Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

El corazón del Desierto Blanco

El corazón del Desierto Blanco
Una experiencia única y fabulosa que pocos han hecho es dormir en una parte del desierto que lo llaman Desierto Blanco, donde se instala un grupo de carpas y se duerme a la intemperie. Imperdible.

En el habitan gran variedad de animales que, con el paso del tiempo, se han ido adaptando a las rígidas condiciones de vida que obedecen a este medio.

El dromedario, más conocido como camello, es el animal mejor adaptado a la sequedad. Lamentablemente, ya no quedan dromedarios salvajes en África. Otros mamíferos comunes del son la hiena, la avestruz y distintos tipos de antílopes.

El Desierto de Egipto abarca el 95% del territorio de esta nación, lo que equivale a una superficie mucho mayor que toda la península Ibérica.

¿Cuántos lugares misteriosos e inexplorados han de esconder una extensión tan enorme de tierra?

¿Son todo dunas de arena solo habitadas por ponzoñosos escorpiones y zorros del desierto? ¿Qué lugares insospechados se ocultan tras estas bastas extensiones de áridos y despoblados territorios?

Sin dudarlo, podemos afirmar que en el desierto egipcio hay lugares de mágica y espectacular belleza. Sitios esculpidos por el viento y las fuerzas de la naturaleza y que rivalizan en majestuosidad con las reconocidas maravillas arquitectónicas de los templos y las pirámides. Uno de esos sitios es el Desierto Blanco.

El corazón del Desierto Blanco 

El reconocido Desierto Blanco (que no suele ser visitado por muchos turistas), está situado en la vertiente occidental del Desierto, la región donde moran los muertos como así lo creían las gentes que ancestralmente poblaron estas tierras.

Está muy cerca del Oasis de Fárfara, a unos 45 Km, así que es normal que existan tours que nos lleven del Cairo a Fárfara haciendo parada obligada en este Desierto de colores y formas maravillosas. Algunos, con más ganas de aventura y de vivenciar la magia del lugar, pernoctan allí mismo en unas tiendas de campaña preparadas para la ocasión por los guías.

¿Por qué lo hacen? Me tienta no contestar a la pregunta y decirles: es algo que hay que vivir y sentir pero como es mi deber dar información les diré que nunca verán un cielo tan limpio y estrellado en sus vidas, al menos que no hayan pasado otras noches en diferentes desiertos de la Tierra (Atacama, Colorado, Gobi, todo el Sahara, Mongolia, etc).

La atmósfera es tan limpia y carente de contaminación que uno puede divisar las nubes que cubren los brazos y el centro de nuestra galaxia, popularmente conocida como la Vía Láctea.

Cuando uno visualiza este espectáculo que nos brinda la naturaleza no pude dejar de creer en la inmensidad de la creación y en nuestra propia pequeñez. ¿Es posible que no haya vida en ese infinito enjambre de estrellas que brillan encima de nosotros? ¡Ey! ¿Hay alguien ahí? Es posible que nadie nos conteste pero por un momento sentiremos que no estamos solos.

El corazón del Desierto Blanco

Pasar un día en este Desierto de formas encantadas es toda una gozada. Para el amante de las ciencias geológicas aquí tiene mucho que observar y aprender.

Para el fotógrafo este lugar le brinda cientos de instantáneas fantásticas. Puede correr el riesgo de agotar todas las tarjetas de memoria, discos duros y agotar las baterías. Para quien disfruta de la naturaleza, del silencio, de la inmensidad y de los elementos este sitio va a hacerle sentir cosas que no vivirá en lugar alguno.

Para el explorador el Desierto Blanco le parecerá como realizar un viaje a otro mundo, con esos paisajes casi marcianos, con esas planicies de “nieve calcárea” extendiéndose hasta donde se pierde el horizonte.

Para la gente con sensibilidad literaria un lugar que inspirará más de un escrito y bellos poemas.

Para el turista será una experiencia diferente a las tradicionales ofertadas por los tour operators y, por supuesto, algo diferente que contar a lo típico de “estuve en las Pirámides de Giza” o “vi el templo de Luxor”.

Poca gente puede decir que ha estado en el Desierto Blanco y… ya que se va sería imperdonable no pernoctar al menos una noche allí.

