austria en París, el conde Mercy-Argenteau. Así llegamos al 10 de mayo de 1774, la muerte de Luís XV convierte a Luis XVI en rey de Francia y a Maria Antonieta en reina de la mayor potencia absolutista del momento, cuando tan sólo tenía 19 años.

 Su vida en Versalles gira alrededor de ese tremendo y estricto protocolo (instaurado por Luis XIV) que llegaba a reunir en la corte a unas diez mil personas.

Miles de sirvientes, administradores, suplicantes, espectadores... un auténtico espectáculo de absurdo derroche y grandeza. María Antonieta fue acostumbrándose y pronto se integro en la corte, haciéndose con un grupo de confianza de amigos como la princesa de Lamballe o el barón de Besenval.

Se dedica a organizar fiestas, juegos de cartas, excursiones, bailes y obras teatrales, pero sobre todo multiplica su vestuario y despierta muchas envidias y rencores en la corte.

Con su modisto personal, el célebre Rose Bertín, cuya tienda de París vestía a las damas más importantes de Francia. No tenía ningún problema ir al teatro y la opera, momento en que se acercaba al pueblo, al que entusiasmó por su belleza y cercanía.

Todo lo que hacía la joven reina se convertía en moda, destacar sus aparatosos y extravagantes peinados a base de montículos de cabello, llamados poufs.

No obstante, la relación de nuestra joven reina con Luís XVI no mejoraba, no había ningún tipo de entendimiento (se dice que el matrimonio no se consumó hasta el verano de 1773), además los recelos y envidias de la corte logran agobiarla.

Por lo que decide huir del encorsetado ambiente versallesco, y lo consigue gracias a su extraño marido, que le cede la llamada Petit Trianon, un pequeño palacete de campo en los tremendo jardines de Versalles.

En Petit Trianon María Antonieta conseguía evadirse del protocolo y de las envidias cortesanas.

En la corte, lógicamente, este retiro de la reina fue muy criticado, a lo que une que cambiara elementos del ancestral protocolo como la constante presencia de dos damas de compañía en los desplazamientos por palacio o comer en público (algo que le incomodaba sobremanera).

Su comportamiento en las fiestas y los juegos de cartas no era el que se consideraba correcto para la reina de Francia, pronto va a ser tildada de frívola y libertina.

Pero esas criticas vienen sobre todo por cambiar y poner en duda el protocolo, que era básico para que los nobles cortesanos pudieran medrar socialmente.

 Pese a las criticas su vida matrimonial va mejorando poco a poco, hasta conseguir el triunfo personal de dar a luz una niña, Maria Teresa, la llamada Madame Royale.

Y el 22 de octubre de 1781, tres años después, alumbra un hijo barón, Luís José, el nuevo Delfín de Francia y heredero al trono.

A pesar de dar herederos a Luis XVI su impopularidad fue creciendo de forma exponencial, y María Antonieta se centra en la construcción del Hameau en Versalles. La recreación entre 1783 y 1787 de una aldea campestre en miniatura dentro de los lujosos jardines de Versalles.

Compuesta de una docena de casas agrestes en torno a un lago artificial, con lo que pretendía descubrir el mundo rural y la vida campestre. Además se dedica a la caridad y acercarse a los pobres, pero entre medias se produce el famoso escándalo del collar de diamantes, en el verano de 1785.

Un joyero parisino reclama a la reina 1,5 millones de libras por un collar de diamantes encargado en nombre de la reina por un aristócrata de la corte, el cardenal Rohan.

María Antonieta se indignó y el cardenal fue arrestado, Rohan confesó que había sido engañado por una estafadora, la condesa de La Motte-Valois, que finalmente es condenada a ser azotada, pero el cardenal queda absuelto.


La reina y la corona quedaban tocadas, Maria Antonieta era inocente pero el pueblo la considero culpable moral, y el odio hacia la reina fue creciendo.

María Antonieta fue víctima de una falsa fama y manipulaciones, por ejemplo nunca llegó a pronunciar esa mítica frase dirigida hacia el pueblo “si no tienen pan, que coman costra de pastel”.

Lo que esta claro es que su impopularidad fue creciendo a la par que el descrédito de la corona. Para el pueblo acabo siendo, de forma injusta, una derrochadora (en sus primeros años si lo fue), una adultera traidora y extranjera.

