Estrategias de caza de los Neandertales

Estrategias de caza de los Neandertales Las estrategias de caza de los Neandertales.

Vuelvo con este post a las revisiones de artículos, en las que presento trabajos que me parecen interesantes para comprender mejor la vida de los Neandertales.

Esta vez, hago análisis a  un estudio arqueozoológico, publicado por Willian Rendu.

En ese trabajo, el autor analiza los comportamientos de caza de los Neandertales, a partir del estudio de los restos de sus presas.

La arqueozoología, esa gran desconocida (lamentablemente)

Antes de entrar en el meollo, permitidme una -no tan breve- disgresión sobre la arqueozoología.

Esta disciplina (o técnica, o sub-disciplina, etc, según quien la nombre) constituye, en mi opinión, uno de los recursos más valiosos, y a la vez desconocidos y minusvalorados, para el estudio de las sociedades de cazadores-recolectores.

Y, por tanto, para avanzar en la comprensión de las sociedades humanas del Paleolítico.

Es cierto que otros aspectos del registro arqueológico (como la industria en piedra, o en otras materias) y paleoantropológico (los propios restos humanos) son de gran interés, y sirven para reconstruir partes importantes de la experiencia humana en el pasado.

Pero el enfoque centrado en esas evidencias a menudo olvida o minusvalora (históricamente ha sido así) los restos estudiados por los arqueozoologos.

Me refiero a los restos de fauna, que provienen de animales que entraron en la órbita de las sociedades humanas de la Prehistoria (normalmente, como presas consumidas).

Para el Paleolítico, y para las sociedades de cazadores-recolectores en general, las presas de la caza están en la base natural de la organización económica.

La gestión de lo económico (subsistencia, producción, gestión de recursos), a su vez condiciona e interacciona con la organización social. Y, probablemente -como sugiere el arte rupestre- la caza también estuvo en el centro de la cosmovisión y los valores de las sociedades paleolíticas.

Además, la caza no es sólo alimentación. La evidencia arqueológica señala que, junto con la carne y la grasa, los animales abatidos proporcionan materia prima para el utillaje (hueso, diente o asta) al menos desde el Musteriense (la cultura material asociada a los Neandertales europeos).

También se trabaja la piel animal (de nuevo, desde el Musteriense como mínimo) para la confección de abrigos y refugios.

Y, por último, hay otros usos probables, pero que no dejan evidencias en los registros arqueológicos de esa antiguedad:

Por ejemplo, el uso de tendones y tripas (para realizar atados y sujecciones varias), o el recurso a la grasa medular con fines no alimenticios: bien como aislante corporal, o bien como combustible, para la iluminación artificial.

Si dejamos por un momento de pensar en lo que aporta la caza, y pasamos a valorar lo que requiere, esa actividad se revela como un criterio central en la organización de la movilidad de los grupos, y en la gestión del territorio.

Desde luego, no es el único aspecto importante, ya que la recolección de otros recursos (líticos, vegetales) y las necesidades puramente sociales (interacciones familiares, clánicas, tribales...) también influyen en la organización de la movilidad.

Pero no cabe duda de que, a pesar de ello, la caza sigue siendo un elemento decisivo.

La etnografía de cazadores-recolectores actuales y sub-actuales muestra cómo -a menudo- las necesidades de la caza (entendida como obtención de recursos animales) determinan cómo se organiza el trabajo en esas sociedades.

Esto es particularmente cierto en las poblaciones árticas y sub-árticas: La caza condiciona el tamaño de los grupos, cómo se unen o se separan en agrupaciones más pequeñas a lo largo del año, cuantos kilómetros se desplazan y qué territorios cubren, etc.

Para ir cerrando esta disgresión sobre la arqueozoología, quiero insistir en que el estudio de los restos óseos de los animales tiene un enorme potencial explicativo.

Según mi criterio, hacen falta más especialistas y más trabajos arqueozoológicos, como el artículo que nos ocupa.

Sin embargo, reconozco esta no es un petición sencilla de satisfacer: un buen arqueozoólogo debe tener amplios conocimientos de paleontología, biología/etología y antropología/arqueología, como mínimo, para hacer bien su trabajo.

Es difícil conseguir especialistas con conocimientos tan variados y, a la vez, tan especializados, pero.... ¡por pedir que no quede!

Comportamiento, cultura material y Neandertales en el suroeste de Francia

El trabajo de W. Rendu estudia los comportamientos de los grupos neandertales que habitaron en el abrigo rocoso de Pech-de-l'Azé I.

Ese yacimiento forma parte de un conjunto de cavidades con depósitos arqueológicos, que están situados en dicha localidad del suroeste de Francia.

Los abrigos (I a IV) son conocidos desde finales del siglo XIX y han sido excavados en varias ocasiones.

En concreto, el abrigo de Pech-de-l'Azé I ha sido re-excavado en un reciente proyecto de investigación sobre el Musteriense de esa región, dirigido por Marie Soressi. El trabajo de William Rendu aprovecha los resultados de dicha excavación.

