El tabaco ,salud ,enfermedad y tradición

El tabaco ,salud ,enfermedad y tradiciónLos indios americanos hacen múltiple uso del tabaco: además de fumarlo, lo comen, mascan, aspiran, lamen y beben.

Ejemplos de ello son los aracunas del Brasil, una etnia fuerte y vigorosa que no sólo fuma la hoja sino que la ingiere como parte de su dieta alimentaria.

En Colombia, los huitotos consumen zumo de tabaco mezclado con jugo de yuca, lo fuman solo o envuelto en hojas de plátano, secas, y en ceremonias que llegan a durar toda una noche, lo lamen preparado con agua y ceniza en un mate.

Los siones lo fuman y lamen o beben en extracto muy espeso, al que añaden varios tipos de cenizas vegetales; los kogi, ika y sanka preparan una pasta concentrada, que se aplican en los dientes y encías, y entre otros, los tucanos del Vaups fuman grandes puros envueltos en diversas hojas, como plátano o maíz, e incluso en corteza de árboles; los paeces lo aplican machacado para detener las hemorragias.



Las pastas y zumos de tabaco son altamente concentrados y producen una fuerte reacción en quienes lo consumen, como atontamiento, disminución de la temperatura corporal y sudoraciones.

La tradición de emplear el tabaco como planta medicinal ha estado muy extendida en América desde tiempos remotos.

Los aztecas mezclaban la hoja con cal, abrían los tumores en forma de cruz y aplicaban esa mezcla a las "postemas y nacidos".
También lo usaban como antídoto del veneno de serpiente: luego de chupar en el lugar de la mordida, aplicaban calor y tabaco molido.

Las mujeres embarazadas ponían en su seno hojas de picietl o tabaco para librar a sus hijos de enfermedades.

Los mayas de Guatemala utilizaban las hojas de tabaco para cicatrizar sus heridas. Esta costumbre de curar con hojas de tabaco fue luego adoptada por los europeos.

En el siglo XVI, los supuestos conocimientos de sus propiedades medicinales, adquiridos entre los indios peruanos por el fraile canario Carmona, convirtieron al Papa Gregorio XIII en un sincero admirador del tabaco.

Su Santidad había enfermado y ningún médico de Europa le daba esperanzas de salvación.

La historia cuenta que Carmona lo curaba aplicándole la referida planta. Durante el reinado de Juan III, en ese mismo siglo, el tabaco fue empleado en Portugal contra la sarna, dolores de muelas, jaquecas, en lavados y como cicatrizante.

Existe una amplia bibliografía en relación con el tabaco y la medicina, por lo que só1o haremos mención de algunas obras relacionadas con le tema.

Nicolás Monardes, sevillano nacido en 1512, considerado el autor del primer libro sobre esta planta, divulgó "las grandes virtudes y maravillosos efectos de la yerba de tabaco".

La primera parte de su obra fue publicada en 1665 y después, completa, en 1754 con el titulo Primera y segunda y tercera parte de la historia medicinal y de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven como medicina.

Bernabé Cobo (1572-1659), jesuita español autor de la Historia del Nuevo Mundo, senaló que el tabaco era usado "para curar infinitas enfermedades, aplicado en hoja verde y seca; en polvo, en humo, en cocimiento y de otras maneras".

En el propio siglo XVI, la gustada hoja fue llevada a Francia desde tierras portuguesas por Jean Nicot, quien la obsequió a su reina Catalina de Médicis. Ella acostumbraba consumirla en polvos para aliviar sus jaquecas e incluso un paje real fue curado de noli me tangere, graves ulceraciones de la piel.

Así, entre los diversos nombres con que el tabaco fue conocido en ese país, estaba el de "hierba de la reina". Sobre este asunto escribió Francesco Montani en su Lettera Sopra il Tabacco:

De la Florida llegó esta planta a Lisboa y fue sembrada en los jardines del rey, donde paseándose un día José Nicotin, embajador del rey de Francia, el guardián le dio un gajo que Nicotin planto en su casa y obtuvo pronto que se multiplicara. Movido por no se qué curiosidad de empírico, experimentó sobre un cáncer y habiendo tenido un primer buen resultado, ensayó con ocho o diez más con admirable efecto de curación.