 El corazón del Desierto Blanco

Existen todo tipo de ofertas para ir al Desierto Blanco, desde las típicas con autobús a las más aventureras que es ir allí en 4×4 o incluso en quads especialmente preparadas para el desierto.

Mi recomendación es que viajemos en un 4×4 que podemos compartir con algunos amigos de viaje. Normalmente estos salen en caravanas formadas por varios jeeps.

La ventaja de este tipo de excursiones es que son algo más libres y se permiten paradas que el autobús difícilmente haga. Incluso se pueden improvisar algunas incursiones fuera de ruta si uno así lo quiere (en Egipto pagando casi todo es posible). 

 El corazón del Desierto Blanco
Templo de Alejandro Magno en Bawiti

Y tenemos algunos sitios interesantes que ver en esta zona. El primero es el Oasis de Bahariya, un lugar fantástico en el que podremos visitar su principal ciudad Bawiti.

En esta pequeña ciudad encontraron los restos de un templo atribuido a Alejandro Magno. Se dice que fue construido por sus tropas en su camino de retorno a Siwa.

Especialmente hermosos es el extenso bosque de palmeras con sus exquisitos dátiles que se extiende alrededor, donde también podemos divisar montañas con forma de pirámides. Aquí los amaneceres y los atardeceres son un espectáculo difícil de olvidar.

Pero los deleites que uno puede disfrutar en este Oasis no se acaban aquí ya que son de reconocida fama sus fuentes y piscinas termales. Será un placer ir de noche  a bañarnos alumbrados por la luz de un cielo intensamente plagado de estrellas, un lujo que poquitos se pueden dar y que es muy recomendable.

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Imagen panorámica de una de las regiones del Desierto Negro
Cerca del Oasis de Bahariya y rumbo al Desierto Blanco es obligado ver a su hermano más pequeño y tenebroso: el Desierto Negro. Se trata de un paisaje salpicado por colinas negras en forma redondeada y cónica que están cubiertas por rocas de ferrita de formación volcánica. Tendremos la tentación de subir a una de estas montañas negras.

Luego toca ver las montañas de Cristal, llamadas así por encontrarse en ellas muchos cristales de cuarzo. Obligado es llevarse alguno de recuerdo aunque la verdad es que este desvalijo acabará con el encanto de este lugar así que no recomendaría llevarme estos hermosos cristales pero muchos sucumbimos a la tentación.

Al abandonar las montañas de Cristal nos dirigiremos a la región de Akabat donde nos introduciremos en un lugar tan increíble que tendremos la sensación de haber sido trasladados a otro mundo, un mundo mágico, lleno de extrañas formas que recuerdan criaturas fosilizadas en medio de un paisaje donde imperan los ocres, los blancos y los negros recortados bajo el insondable horizonte azul del cielo. Es una zona inmensa con infinidad de rincones hermosos.

Es increíble que uno pueda imaginarse tanta belleza en una zona desértica donde no espera encontrar casi nada.

El corazón del Desierto Blanco

Todavía necesitaremos de una o dos horas en jeep hasta llegar al corazón del Desierto Blanco donde es obligado parar e incluso pernoctar.

Cuando comienza a caer el Sol bajo el horizonte occidental podemos observar como este desierto cubierto de una fina capa que semeja la nieve, va cambiando de tonalidades de color hasta quedar teñido de un espléndido color rosado.

Ver como poco a poco anochece, arropado por la tranquilidad del lugar es una vivencia que merece la pena.

El corazón del Desierto Blanco 

Dicen los entendidos en materias geológicas que este lugar, hace unos cuantos miles de años atrás, era un mar y que toda esa fina capa blanca que observamos en este lugar es el resultado de la trituración de millonadas de fósiles marinos.

Mi parecer es que en esta zona tan tranquila hoy, debió de ser en el pasado un lugar en donde aconteció una formidable catástrofe natural, lo delata el hecho de que haya grandes restos de lava por toda esta región y de movimientos espectaculares de las aguas que en su tiempo descansaron en los lechos de estas tierras formando un gran conjunto de lagos.

De aquí al siguiente Oasis, el de Farafra, apenas hay una cincuentena de kilómetros.

Es obligado ir allí como fin de recorrido o, tal vez como comienzo de una nueva ruta hacia horizontes desconocidos.


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