Caroline y William Herschel

Caroline y William HerschelMúsicos que renovaron la astronomía ... Caroline y William Hersche.

William Herschel nació en Alemania un frío 15 de noviembre de 1738.

Desde su infancia, Herschel vivió en un buen ambiente, con una familia sin demasiados problemas y buena educación.

Su padre, que era músico militar, influyó fuertemente en las aficiones del joven William, que empezó a mostrar un gran interés por los instrumentos musicales.

Siguiendo los pasos de su predecesor, estudió música y adquirió fama como gran intérprete del oboe.

Sin embargo, el trabajo de músico militar al que decidieron consagrarse su padre y su hermano nunca le gustó. William odiaba estar en el campo de batalla y todo lo que ello significaba.

Esta repulsión se agravó aún más cuando presenció, con sólo 19 años, la muerte de 5000 hombres en la batalla de Hastenbeck (un enfrentamiento entre franceses y alemanes durante la guerra de los Siete Años).

Estremecido por los horrores de la guerra, William se trasladó a Inglaterra para poder desarrollar su pasión por la música.

Tras un pequeño período como profesor, llegó a convertirse en el director y organista de la orquesta de Bath. Allí, junto con su querida hermana Caroline colaborando con él como cantante soprano, triunfó como uno de los artistas con más futuro de Inglaterra.

Sin embargo, por azares de la historia, todo cambió radicalmente. Una noche, mientras los dos hermanos descansaban después de un duro día de trabajo, empezaron a observar el cielo.

La belleza de las estrellas debió de dejarlos encandilados, porque desde entonces nada volvió a ser igual. William se compró un viejo libro llamado "La Astronomía", dejando la música cada vez más a un lado.

Fascinados por el universo, pero sin dinero para comprar los telescopios que usaban los astrónomos, William y Caroline decidieron hacer una apuesta arriesgada: Iban a construir sus propios telescopios.

El objetivo era difícil, pero los hermanos Herschel no se iban a rendir. Tras un año de intenso trabajo, consiguieron crear uno de los telescopios más precisos de la época, superando ampliamente a algunos usados por los profesionales.

¿Cuál era el secreto de su telescopio? La clave es bien sencilla: A diferencia que el resto de astrónomos, que estaban empeñados en usar telescopios refractores (es decir, los que se basan en un sistema de lentes), los hermanos Herschel perfeccionaron el modelo de los telescopios reflectores (que se basan en espejos en vez de lentes).

El uso de un telescopio reflector aumentaba enormemente la calidad de las imágenes que se observaban a través de él, y evitan muchísimos problemas de visión que sí presentaban los telescopios refractores.

Gracias a los enormes conocimientos de matemáticas que tenía Caroline y a la técnica de William a la hora de pulir los espejos, enseguida consiguieron crear unos telescopios magníficos.  

Por fin podían partir en la búsqueda del conocimiento del cosmos que tanto habían admirado durante los últimos años.

Y, realmente, la fortuna les favoreció. El 13 de marzo de 1781, William observó en el firmamento.

Siguiendo los pasos de su predecesor, estudió música y adquirió fama como gran intérprete del oboe.

Sin embargo, el trabajo de músico militar al que decidieron consagrarse su padre y su hermano nunca le gustó. William odiaba estar en el campo de batalla y todo lo que ello significaba.

Esta repulsión se agravó aún más cuando presenció, con sólo 19 años, la muerte de 5000 hombres en la batalla de Hastenbeck (un enfrentamiento entre franceses y alemanes durante la guerra de los Siete Años).

Estremecido por los horrores de la guerra, William se trasladó a Inglaterra para poder desarrollar su pasión por la música. Tras un pequeño período como profesor, llegó a convertirse en el director y organista de la orquesta de Bath.

Allí, junto con su querida hermana Caroline colaborando con él como cantante soprano, triunfó como uno de los artistas con más futuro de Inglaterra.

Sin embargo, por azares de la historia, todo cambió radicalmente. Una noche, mientras los dos hermanos descansaban después de un duro día de trabajo, empezaron a observar el cielo.

La belleza de las estrellas debió de dejarlos encandilados, porque desde entonces nada volvió a ser igual. William se compró un viejo libro llamado "La Astronomía", dejando la música cada vez más a un lado.

Fascinados por el universo, pero sin dinero para comprar los telescopios que usaban los astrónomos, William y Caroline decidieron hacer una apuesta arriesgada: Iban a construir sus propios telescopios.

El objetivo era difícil, pero los hermanos Herschel no se iban a rendir. Tras un año de intenso trabajo, consiguieron crear uno de los telescopios más precisos de la época, superando ampliamente a algunos usados por los profesionales. ¿Cuál era el secreto de su telescopio?

La clave es bien sencilla: A diferencia que el resto de astrónomos, que estaban empeñados en usar telescopios refractores (es decir, los que se basan en un sistema de lentes), los hermanos Herschel perfeccionaron el modelo de los telescopios reflectores (que se basan en espejos en vez de lentes).

El uso de un telescopio reflector aumentaba enormemente la calidad de las imágenes que se observaban a través de él, y evitan muchísimos problemas de visión que sí presentaban los telescopios refractores.

Gracias a los enormes conocimientos de matemáticas que tenía Caroline y a la técnica de William a la hora de pulir los espejos, enseguida consiguieron crear unos telescopios magníficos. Por fin podían partir en la búsqueda del conocimiento del cosmos que tanto habían admirado durante los últimos años.