Gracias a una metodología más desarrollada y cuidadosa que la utilizada en las intervenciones antiguas, la excavación de Soressi permitió una recogida exhaustiva de todos los restos de fauna.

El estudio de esos restos, junto con todas las evidencias conservadas de excavaciones anteriores, ha permitido al autor estudiar los comportamientos de los Neandertales en relación a la caza y consumo de animales.

En este punto, mencionaré que los trabajos de Soressi en la zona donde se sitúa Pech-de-l'Azé son de gran interés para estudiar el cambio histórico en las sociedades Neandertales.

En concreto, y para esa región, la investigadora propone una evolución en la organización económica en la parte final del Musteriense (Soressi, 2002).

Dicho cambio se refleja en el registro, en el paso de un Musteriense de Tradición Achelense (MTA) Tipo A, al llamado Musteriense de Tradición Achelense Tipo B.

Se trata de dos sistemas de organización de la industria lítica, que están dentro de las mismas tradiciones técnicas pero presentan diferencias significativas.

En concreto, el MTA Tipo A se distingue por la producción de abundantes bifaces, muy estandarizados en su forma y dimensiones. En Pech-de-L'azé I esa "facies" aparece en el nivel 4, el más antiguo de los estratos con ocupación humana.

Además de los bifaces, hay otros rasgos interesantes: En las materias primas líticas conviven materiales importados y locales; y se aportan y utilizan abundantes pigmentos minerales (manganesos).

En cuanto al MTA Tipo B, supone una reducción importante en el número de bifaces, que pasan a ser un tema menor en la industria de piedra.

Además, las materias primas pasan a ser de origen más bien local, con menos materiales importados.

En Pech-de-l'Azé I esta "facies" aparece en los niveles 6 y 7 (que son los otros dos estratos con presencia neandertal). En esos niveles se documentan los rasgos típicos de la "facies" cultural.

Y, por otro lado, desaparece el transporte y uso de pigmentos de manganeso, tan abundantes en el nivel 4.

La interpretación regional de Marie Soressi es la siguiente: dentro del MTA, el paso del Tipo A al Tipo B refleja un cambio económico de calado en una sociedad inmersa dentro de una cierta tradición técnica.

Ese cambio sería el tránsito de una economía basada en la movilidad logística a otra basada en la movilidad residencial.

Con estos términos Soressi se refiere a dos estrategias definidas por el antropólogo y arqueólogo Lewis R. Binford, a partir de sus estudios etnográficos (Binford, 1980).

A grandes rasgos, la movilidad residencial implica aportar los recursos a campamentos base, de manera que estos sólo se abandonan cuando los citados recursos se agotan en el ámbito inmediato.

Esa estrategia presupone, por lo tanto, una relativa abundancia de recursos, y cierta homogeneidad en su distribución en el territorio.

En cuanto a la movilidad logística, según Binford se basa en el aprovechamiento de recursos que están desigualmente distibuídos en el tiempo y en el espacio (por ejemplo, migraciones de grandes manadas de ungulados).

En este modelo los campamentos se sitúan próximos a los lugares y momentos en que los recursos son más abundantes.

A pesar de los obvios parecidos entre ambas estrategias, la duración de las ocupaciones y las distancias recorridas en cada modelo suelen ser muy diferentes.

Y también lo son otros aspectos, como el tamaño de los grupos a lo largo del ciclo anual, o las necesidades de materia prima, alimento y utillaje que se presentan en cada estación.

Volviendo al MTA, tal y cómo propone Soressi, los bifaces y la aportación de materias primas importadas (Tipo A) encajarían bien con la estrategia logística, mientras que los cambios en el MTA Tipo B estarían en la linea de un cambio hacia una movilidad de tipo residencial .

La caza y el aprovechamiento de los ciervos en Pech-de-l'Azé I

Me he entretenido en explicar los planteamientos de Soressi porque son importantes para entender las conclusiones y propuestas explicativas de Rendu. Volvamos ahora al trabajo de este autor.

En el artículo que nos ocupa, "Hunting Behavior and Neanderthal adaptability in the Late Pleistocene site of Pech-de-l'Azé", Rendu aborda un estudio que combina varias técnicas y enfoques de alto valor informativo.

Esos enfoques son: estudio de la tafonomía del depósito, análisis arqueozoológico del transporte y consumo de los animales, determinación de perfiles de población, y, por último, "esqueletocronología" (determinación del momento de la muerte de los animales, a partir de los restos esqueléticos de huesos, dientes y astas).

Un dato conocido previamente, por los estudios paleontológicos de excavaciones anteriores en el yacimiento, es que la fauna de Pech-de-l'Azé I está dominada por el ciervo (Cervus elaphus), seguido del bisonte (Bison priscus), y por otros ungulados en número mucho menor.