Pasó a aplicar entonces el jugo y la pasta de esta yerba sobre úlceras de toda clase, heridas, escrófulas, fístulas, y para todo encontró ser específico infalible.

La casa de Nicotin se convirtió en el lugar más concurrido. Llegaban gentes de todas partes en busca de que los curara este ministro, por lo cual se vino a llamar al tabaco la yerba del embajador...

Tanto la Nicotiana rustica como la Nicotiana tabacum son originarios de América, y allí las conoció el hombre hace aproximadamente dieciocho mil años.

Expertos en genética vegetal han determinado que el centro del origen del tabaco, el lugar donde se cultivó por primera vez, se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador.

Los primeros cultivos debieron tener lugar entre cinco mil y tres mil años a.C. Posteriormente el consumo se extendió hacia el norte.

Cuando se descubre América, el consumo estaba extendido por todo el continente. Fumar (inhalar y exhalar el humo del tabaco) era una de las muchas variedades de consumo en América del Sur.

Además de fumarse, el tabaco se aspiraba por la nariz, se masticaba, se comía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos y se usaba en enemas.

Se usaba en ritos como soplarlo sobre el rostro de guerreros antes de la lucha, se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses, se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual, y tanto hombres como mujeres lo utilizaba como narcótico.

Usada por los mayas para celebraciones rituales y religiosas, fue descubierta por los occidentales en 1492. El Tabaco es un apellido de origen chino, que significa "podrido".

Otras versiones tomadas de cronistas españoles proponen que "tabaco" proviene de la castellanización del lugar donde la planta fue descubierta, ya sea Tobago, una isla antillana, o la localidad mexicana de Tabasco.

Sin embargo, lo más verosímil es que proceda del árabe "tabbaq", nombre que se aplicaba en Europa desde al menos el siglo XV a diversas plantas medicinales.

La variedad maya conocida como Cikar (fumar), se extendió por todo el continente gracias al comercio. Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, compañeros de Cristóbal Colón, fueron los primeros occidentales en conocer su existencia. Rodrigo, a su vuelta a España, fue encarcelado por la Inquisición acusado de brujería, ya que sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca.

Por orden de Felipe II, Hernández de Boncalo, cronista e historiador de las Indias, fue quien trajo las primeras semillas de tabaco que llegaron a Europa en 1559.

Estas semillas fueron plantadas en tierras situadas alrededor de Toledo, en una zona llamada los cigarrales porque solían ser invadidas por plagas de cigarras.

Allí se inició el cultivo de tabaco en Europa y, por este motivo, algunos historiadores sostienen que el nombre de cigarro proviene de esta circunstancia.

La primera obra escrita en la que se relata la forma nativa de aspirar el humo provenientes de rollos de hojas encendidas es Apologética historia de las Indias de Bartolomé de las Casas (1527).

Posteriormente Gonzalo de Oviedo y Velázquez, en la Historia General de las Indias, describe la planta y sus usos (1535).

Su extensión por el continente europeo fue gracias al embajador francés en Portugal Jean Nicot de Villemain 1530 - 1600, en su honor Linneo introduce la denominación de nicotina en su clasificación de Botánica.

Este lo introdujo en su forma aspirada (rapé) y la popularizó al, supuestamente, «curar» a Catalina de Médicis (esposa de Enrique II) de unas migrañas, por lo que se le denominó hierba de la reina, Catalinaria Nuduca y hierba del embajador.

De Nicot se derivó el nombre científico de la planta: Nicotiana tabacum.