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Un extraño objeto que desconocía. En un principio, pensó que era una estrella, ya que desprendía un brillo color amarillento. Sin embargo, hizo otro descubrimiento: Aquella supuesta estrella parecía tener un sistema de anillos.

Entonces, cambió su opinión y emitió una nueva hipótesis: Aquello debía de ser un cometa, y esos extraños anillos serían la cola.

Pero no fue así. Tras muchas observaciones, se dio cuenta de que su lento movimiento y algunos de sus comportamientos físicos no se correspondían con los de un cometa. ¿Qué podía ser aquél misterioso astro?

Tras muchas reflexiones, William llegó a una conclusión mucho más satisfactoria: Aquello era en realidad un planeta. Y, en efecto, así fue.

Resulta que aquella noche de marzo William había descubierto el séptimo planeta del Sistema Solar, Urano.

Tras presentar sus hipótesis a algunos astrónomos, toda la comunidad científica acabó dándole la razón, aquello era verdaderamente un nuevo planeta.

Una de las anécdotas más curiosas de este descubrimiento fue el problema con el nombre del planeta. En un principio, dado que el privilegio de darle el nombre al planeta recayó en su descubridor, William decidió llamarlo Georgius Sidus ("Planeta Jorge"). La decisión de este nombre fue una especie de regalo hacia el rey Jorge III de Inglaterra, que había perdido las colonias norteamericanas a causa de la independencia de EEUU.

Sin embargo, no todo el mundo estuvo de acuerdo con esta idea. Por ejemplo, el astrónomo Johann Elert Bode se sintió indignado con la poca rigurosidad con la que William había elegido el nombre.

Según él, debería de tener un nombre mitológico, al igual que con otros planetas como Marte, Júpiter o Saturno. Por otro lado, el astrónomo Joseph Lalande dijo que el nombre del planeta debía de ser el mismo que el de su descubridor, Herschel.

Sea como sea, el nombre de "Planeta Jorge" se mantuvo durante buena parte del siglo XVIII y XIX, hasta que finalmente se acabó aceptando la idea de Bode y se designó con el nombre mitológico que todos conocemos: Urano.

Tras el descubrimiento del nuevo planeta, la vida de William se enfocó completamente hacia la astronomía, abandonando la música como trabajo.

El rey Jorge le concedió los más altos honores (algo normal, teniendo en cuenta que William le había puesto su nombre al descubrimiento) y lo nombró miembro de la Real Sociedad de Ciencias y Astrónomo Real de la Corte.

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Una muestra de su cada vez mayor dedicación a la astronomía fue la construcción de un enorme telescopio que le llevó dos años de incesante trabajo.

Con una apertura de 1'2 metros, fue considerado el mayor telescopio del mundo durante 50 años.

Por supuesto, si Herschel había invertido tanto en la construcción de este gigante no era para tenerlo de adorno:

La primera vez que lo apunto al cielo ya obtuvo sus primeros resultados. Tras unas pocas pruebas para ver cómo funcionaba, se puso a investigar el firmamento y, en cuestión de unos pocos minutos, hizo un descubrimiento magnífico: 

Había encontrado la sexta luna de Saturno, Encélado (un satélite que, a día de hoy, está dando mucho que hablar por sus maravillosas características).

Y eso no fue todo. Sólo 20 días después de descubrir Encélado, descubrió la séptima luna de Saturno, Mimas. ¡Sólo 20 días entre ambos descubrimientos, es impresionante! Sin duda, la calidad técnica del aparato debía de ser abrumadora.

Uno de los aspectos de la astronomía que más afición despertó en Herschel fue el estudio de los conocidos como objetos del espacio profundo, es decir, nebulosas y cúmulos situados más allá del Sistema Solar.

Su afán por desentrañar los secretos del espacio le llevó a trabajar de una forma frenética (preparaos para la cifra): En menos de dos décadas descubrió alrededor de 2.514 nuevos objetos de espacio profundo.

Sin duda, sus telescopios y su habilidad combinados fueron los factores que provocaron esos rápidos descubrimientos.

Pero su historial no acaba ahí: También estudió el movimiento del Sol e incluso desarrolló un modelo de la Vía Láctea muy bien encaminado (aunque con algunos errores inevitables en aquella época).

E incluso el campo de la física se ha beneficiado de la prolífica vida de Herschel: Usando un espectro de luz obtenido a través de un prisma de cristal y un termómetro, consiguió descubrir los rayos infrarrojos.

Finalmente, William Herschel murió a la edad de 84 años, dejando tras de sí una estela de enormes aportes a la ciencia.

Caroline y William Herschel 6Pero no debemos olvidar a la otra gran protagonista de este historia:  

Su hermana Caroline. A pesar de ser mucho menos famosa y de haber sido tapada por la sombra de William, fue un factor indispensable en las investigaciones de su hermano.

De hecho, William siempre decía que ella era una de las personas que más le había ayudado nunca, y que se merecía ganar un puesto en la historia.

De hecho, muchas veces se le considera como la primera astrónoma profesional. Además de sus importantes colaboraciones con William, llevó una fértil vida científica:

Descubrió ocho cometas, tres nebulosas e hizo catálogos de todos los objetos astronómicos que iba encontrando.

Tanto el rey Federico-Guillermo IV como Jorge III de Inglaterra le otorgaron diversos honores, algo bastante extraordinario en aquella época, llegando a ser una mujer pionera en muchísimos logros, como por ejemplo la obtención de la medalla de oro de la Royal Astronomical Society.

Ambos hermanos, que podrían haber pasado como grandes músicos a los ojos de la historia, acabaron convirtiéndose en dos de los más importantes astrónomos de su época.

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