Además, parece que no hubo cambios ambientales importantes entre los tres niveles estudiados (4, 6 y 7). En ese sentido, el trabajo que nos ocupa no hace sino constatar los hechos ya conocidos.

El primer resultado original del análisis de Rendú es demostrar que las muestras de fauna son de origen antrópico. Es decir, que otros agentes (como los carnívoros, trampas naturales, etc) no tuvieron una influencia apreciable en la acumulación de huesos de los tres estratos estudiados.

Esta afirmación se infiere de la práctica ausencia de huellas de carnívoros y de restos de dichos animales. Y también de la hiper-abundancia de huellas antrópicas (hechas por los Neandertales, en este caso) sobre los huesos de fauna.

En cuanto al transporte y aprovechamiento de los animales, el estudio de Rendu afirma que hay una correlación clara entre las partes del animal que aparecen con mayor frecuencia, y la cantidad de médula ósea que tienen esos huesos en su interior.

A partir de ese dato, el autor propone que hubo un transporte diferencial de dichas partes del esqueleto, a causa del "valor" en grasa medular de esos huesos en particular.

Esto tiene bastante lógica, ya que al "preparar" un animal en el lugar de abatimiento ("kill site") se debe decidir qué parte se transporta y cual no. Pero también hay que decidir si se toman sólo los paquetes musculares o se carga con piezas con el hueso incluído.

El criterio de la cantidad de médula ósea, que tiene un impacto importante en la dieta, es por tanto, bastante razonable.

Creo que es muy probable que fuera tenido en cuenta por los Neandertales.

Sin embargo tengo dos críticas a esta parte del trabajo. Por una parte, el propio estudio también muestra que hay una correlación bastante alta entre la densidad de los huesos y los elementos presentes en la muestra.

Eso podría indicar que se han destruido por procesos tafonómicos los huesos menos densos: es decir, puede ser que ciertos huesos que fueron llevados al yacimiento en origen, no sobrevivieron a más de 40 milenios de procesos físico-químicos.

Es cierto que Rendu menciona esta posibilidad, pero pasa por ella de puntillas. Si realmente no cree que el sesgo de la conservación comprometa la validez de la muestra, debería razonarlo.

El otro punto que me hace dudar se refiere a las esquirlas y los restos "no determinables". O mejor dicho, a su aparente ausencia de la explicación.

Me explico: En los conjuntos óseos de los yacimientos pleistocenos -al menos, los que yo he estudiado- además de los huesos cuyo origen (parte anatómica y especie) se puede reconocer, hay una gran cantidad de pequeños fragmentos "no determinables".

En algunos casos, dichos restos pueden llegar a constituir (en terminos de "masa") la mayor parte de la fauna del nivel.

En general, estos restos son ignorados en los estudios arqueozoológicos y paleontológicos. Y esto es bastante problemático: al no ser tenidos en cuenta, pueden pasarse por alto importantes sesgos en la representación anatómica y de especies animales.

Por ejemplo, supongamos que una parte de los huesos es reducida de foma intencional a pequeños fragmentos "no determinables".

Un motivo para ello puede ser el siguiente: entre los restos aportados estaban ciertas partes del animal ricas en grasa medular de difícil acceso: epífisis, huesos articulares, costillas, vértebras, y huesos planos con tejido esponjoso.

La grasa de esos huesos es, como digo, bastante difícil de obtener: requiere procesos muy intensos de fragmentación, junto con otros mecanismos como cocciones, etc...

En ese sentido, hay documentados etnográficamente distintos procesos para obtener la grasa medular, que en general implican la fragmentación de los huesos en pequeños trozos para hacer con ellos un "caldo de hueso".

Lo que quiero decir es que, hipotéticamente, en un yacimiento del Pleistoceno, podrían estar las epífisis, huesos articulares, costillas, vértebras, huesos planos... pero pasar desapercibidos para el arqueozoólogo, porque han sido reducidos a pequeños fragmentos... que no se estudian.

Todo eso puede devenir en un sesgo importantísimo, que oculta realidades completamente distintas a las que se infieren del estudio los huesos determinados.

Por todo esto, pienso que un trabajo arqueozoológico queda un poco "cojo", si no se intenta al menos cuantificar y clasificar esos pequeños fragmentos.

Aunque está claro que los pequeños trozos de hueso no se pueden estudiar con tanto detalle cómo los grandes restos, si se pueden buscar otras estrategias de análisis:

Una primera sugerencia sería separarlos en categorías: Por ejemplo, se pueden separar por un lado aquellos que presentan "tejido cortical", proveniente de la caña de los huesos largos, y por otro los restos con tejido "esponjoso" (también llamado canceloso o trabecular, que se halla en epífisis, articulaciones, etc).

Por otra parte, se puede estudiar el grado de fragmentación (agrupándolos por tamaños, y analizando los tipos de fractura que presentan).

Y, otra idea, se pueden documentar las alteraciones que presentan (por ejemplo: ¿está el fragmento quemado o alterado por el calor?).