El uso del tabaco en la farmacopea contribuyó a extender su fama por todo el mundo. Robert Cudell refiere en Das Buch vom Tabak que, a fines del siglo XVI, se usaba en forma de pinturas, cosméticos, píldoras, polvos, siropes, lavados, ungüentos y otros productos y también para curar cólicos intestinales, erupciones cutáneas, fracturas óseas, en el tratamiento de la epilepsia, el asma y la peste.

Johann Neander, médico alemán, publicó en 1626 el libro Tabacología o descripción del tabaco o nicoteana desde los puntos de vista médico quirúrgico y farmacológico: su aplicación practica contra todas las enfermedades del cuerpo y enumeración de las distintas clases de tabaco y sus correspondientes aplicaciones.

Una ordenanza parisina de 1635 rezaba: "Queda prohibido a toda persona distinta de los farmaceutas vender tabaco".

Esteban Pichardo, eminente geógrafo cubano, se refirió en 1836 a los aspectos curativos del tabaco. En su Diccionario provincial de voces cubanas expresó:

El Tabaco o mejor dicho, el Cojiba, extendido su use ya universalmente, no solo es un goce que quieren disfrutar todos los sentidos, porque el Español y el Francés le sorben por la nariz, el Holandés, lnglés y Angloamericano le mascan; el Turco le quema en su pipa; el Africano, el infeliz esclavo encuentra algún solaz en su Cachimbo, y todos le fuman; sino es además eficacísimo remedio singularmente para el pasmo o tétano tan frecuente en estos climas, ya en frotaciones; baños o lavativas ya preparado.

Nuestro Héroe Nacional José Martí, en su articulo "El tabaco", publicado en junio de 1884 por La América, de New York, divulgó algunas anéctodas sobre las propiedades medicinales de esta planta, relatadas por el general norteamericano Chingman, de Nueva Carolina. Este militar fue herido de un balazo en una pierna, bajo la rodilla, y al aplicarse hojas de tabaco, curó.

En otra ocasión, durante un ataque de ciática, "se puso hojas de tabaco húmedas sobre la cadera, y desapareció el dolor".

Añade Martí: Lo primero que vio hace cincuenta años, fue cómo un compañero curaba con jugo de tabaco los ojos infamados de su caballo de labor; y luego, en tierras donde se padece mucho de irritación de los parpados, ha visto que se curaba la gente de ella, con extraña facilidad, con solo dormir una noche a veces, con los párpados cubiertos por una hoja de tabaco húmeda.

Los lapones de Suecia aplican la ceniza del tabaco como tónico para evitar la calvicie y restituir el cabello perdido. En Holanda, hace pocos años, las hojas de tabaco se usaron para aliviar los dolores de muela.

Finalmente, cerremos este acápite con la opinión del sabio botánico cubano Juan Tomas Roig, quien en su Diccionario (...) expuso del tabaco que es "planta medicinal: es narcótico, purgante y antiparásito. Se le emplea comúnmente como insecticida, en decocción.

Su principio activo es la nicotina, que se emplea como antitetánico y contra la.paralisis de la vejiga, a la dosis de 1 a 10 gotas. También se usa en inyecciones".

El tabaco cimarrón (Nicotiana glauca Graham), planta silvestre localizada fundamentalmente en las costas, se utiliza aun con fines medicinales por algunos de nuestros campesinos.

Sus hojas, en decocción, las emplean contra las hemorroides; en cataplasmas, para aliviar los dolores reumáticos; y untadas con saliva, para sanar llagas, inflamaciones o quemaduras

El primer europeo que probó la deliciosa hoja fue aquel mismo Rodrigo de Xerez que vio a los indios cubanos fumando por los caminos del cacicazgo de Maniabón.

De vuelta a su tierra natal de Ayamonte, según cuenta C. Corti, fue sorprendido en su casa echando humo por la boca, escena singularísima en la España feudal. Confundido con un poceso del demonio, el Santo Oficio lo envió a purgar su "pecado" en una mazmorra.

Liberado años después, Rodrigo vio cómo muchos vecinos de Ayamonte ya fumaban la "hoja endemoniada".