Así llegamos a 1789 la Revolución estalla en Francia, ante una situación insostenible de malas cosechas, saqueos, sublevaciones y tropas reales disparando sobre sublevados.

Tras la convocatoria de los Estados Generales en mayo y la creación de una Constitución democrática por la Asamblea Nacional, junto asalto a la Bastilla el 14 julio, el rey no tiene mas remedio que aceptar la nueva situación.

Pero los males de la corona van a seguir, en octubre de 1789 una multitud enfervorizada asaltó el palacio de Versalles, con gritos contra María Antonieta “la austriaca”.

No se sabe como las pescaderas de París encontraron en el laberinto del inmenso Versalles los aposentos de la Reina.

Los rebeldes pedían ver al rey y gritaban “La Reina al balcón”, y Maria Antonieta apareció en el balcón en un acto de inmenso coraje. Allí salió serena y valiente, y esa muestra de valor hizo que el pueblo acabara aclamándola, un gesto que salvaba, de momento, a la Monarquía francesa.

Los reyes fueron llevados por el pueblo a Paris, Luís y Maria Antonieta se trasladaron al Palacio de las Tullerías, donde vivieron tres años.

Un Palacio casi abandonado, que estaba en el centro de París, donde María Antonieta y el rey quedaron como prisioneros de las autoridades revolucionarias, que con el pretexto de proteger al rey.

El coraje de la reina, de nuevo, sale a relucir al aprender una forma secreta para comunicarse con aliados fuera de las Tullerías, y convence al rey para escapar. La huida fue organizada por Axel Fersen, supuesto amante de Maria Antonieta, el 21 de julio de 1791.

Los reyes consiguen salir de París, sin ser reconocidos, pero cometen errores como viajar con carrozas muy grandes y muchos lujos.

Por lo que son reconocidos y detenidos en Varennes, y regresaron como prisioneros humillados a París.

Luís XVI acepta la nueva Constitución de septiembre de 1791, para salvar la institución de la corona, pero todo iba a empeorar aún más. El rey veta algunas medidas contra los nobles exiliados de la nueva Asamblea Constituyente, y los llamados sans-cullottes llevados por la ira generan el llamado asalto a las Tullerías el 20 de junio de 1792.

El rey intentó hace frente a los asaltantes, para que pudieran alejarse la reina y sus hijos, pero los sublevados pedían que se mostrase la reina. Y María Antonieta, una vez mas, no defraudó y apareció ante una masa de iracundos con palos.

Según la Marquesa de Langesi uno de esos canallas hubiera osado golpearla, todos habrían seguido su ejemplo. Por fortuna, su porte tan noble y tan altivo, tal vez su belleza, su expresión de seguridad, se impuso sobre todos”. De nuevo, la valentía de Maria Antonieta reprime un asalto que duro cinco horas. 
 Los dulces de María Antonieta
No obstante, la situación empeoró aún mas tras el célebre manifiesto Brunswick de julio de 1792, del resto de monarcas absolutos europeos, que acusaba a la Asamblea Nacional de ser ilegal, y amenazaba con una represión austríaca si la familia real francesa fuera ultrajada. 
Los reyes son llevados al edificio del la Asamblea para protegerlos de un nuevo asalto a las Tullerías del encolerizado y sediento de sangre pueblo francés, inmerso en el terror. 

Los revolucionarios habían acabado con la Monarquía, y terminan por encerrar a María Antonieta y Luis XVI junto con sus hijos en la Torre del Temple, mientras se preparaban los procesos para ajusticiar a ambos. Allí se dedicaron a instruir a sus hijos en la música y el latín.

El primero en salir de la Torre del Temple fue Luís, para enfrentarse a su proceso el 11 de diciembre de 1792, siendo condenado a muerte el 15 de enero de 1793.

En julio de ese mismo año María Antonieta tiene que ver como le arrebatan a su hijo, para evitar la mala influencia de la reina, otro disparate de la revolución.

El sufrimiento y la pesadilla para María Antonieta estaba llegando a su fin, el 1 de agosto de 1793 se inicia el proceso contra la reina, en pleno terror jacobino (la fase más dura y sangrienta de la revolución).
 La trasladan a la prisión de la Conciergerie, la llamada “antesala de la guillotina”.