En este punto, me gustaría aclarar que todo lo dicho no significa que no acepte el análisis de Rendu. Ni que piense que su trabajo es erróneo.

En realidad, es posible que los fragmentos "no determinables", en estos niveles de Pech-de-l'Azé I, sean poco abundantes o poco significativos. Pero, si ese es el caso, realmente creo que debería explicarlo en el artículo.

Porque lo que sucede es que, al no aparecer ninguna referencia explícita a las esquirlas y fragmentos "no determinables", se generan ciertas dudas -creo que razonables- sobre esa parte de su trabajo.

Volviendo a la ennumeración de los resultados del estudio, la siguiente aportación de Rendú es la representación de edades y sexos (poblaciones animales) a partir los restos de ungulados.

Esa parte va unida al estudio de la "esqueletocronología". Estas líneas de análisis son, sin duda, lo mejor del artículo.

El autor se centra, a partir de este punto, en el estudio de los ciervos, y utiliza varias técnicas complementarias (estudio de crecimiento de huesos y astas, erupción de dientes, desarrollo del esmalte dental) para aproximarse a la población cazada (edades y sexos) y a la época del año en que fueron abatidos.

Los resultados le permiten proponer cambios importantes a lo largo de los tres niveles arqueológicos.

En el nivel 4, el más antiguo, se cazan machos y hembras, con edades que representan a toda la población, y se abaten a lo largo de todo el año, con una concentración importante en primavera.

En el nivel 6, se cazan sobre todo hembras, también de edades que representan a toda la población, y que son abatidas a lo largo la primavera y la primera mitad del verano.

Y, por último, en el nivel 7 hay un cambio total de los perfiles:

Se cazan machos, básicamente en edad reproductora, abatidos al final de la estación cálida (finales del verano y comienzos del otoño).

Extrapolando estos datos a la etología de los ciervos, Rendú explica que la caza en el nivel 4 puede interpretarse en dos sentidos:

O bien es una caza "no selectiva" a lo largo de todo el año (con un "pico" al inicio de la estación cálida), o bien se trata de un palimpsesto que refleja varias estrategias de caza, en varias estaciones del año, superpuestas en un mismo nivel arqueológico.

En el nivel 6 la organización de la caza se centra -según el autor- en los rebaños de hembras, que tras la época de parto están biológicamente debilitadas y tienen una movilidad más predecible y reducida, a causa de la atención que requieren los cervatos.

Por fin, en el nivel 7, la organización de la caza da un giro importante: Se abaten machos, que probablemente están debilitados tras la berrea y el apareamiento, a finales del verano y en otoño.

Todos esos cambios llevan al autor a enunciar un interesante problema interpretativo: Los cambios en las estrategias de caza, entre niveles, difícilmente pueden explicarse por el cambio del MTA Tipo A al MTA Tipo B (es decir, el paso de una movilidad logística a otra residencial).

En concreto, Rendu destaca que el cambio radical en los objetivos de la caza, entre el nivel 6 y el nivel 7, se corresponde con una continuidad casi total en las industrias líticas (MTA Tipo B).

Para resolver ese problema, Rendu propone una explicación que integra lo local en procesos de cambio más generales.

Un hecho comprobado (por los estudios geológicos y estrátigráficos) es que el espacio disponible en Pech-de-l'Azé I, para el hábitat doméstico, se va haciendo menor a lo largo del Pleistoceno.

Esto se debe a la caída de bloques de la visera rocosa.

Así, la zona "útil", donde asentarse, es menor en el nivel 6 con respecto al nivel 4. Y se vuelve todavía más pequeña en el nivel 7.

Eso, según Rendú, limita el tamaño del grupo que puede habitar el abrigo en cada momento, y por ello cambia el uso que se le dá, en función del espacio disponible.

Así, un lugar de ocupación más o menos estable, prolongado en el tiempo o frecuentado en varias estaciones (nivel 4), pasa a ser un lugar de habitación utilizado sólo en la primera parte de la estación cálida, de principios de la primavera a mediados del verano (nivel 6).

Y finalmente, se convierte en un alto de caza para grupos pequeños, que abaten ciervos machos al final del verano y comienzos del otoño.

Esos cambios en el uso del espacio, según el autor, documentan la flexibilidad, las capacidades de planificación y gestión de espacio (el doméstico y el territorial) de los Neandertales.

 Y, sobre todo, su excelente adaptación al medioambiente Pleistoceno.

Balance final

Como balance final, diría que el trabajo de William Rendú es un estudio completo, coherente y valioso para la disciplina.

Destaca por integrar la esqueletocronología y la etología (comportamiento) de los animales, con el análisis de la organización económica de los grupos neandertales.

Aunque es cierto que encontré algunas carencias, en general me parece un buen artículo.