Inquisición, anatemas y bulas contra los fumadores

El primer europeo que probó la deliciosa hoja fue aquel mismo Rodrigo de Xerez que vio a los indios cubanos fumando por los caminos del cacicazgo de Maniabón.

De vuelta a su tierra natal de Ayamonte, según cuenta C. Corti, fue sorprendido en su casa echando humo por la boca, escena singularísima en la España feudal.

Confundido con un poceso del demonio, el Santo Oficio lo envió a purgar su "pecado" en una mazmorra. Liberado años después, Rodrigo vio cómo muchos vecinos de Ayamonte ya fumaban la "hoja endemoniada".

En Real Cédula del 16 de septiembre de 1586, Felipe II se hizo eco de las supersticiones que recaían sobre la "maldad intrínseca" de la hoja al imponer penas de azotamiento y destierro a los cultivadores y expendedores, y ordenar que "fuera públicamente quemada como hierba perjudicial y dañosa".

Reyes, papas y sacerdotes de Cristo y de Mahoma se opusieron a que el tabaco conquistase el gusto de sus súbditos y fieles.

El sha Abbas-Soft de Persia, quien comenzó a reinar en 1590, condenó a muerte a todo el que usase del tabaco en cualesquiera de sus formas.

El anatema contra el tabaco suscrito por el rey inglés Jacobo I en 1604, destila ese tradicional eurocentrismo para el cual todo lo que procedía de las colonias ultramarinas era despreciable Leamos:

Porque siendo esa planta una yerba común, que, aunque bajo diversos nombres, crece casi dondequiera, fue primeramente descubierta y utilizada por algunos bárbaros indios a guisa de preservativo o antídoto contra las bubas, asquerosa enfermedad a la que esos salvajes están, como todos sabemos, muy expuestos, debido a la sucia y tostada constitución de sus cuerpos y al excesivo calor de su clima.

De modo que cuando tales gentes fueron traídas por vez primera a la cristiandad, junto con ellas vino esa en extremo detestable dolencia acompañada del habito del tabaco, a modo este de pestífero y amargo contraveneno para tan execrable y putridomal y de hedionda fumigación, todavía en use por las mismas contra aquel, cual si de ese modo pretendiesen con un tosigo acabar con otro su igual.

En Japón, como en otros países, se prohibió el tabaco. En 1607, el shogun de Tokugawa, condenó a los fumadores, entre otras penas, a sufrir la confiscación de sus bienes y cincuenta días de prisión.

Los jerarcas mahometanos no tardaron en proclamar que, tanto el uso del tabaco como del café, eran contrarios a su libro sagrado, el Coran, y que a los practicantes de tales deleites debía cercenárseles la cabeza.

Amurates, sultán de Turquía, que comenzó su reinado en 1622, sancionaba a los fumadores cortándoles la nariz y las orejas.

El Papa Urbano VIII dictó en 1624 una hula donde exponía textualmente:

No hace mucho que se nos ha informado que la mala costumbre de tomar por la boca y las narices la yerba vulgarmente denominada tabaco, se halla totalmente extendida en muchas diócesis, al extremo que las personas de ambos sexos, y aun hasta los sacerdotes, y los clérigos, tanto los seculares como los regulares, olvidándose del decoro propio de su rango, la toman en todas partes y principalmente en los templos de la villa y diócesis de Hispale (Sevilla).

Sin avergonzarse, durante la celebración del muy santo sacrificio de la misa, ensuciándose las vestiduras sagradas con los repugnantes humores que el tabaco provoca, infestando los templos con un olor repelente -- con gran escándalo de sus hermanos que perseveran en el bien --, y aparentando no temer en nada la irreverencia de las cosas santas.

Al final, sentenció el Papa:

...por medio de la presente, pongamos en entredicho y prohibamos en consecuencia, a todos en general y a cada uno en particular, a las personas de uno y otro sexo, a los seculares, a los eclesiásticos, a todas las órdenes religiosas y a cuantos formen parte de una institución cualquiera de esa naturaleza, el tomar tabaco bajo los pórticos y en el interior de las iglesias, ya sea mascándolo, fumándolo en pipa o aspirándolo en polvo por la nariz; en fin, usarlo en cualesquiera formas que sean.