El proceso fue una farsa, la condena a María Antonieta estaba decidida desde mucho antes. Durante el interrogatorio estuvo, otra vez, inteligente y valiente se defendió diciendo “todo lo que deseo es la dicha de Francia”.

 Terminado dicho interrogatorio los miembros del jurado fingieron deliberar, y la declararon culpable, ante lo que permaneció serena, impasible y majestuosa.

Ahora si sabemos que María Antonieta era culpable de traición por revelar secretos militares a potencias extranjeras, pero en ese momento las autoridades de la República no tenían nada contra ella, todo fue una pantomima.

María Antonieta es condenada a la guillotina el 16 de octubre de 1793, tenia 38 años, al día siguiente fue conducida hacia el cadalso, previamente el verdugo le había cortado los cabellos y atado sus manos, otra humillación ante la que se muestra impasible.

Sus ultimas palabras las conocemos gracias a Rosalie Lamorliere (joven a la que asignaron el cuidado de la reina en sus últimas horas) y fueron “Hija mía, ya no necesito nada, todo ha terminado para mi...”.

De nuevo, se mostraba llena de templanza y valentía mientras se sentaba en el patíbulo acompañada por un cura (al que ni miró) y el verdugo, que la guillotinó y agarró su cabeza mostrándosela al enfervorecido populacho.

Una masa que gritaba consignas en pro de la libertad y la república mientras asesinaban impunemente, otra severa contradicción de la revolución.

Y un triste final para la vida de una gran y valiente mujer, que consigue mantener su grandeza y dignidad a pesar de que su vida pasara del lujo al terror y la desgracia.

En su disculpa habría que decir que su esposo, Luis XVI, escribió en su diario el 14 de Julio de 1789, día de la toma de la Bastilla: "Hoy no ha pasado nada".

Los dulces de María Antonieta

El pecho de María Antonieta y la copa de champán

Seguro que en navidad o en alguno de tus aniversarios, has brindado con una copa de champán. Son elegantes, tienen los bordes amplios y nos dejan sentir el dulce ronroneo de las burbujas de este líquido dorado.

Pero ¿te has preguntado alguna vez por qué tienen esta forma en particular? Existe una curiosa leyenda al respecto que te encantará conocer…
Homenaje al pecho perfecto

Son muchos los personajes históricos que han homenajeado a sus esposas o amantes realizando réplicas de sus pechos para convertirlos en copas, y beber plácidamente de estas seductoras reproducciones. En el templo de Rodas, por ejemplo, se podía contemplar una copa que, según la leyenda, había hecho elaborar el mismísimo Paris en honor del busto de la bella Helena de Troya.

Lo mismo hizo Enrique II, rey de Francia y perdido enamorado de la bella Diana de Poitiers. Mandó que sus copas de vino tuvieran forma de manzana, la misma exquisita forma que los pechos de la mujer que amaba. 

Los dulces de María Antonieta

Pero sin lugar a dudas el hecho más sonado sobre esta clásica y sugerente tradición, es la de María Antonieta.

Según dice la rumorología, la primera copa de champán fue elaborada en porcelana en el siglo XVIII. Fue ella misma quien encargó el regalo para su esposo, Luis XVI.

Esta copa era más ancha que las normales y de escasa profundidad, muy parecidas a las que usamos hoy en día. 

La verdad es que no tenemos pruebas claras de que esto fuera así, son meras sospechas que han tejido poco a poco esta leyenda. Pero lo que sí es cierto, es que la última reina de Francia con final trágico en la guillotina, fue siempre una apasionada del champán.

Otro detalle verídico es que María Antonieta poseía un juego de tazones modelados en forma de pechos creados para ella y realizados por la fábrica de porcelana francesa de Sèvres. 

Según documentos de la época, sus propios pechos sirvieron de moldes, y son conocidos popularmente con el nombre de “jattes tétons”.






Se trata de unos tazones de curiosa forma, como calabazas blancas suspendidas en unos pequeños trípodes con pequeñas cabras incrustadas. Ya se sabe, la reina francesas siempre tuvo caprichos muy curiosos….


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Bibliografía: http://pedro-mundodebabel.blogspot.com/