Además, pertenece a un campo en el que los trabajos son relativamente escasos; y los buenos trabajos, aún más escasos. Viendo el enorme potencial de la arqueozoología para avanzar en el conocimiento de las sociedades prehistóricas, resulta evidente que debemos trabajar para corregir esa escasez.

Junto con otros investigadores (Sandrine Costamagno, Liliane Meignen y Marie-Cécil Soulier). De hecho, es tan reciente que habría que hablar más bien de "corrected proof" antes que de artículo publicado (al menos es así como aparece en Sciencedirect).

Pero dejando de lado estas cuestiones técnicas, vayamos al meollo de la cuestión.


Les Pradelles y Mauran

El trabajo que nos ocupa aborda el análisis arqueozoológico de dos importantes yacimientos franceses: Les Pradelles, en la región de Charente, y Mauran (Sur de Francia, casi en los Pirineos).

En cada uno de estos sitios se elige un determinado depósito o estrato para su estudio0, en función de varios criterios: buena conservación de la fauna, presencia de una gran cantidad de huesos de grandes herbívoros, y el hecho que dichos animales pertenezcan -mayoritariamente- a una sola especie.

De este modo se eligen la Facies 2 de Les Pradelles y el Nivel 2 de Mauran, que (como veremos) cumplen bien con dichos criterios.

La idea de fondo que subyace a la elección es bastante clara: Se seleccionan sitios y niveles en los que haya buenas perspectivas para estudiar la posible presencia de la caza comunal en las sociedades neandertales (una actividad que supone la participación de muchos cazadores, e incluso puede implicar la agregación de varios grupos o bandas).

59 renos...

En el caso de Les Pradelles (Facies 2) se estudian los restos de reno, que suponen el 97,5% de la fauna de ese nivel.

Los resultados apuntan a un Número Mínimo de Individuos (NMI) de 59, que es bastante alto, sobre todo considerando que el NMI se considera (por su propia naturaleza) como una estimación "a la baja".

Los investigadores han estudiado la edad de los renos al morir, a partir del crecimiento de la dentadura. Y han comprobado que la estructura de esa población coincide bastante bien con una población "viva" típica para la especie, quizás con cierta ausencia de los animales más jóvenes. Eso significa que el perfil de muerte es de tipo "catastrófico". Con este término se quiere decir que fueron abatidos individuos de todas las edades, no que fuera una "catástrofe" ni nada parecido.

Ese tipo de perfil suele ser típico de las grandes cacerías comunales documentadas etnográficamente. En concreto las que tienen como objetivo los grandes rebaños migratorios de herbívoros.

Además, hay otra información que se puede obtener del estudio microscópico de los dientes: la estación del año en la que murió el animal.

En Les Pradelles, los autores concluyen que los animales fueron abatidos mayoritariamente al final de la estación cálida y antes del invierno.Es decir, durante la migración de otoño, en la que los pequeños rebaños de reno se agrupan en grandes manadas.

...y 4000 bisontes

El caso de Mauran, por su parte, es bastante espectacular en cuanto al conjunto de restos animales.

Se trata en este caso de una fauna exclusivamente compuesta por bisontes. La muestra estudiada, que representa sólo una parte del total encontrado, dio un NMI de 137 animales.

Pero el número -estimado- de carcasas de bisonte que fueron explotadas en Mauran es de unas 4000 (Farizy, David y Jaubert -eds.- 1994).

En Mauran, una vez más, los patrones de crecimiento dental retratan un patrón de muerte "catastrófica", y apuntan a una caza al final de la estación cálida.

Grandes manadas migratorias y caza comunal

En ambos sitios, los investigadores admiten que es imposible precisar cuantos animales se abatieron en cada cacería, pero afirman que hay evidencias que apuntan a que fueron bastantes en cada ocasión.

"...to identify the number of prey killed during each hunting event, several elements suggest a slaughter of a significant number of individuals."

Las evidencias, según los autores, son las siguientes:

El patrón de muerte "catastrófica" del que hemos hablado.
La ausencia de individuos infantiles (en Mauran parece que las carcasas de estos animales más jóvenes no se aprovechan ni cuando son abatidos).
El carácter estacional y recurrente de los eventos de caza.

La especialización en un solo tipo de animal en cada caso. En cuanto a las diferencias entre ambos yacimientos, la más importante (aparte de las obvias del número de efectivos y la especie cazada) es que Mauran es un sitio de caza, un "kill-site".

Es un yacimiento al aire libre, en un entorno natural donde sería relativamente fácil llevar a cabo cacerías comunales, usando trampas naturales o con una estrategia de conducción e interceptación de grupos -separados de las grandes manadas.

Les Pradelles, por su parte, sería más bien un lugar de hábitat o campamento, a donde se llevan las partes mas ricas en carne y en médula y más fáciles de consumir (las extremidades) desde el lugar donde fueron abatidos los renos.

De este modo, ambos yacimientos darían una imagen complementaria de procesos muy similares, en los que hay cacerías comunales de grandes herbívoros, que tienen lugar cuando estos animales se agrupan en grandes manadas, para sus movimientos migratorios anuales.