Si alguno contraviniese estas disposiciones será excomulgado inmediatamente, ipso facto, sin más ni menos, de acuerdo con los términos del presente interdicto.

En la España de 1635, Fray Tomás Ramón se opuso al uso del tabaco invocando el nombre de Dios, rechazo que se mantuvo con altas y bajas hasta 1725.

En 1645, el zar ruso Alexis ordenó deportar hacia las frías tierras de Siberia a todo fumador, y después dictó otro decreto imponiendo la tortura y aún la muerte.

La tabacofobia de los autócratas rusos terminó cuando Pedro el Grande, aficionado al consumo de la hoja durante su viaje a Inglaterra, legalizó el hábito de fumar y además dispuso aprovecharlo en beneficio del tesoro zarista. Desde 1697 la monarquía rusa instauró el monopolio del tabaco en Siberia.

En nada frenó la expansión del hábito de fumar la terminante orden de Oliverio Cromwell a sus tropas, de arrancar las plantas de tabaco y castigar implacablemente a los fumadores. Hasta 1921 se redactaron leyes contra los fumadores.

El estado norteamericano de Kansas aprobó una que derogaría después porque, como en siglos anteriores, la gente no le hizo caso. En el Estado de Illinois sucedió lo mismo.

La otra cara del tabaco... el cigarro

 El tabaco ,salud ,enfermedad y tradición

El tabaco, junto con el alcohol, es un potente agente cancerígeno que sega la vida de millones de personas cada año. No es para nada ninguna exageración, pues la comunidad científica no puede tener una posición más clara sobre el papel que ejerce el tabaco en nuestra salud. Fumar es quitarse años de vida, así de simple.

Sabemos que el tabaco es el responsable de la gran mayoría de los casos de cáncer de pulmón. Además, también hemos encontrado asociaciones con el cáncer de laringe, de esófago, la enfermedad pulmonar crónica (esta enfermedad y el tabaco están estrechamente relacionados) y la trombosis. 
Este último cuadro puede producir que se obstruya la circulación sanguínea en territorios clave como el cerebro o el corazón siendo fulminante en ciertas ocasiones.

Cada vez conocemos mejor los efectos que tiene el tabaco en nuestra salud. Conforme pasan los años, vamos descubriendo nuevas relaciones entre el tabaco y otras enfermedades insospechadas hasta el momento.

Ahora, un gran estudio científico que ha sido publicado en la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine ha concluido que la adicción a la nicotina mata a más personas de lo que creíamos como consecuencia de nuevas enfermedades que no habíamos asociado al tabaco.
Las nuevas enfermedades producidas por el tabaco

En este estudio, se han seguido a un total de 421.738 personas (una muestra bastante grande) mayores de 55 años durante 11 años en EEUU. 
Los resultados del estudio, además de confirmar la tremenda letalidad del tabaco, han revelado que debemos tener en cuenta otras enfermedades relacionadas con la adicción a la nicotina.

La aterosclerosis (el endurecimiento de las arterias), el aneurisma de aorta (la debilitación de la aorta por su dilatación), las infecciones, la hipertensión arterial, la miocardiopatía hipertensiva, la cirrosis y el cáncer de mama se están considerando seriamente como las nuevas enfermedades relacionadas con el tabaco. Como podéis ver, el tabaco no da tregua alguna.

El tabaco mata más de lo que creíamos

Con este hallazgo, el número de víctimas que deja el tabaco aumenta considerablemente; es decir, mata más de lo que creíamos. De confirmarse estos resultados, es posible que para el año 2020 las 5 causas más importantes de muerte en el mundo sean debidas al consumo de tabaco. Por tanto, el panorama que nos espera es bastante desolador en este aspecto.

Todas estas enfermedades que hemos mencionado se podrían prevenir con algo tan simple como dejar de fumar. Con este gesto tan saludable ganaremos valiosos años de vida, así como la calidad de los mismos. Si eres fumador, ya sabes cuál es la mejor medida que puedes adoptar: no fumar.
"Necesitamos algo para que la gente muera"

Informe de 1978 para la industria tabacalera británica. La industria tabacalera de Reino Unido manejó a finales de los setenta la idea de vender que fumar era bueno porque el cáncer reducía el número de personas mayores dependientes

A finales de los setenta, la industria tabacalera estaba en un "momento crítico".

Las evidencias de la relación entre su producto y el cáncer de pulmón eran ya incontestables, y el sector estaba "siendo cuestionado en muchas direcciones". Así lo recoge un informe de la asesoría Campbell-Johnson para la Asociación Británica de Tabacaleras (BAT).

Han pasado 30 años desde entonces, pero parece que algunas de las consideraciones del texto no cayeron en saco roto.

Ante la inminencia de un cambio en la legislación española que endurezca las actuales limitaciones para fumar en público, el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo ha desvelado este estudio.
Seguramente, algunas de sus afirmaciones fueron sólo para consumo interno. Pero eso no les quita interés, aunque ya no se puedan aplicar al pie de la letra.

"El tabaco tiene la función social de limitar el número de personas mayores dependientes que la economía debe mantener".

Esta consideración está contenida en un documento para manejar las relaciones públicas que la industria tabacalera británica encargó a finales de 1978.

El propio autor reconoce que "obviamente" este argumento "no se puede usar públicamente", pero lo desarrolla:

"Con un aumento general de la esperanza de vida, necesitamos algo para que la gente muera. En sustitución de los efectos de la guerra, la pobreza y el hambre, el cáncer, considerado como la enfermedad de los países ricos, desarrollados, tiene un papel que jugar".

Esta idea, considerada un "factor psicológico para continuar el gusto de la gente por fumar como algo placentero, aunque sea un hábito peligroso, no debe ser infravalorado".

En el texto se reconoce el daño que le puede hacer a la industria la asociación del fumar con el cáncer de pulmón. "Este reto médico ha actuado como una bomba nuclear de efecto duradero" para el sector, admite el informe.

Pero aún así, sugiere varias posibilidades para contrarrestar su efecto. Intentar negarlo es "escoger plantear la batalla donde la oposición [al tabaco] es más fuerte", así que habrá que esperar:

"Con algún tremendo avance en lo que sabemos de las causas del cáncer o el descubrimiento de un potente inhibidor oncológico, se puede transformar la controversia sobre tabaco y salud", sugiere. Por eso, "la industria necesita estar preparada ante un repentino avance médico".

La otra posibilidad que sugería el informe era que la presión sobre el tabaco cediera ante la importancia que estaba tomando en aquella época el estudio del cáncer de mama.

En cambio, advertía sobre otro posible frente médico: "El papel del hábito [de fumar] como un importante factor de riesgo cardiaco".

Entonces -recordemos, 1978-, para la industria todavía quedaba una batalla médica que dar: la de los fumadores pasivos, en el "límite de lo creíble".

"Se ha intentado definir como un riesgo sanitario general en lugar de un peligro limitado a ciertos grupos restringidos de población".

También sugieren un posible peligro. Que la demonización del tabaco vaya acompañada de una relajación ante la marihuana, o una asociación entre ambas sustancias. Aunque el tabaco sea una "droga de relajación" que puede ser "una bendición para la humanidad en un mundo estresado", su asociación con la marihuana sería perjudicial.

Si la defensa sanitaria del tabaco ya se daba por perdida en 1978, quedaba la batalla social. "El humo del tabaco tiene una importante capacidad de molestar, y la incapacidad de los fumadores para tener en cuenta la comodidad de los demás es una de las razones importante que ahora se usan para condenar el hábito", indica.

Para combatir esta mala imagen, el documento sugiere varias líneas. "Todavía hay margen para intentar conseguir que el fumar se considere uno de los hábitos que no son cuestionables per se", indica.