Esas cacerías suponen el abatimiento de un número alto de presas, lo que significa que se pueden dejar pasar los animales más pequeños (o incluso no explotarlos cuando son abatidos) en favor de los mayores. Eso permite optimizar los procesos de preparación y transporte de las partes destinadas al consumo, y la abundancia de presas hace que no sea un problema desechar algunos animales.

Por último, hay que señalar que una de las conclusiones de los autores es que estas cacerías generan excedentes, que se destinan a un consumo diferido. Esto implica una anticipación de las necesidades futuras por parte de estos grupos neandertales, y encaja bien con una estrategia logística de obtención de los recursos.

En conclusión: Muchos "pros" y algunos "contras"

En lineas generales me parece un excelente trabajo, que vale la pena leer con atención (y que aporta muchos más datos y matices que los que yo puedo reflejar en esta breve revisión). Los principales puntos fuertes, en mi opinión, son estos:

El uso de la mayor parte de las herramientas metodológicas a disposición de los arqueozoologos para analizar los restos animales (esqueletocronología, análisis del esmalte dentario, análisis de las partes anatómicas representadas, etc).

La integración de la etología -comportamiento- de estos animales (migraciones, agregación en grandes manadas, estructuras de las poblaciones "vivas") en la reflexión sobre las estrategias de caza.

Y en cuanto a los críticas constructivas, sin perder de vista que es un artículo muy solido, se pueden señalar algunos puntos concretos en los que se podrían mejorar:

En primer lugar, una cuestión especifica -y un tanto técnica: faltan algunos datos de detalle sobre la tafonomía (formación del depósito) de ambos yacimientos y en concreto sobre la proporción de esquirlas de muy pequeño tamaño. Esos fragmentos pueden representar una parte importante de la fauna, que por diversos procesos ha quedado reducida a trocitos indeterminables. Y a veces sucede que -al no ser tenidos en cuenta- se está obviando un sesgo importante, en cuanto a la representación anatómica de los animales abatidos.
Y por otro lado, hay un aspecto más general que no me acaba de convencer, y es cómo se hace la deducción de que hay unos excedentes y que se preparan para su consumo diferido.

Creo que esa parte no está muy bien argumentada o al menos tiene poca base en la evidencia arqueológica. Es decir, aunque es una suposición razonable, no parece haber muchos datos concretos al respecto en ninguno de los dos yacimientos.

Por tanto, el principal argumento es la analogía directa: se aplica lo que sucede en las cacerías comunales o de grandes manadas documentadas por la etnografía de cazadores-recolectores.

En todo caso, y a pesar de estos pequeños "peros", el artículo de Rendu et al. es un trabajo muy recomendable para saber más sobre las estrategias de caza de los neandertales; y, en general, sobre los modos de vida de estos grupos humanos del Paleolítico.

El estroncio es un elemento mineral que aparece en la naturaleza en muy pequeñas cantidades, de forma más o menos generalizada.

Forma parte, en alguna medida, de la mayor parte de las rocas ígneas y está presente en la mayor parte de los sustratos geológicos, de los que pasa a la vegetación y de allí al resto de la cadena trófica.

Es decir: a los animales herbívoros, y después a los carnívoros.

En los vertebrados, el estroncio se incorpora a los huesos, por su similitud química con el calcio (aunque, como hemos dicho, lo hace en cantidades ínfimas, sin que eso suponga por lo general ningún riesgo para la salud).

Por regla general, se puede decir que el estroncio se incorpora en pequeñas dosis a todas las partes anatómicas con un fuerte componente mineral. Por ello, además de estar en el tejido óseo (en sentido estricto), también se incorpora a la dentina y al esmalte (que son las partes más mineralizadas de los dientes).

Este hecho resulta de gran utilidad para la investigación arqueológica y paleontológica, ya que el esmalte de los dientes es muy resistente al paso del tiempo, y también a los diferentes procesos naturales que alteran los restos óseos en la fosilización (diagénesis).

Y además, el esmalte tiene la característica propia de crecer en "capas" predecibles y continuas, a lo largo de la vida del individuo. Y, en cada una de esas capas, queda "capturada" una pequeña cantidad de estroncio.

La proporción de estroncio en cada capa de esmalte es relativamente variable, pero hay una tasa en concreto que es muy estable, y se ha demostrado que depende básicamente del terreno en el que vive y se alimenta el vertebrado:

La tasa de isótopos de estroncio 87, con respecto a los isótopos de estroncio 86 (87S/86S). Esta tasa -por cierto- es también usada con frecuencia en estudios geológicos y geocronológicos.

Y aquí es donde empieza a resultar interesante el asunto para las investigaciones sobre los Neandertales y sus modos de vida. De hecho, la presencia de estroncio en los dientes de un Neandertal ha sido estudiada en un trabajo de Richards y otros (2007).