Una de las actuaciones es promover un código de conducta entre los fumadores que, si se siguen, "asegurará que no sean acusados por los no fumadores de que asumen arrogantemente el derecho a contaminar el aire a su alrededor".

 "Su tono tiene que ser franco y positivo", y uno de sus objetivos debe ser "restaurar la imagen del fumador como una persona extravertida y sociable, y no el ser el neurótico, apestoso y marginal que pintan los antifumadores".

La otra es la creación -"con la bendición de la industria"- de asociaciones de fumadores. El propio texto reconoce que hacer esto es difícil si se quiere que parezca una organización independiente, pero añade una posible línea de actuación:

 "La protección de la libertad para elegir de todo individuo adulto en cualquier campo (aunque especialmente para fumar)" y "la defensa de los fumadores contra una injusta discriminación o restricción en su disfrute del tabaco".

Este es uno de los motivos por los que grupos científicos como el CNPT acusan a las asociaciones profumadores de trabajar en beneficio de la industria.

Un estudio llevado a cabo por Mark Weiser ha determinado que los hombres jóvenes que fuman son más propensos a puntuar menos en los test de cociente intelectual que los no fumadores.

En el estudio se hizo un seguimiento de jóvenes de entre 18 y 21 años de edad que estaban alistados en el ejército de Israel, constituyendo el estudio más grande sobre este asunto hasta la fecha. Además, esto demostraría una importante conexión entre el número de cigarrillos que fuman los jóvenes y su cociente intelectual (CI).

El promedio de CI de los no fumadores fue de 101, mientras que los fumadores puntuaron un promedio de 94. El CI de los jóvenes que fumaban más de un paquete al día fue aún menor, con un 90 en promedio. Los jóvenes eran todos ellos sanos y no tenían desórdenes mentales.

“Los profesiones relacionados con la salud generalmente creemos que los fumadores son el tipo de gente que crece con dificultades con el vecindario o que van a las peores escuelas” dice Weiser, cuyos hallazgos han sido publicados en la revista Addiction.

 “Pero como nuestro estudio incluye individuos con distintos condicionantes socioeconómicos, podemos descartar al factor socioeconómico como factor importante.

El gobierno debería recapacitar sobre la asignación de recursos educacionales acerca del hábito de fumar.”

Para hacer los resultados más significativos el estudio midió además el efecto sobre los hermanos. En el caso en el que el hermano fumaba encontraron que el hermano no fumador registraba un IC más alto.

Aunque un IC más bajo podría sugerir mayor riesgo de adicción, el cruce de los datos obtenidos entre CI y el hábito de fumar mostró que la mayoría de los fumadores investigados en el estudio tenían un IC dentro del promedio.

El estudio tuvo en cuenta datos de 20.000 varones antes, durante y después de su servicio militar.

Todos estaban en buen estado de salud al ser considerados aptos para el servicio por parte de las autoridades médicas militares. Un 28% fumaba más de un cigarrillo al día, un 3% se autoconsideraban fumadores y un 68% dijeron que nunca habían fumado.

Weiser sostiene que el estudio ilumina una tendencia general en los estudios epidemiológicos. “La gente en el tramo más bajo del CI tiende a mostrar peores habilidades de decisión en promedio respecto a su salud”. Añade que sus hallazgos pueden añadir preocupaciones a los consejeros escolares.

Los niños que tengan un CI más bajo pueden ser considerados en riesgo de adquirir el hábito y pueden ser blancos de una educación especial o de una terapia que evite desde el principio la adquisición de la costumbre de fumar.

La gente con bajo CI no solamente son más susceptibles de fumar, según Weiser, sino que además son más propensos a la obesidad, a trastornos en la nutrición y al abuso de los narcóticos.

Este estudio añadiría pruebas a este campo de investigación en crecimiento y podría ayudar a padres, educadores y profesionales de la salud a ayudar a los jóvenes a tomar mejores decisiones.


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