Dichos investigadores, utilizando una muela de un individuo de Lakonis (Grecia), fueron capaces de hacer algunas deducciones generales sobre la movilidad de ese Neandertal:

Dado que los niveles de estroncio acumulados en las capas de crecimiento dental correspondientes a la infancia no coincidían con los niveles del entorno geológico de Lakonis, se dedujo que aquel individuo debió pasar su niñez en otra región, a más de 20 km. (como distancia mínima).

El estroncio de los grandes hervíboros y los rebaños migratorios

En este post nos vamos a centrar en un estudio más reciente (de 2011): Strontium isotope evidence for migration in late Pleistocene Rangifer: Implications for Neandertal hunting strategies at the Middle Palaeolithic site of Jonzac, France (de Britton y otros).

Ese trabajo no estudia dientes neandertales, sino restos dentales de los grandes herbívoros que forman parte de su dieta (renos y bisonte). Y que, por tanto, están en la base de la subsistencia y de la organización de sus modos de vida.

Los análisis se realizaron sobre dientes de tres renos (Rangifer) y un bisonte (Bison priscus). El primer resultado a destacar es que las tasas de 87S/86S en las distintas capas de crecimiento de los renos mostraron que aquellos realizaban importantes desplazamientos de carácter estacional, dentro de un ciclo anual (migración).

Que el ritmo de los desplazamientos era anual y estacional se sabe porque el patrón de crecimiento dental y de erupción de los molares es relativamente bien conocido para estos animales, y se cruza con los estudios de acumulación de estroncio en rebaños salvajes actuales, y con los resultados del estudio sobre los dientes arqueológicos.

Además, se detectó una gran similitud en la evolución de la tasa de 87S/86S, en el estroncio que se fué incorporando a las capas de esmalte dental de los tres renos.

Eso hace suponer a los investigadores que los tres animales provienen o bien del mismo rebaño, o bien de distintos rebaños que recorrieron casi exactamente el mismo territorio en sus desplazamientos anuales.

En este punto, los autores se refieren a la evidencia arqueozoológica del depósito donde se recuperaron esos dientes de reno. Dicha evidencia, según su opinión, apoya la idea de que se trata del mismo rebaño de animales. Aunque no se entra en detalles, se describe como un estrato (W-US22) donde se aportaron y procesaron muchos renos, y muy pocos otros animales, en un espacio corto de tiempo.

Bison priscus (bisonte de estepa o ártico, extinto). Imagen: arezzocitta.com
En cuanto al bisonte, que es una de esas especies minoritarias deW-US22, el análisis de la tasa de 87S/86S de las capas de crecimiento del esmalte dió un patrón mucho más restringido. Este dato apunta a que sus movimientos fueron de marcado carácter local (es decir, que no realizaba grandes migraciones anuales).

La conclusión de los investigadores es que los datos de isótopos de estroncio, en combinación con la información arqueozoológica y estratigráfica, permiten demostrar que en el nivel W-US22 de Jonzac se practicó, por parte de los Neandertales, una caza por interceptación de renos, que formaban parte de grandes rebaños migratorios.

Ese tipo de cacería, por tanto, forma parte del repertorio de técnicas de caza y subsistencia de los seres humanos (en este caso, Neandertales) desde hace al menos unos 50.000 años, la antigüedad estimada para el estrato W-US22.

Criticar siempre es fácil (y por eso lo hago)

Como vengo haciendo en este tipo de posts, me gustaría concluir señalando algunos de los puntos fuertes y débiles de este estudio, desde una perspectiva crítica (pero por supuesto constructiva).

Entre los puntos fuertes, me gustaría resaltar estos:

La manera (eficaz y estructurada) en que se integra la información relativa a muy diferentes disciplinas (biología y etiología, análisis geológicos y químicos, arqueozoología y estratigrafía) en una investigación con objetivos fundamentalmente arqueológicos, es decir, destinada a comprender los comportamientos humanos del pasado.

La innovación aportada en las técnicas de procesado de las muestras y de análisis químico, y el detalle con que son descritas. Y -sobre todo- la reflexión sobre sus usos potenciales en la investigación arqueológica y paleontológica.

Y, como punto "menos fuerte", pienso que, frente a la amplia y detallada argumentación sobre los análisis de isótopos de estroncio, la reflexión sobre la evidencia arqueozoológica es muy escasa.

Así, se presenta como un hecho probado el carácter rápido (relativo a un único episodio, o una sucesión contínua de ocupaciones), de la formación del estrato W-US22. Pero no se aporta ningún dato o argumentación que nos permita reflexionar sobre la evidencia material que sustenta esa afirmación.

Esa carencia de información, y de argumentación propiamente arqueológica, es un problema real: hace que las conclusiones finales sobre la caza por interceptación, aunque plausibles e incluso probables, no sean todo lo sólidas que cabría esperar.

Reflexiones finales

En el contexto actual de las investigaciones, este trabajo se incribe en un marco más general: La renovación por la que está pasando, a día de hoy, investigación sobre las actividades de caza de los Neandertales. En ese sentido, ya hemos hablado en este blog de otros trabajos recientes de gran interés.

Esta especie de "pequeña revolución" está caracterizada, en mi opinión, por el uso sistemático y razonado de los referentes etnográficos y etnohistóricos, y por la integración de muy diversas técnicas analíticas y de investigación.

Y -como nota de atención- cabe señalar que hubiera sido impensable realizar este tipo de trabajos en el marco restrictivo de los modelos (ya caducos) de las incapacidades neandertales, que los consideraban como seres inferiores, muy limitados en términos cognitivos, adaptativos y de organización.

Para este post he preparado la revisión de un artículo "en prensa", pero ya disponible en linea, del Journal of Human Evolution. El trabajo, de Laura Niven y colegas, aborda varios aspectos de las estrategias de caza, y en general, de subsistencia, de las poblaciones neandertales del Oeste de Francia, en un momento relativamente tardío del Paleolítico medio (OIS 4).


El sitio de Jonzac (casi de memoria)

Curiosamente, conozco desde hace años el sitio de Chez- Pinaud Jonzac a través de la bibliografía sobre sus importantes niveles de Paleolítico medio, sus industrias líticas de tipo Quina, y la abundante presencia de útiles en hueso (retocadores).

Retocador en metatarso de reno (Figura 10 en L. Niven y otros, 2012)
Por desgracia, no he podido visitarlo todavía en persona, pero a pesar de ello me siento capaz de hacer una descripción "general-bibliográfica" casi de memoria: Jonzac tiene una potente secuencia estratigráfica de Paleolítico medio (Musteriense), con niveles claros y bien ordenados, y separados por estratos estériles desde el punto de vista arqueológico.

En sus niveles más antiguos (que tampoco lo son tanto, ya que la secuencia se atribuye a los OIS 4 y 3), y empezando en el 22, dominan las industrias líticas de raederas con retoque Quina. Este es un tipo de retoque sobre lascas espesas, que da al filo un aspecto escamoso y escaleriforme. También hay abundantes retocadores en hueso, que se asocian a ese tipo de trabajos, de retocar lascas.

Por otro lado, en los niveles más recientes, a partir del nivel 8, hay una industria de denticulados con presencia de talla Levallois, seguida de un Musteriense de Tradición Achelense; y finalmente algunas evidencias aisladas de Auriñaciense, en la última parte de la estratigrafía.

Además de los estudios de industria lítica y el artículo que nos ocupa ahora, sobre Jonzac se han publicado otros estudios muy interesantes:

 Estudios que abordan la dieta neandertal a partir de los isótopos, o trabajos sobre los movimientos migratorios de sus presas (renos).

Al grano: un breve resumen del contenido del trabajo

El artículo que voy a revisar presenta en concreto el estudio detallado de una parte de la fauna del nivel 22 del yacimiento, los renos. Esa es la principal especie animal cazada y consumida por los Neandertales, cazadores-recolectores que habitaron aquella zona y dejaron restos de sus campamentos en el nivel 22.

En este punto, un brevísimo repaso a las características del reno: es un cérvido de clima frío, con cuernas en ambos sexos, que se renuevan anualmente. Tienen un comportamiento migratorio que se caracteriza por importantes desplazamientos anuales hacia zonas más templadas en otoño y de regreso en primavera. En esos desplazamientos se forman grandes rebaños, sobre todo en la migración de primavera, en que pueden ser de hasta medio millón de animales y desplazarse miles de kilómetros.

Se cree que las poblaciones del final del Pleistoceno compartían en general estos rasgos de las actuales, y que su rango de hábitat descendía en latitud (esto es, hacia el Sur) en los momentos fríos de los periodos glaciares. Por eso, en territorios como la actual Francia, la presencia de gran cantidad de renos se asocia con momentos de avance glaciar.

En Jonzac, los fragmentos de hueso de reno identificados como tales son casi dos mil "items", lo que hace que dominen la muestra de fauna de manera clara (los siguientes en importancia son los restos de caballo -algo más de 200- y de gran bovido -algo más de 150). Contando partes del esqueleto únicas de distintos individuos, se calcula que el Número Mínimo de Individuos sería de 18 (aunque probablemente se trata de los restos de bastantes más animales)

Los autores han estudiado varios aspectos de esos restos de reno, para reconstruir la subsistencia y las estrategias de caza de los Neandertales: La distribución de edad y sexo de los animales; la estación del año en que fueron abatidos; las partes del animal (extremidades, tronco, etc) que están presentes y en qué frecuencia; y las evidencias de procesado de las carcasas animales por parte de los cazadores-recolectores de Jonzac.

Sexo, edad y estación de la muerte

La proporción de sexos en los renos cazados se calcula en este estudio a partir de las medidas de los huesos identificados, en base al dimorfismo sexual de los individuos (las diferencias, sobre todo de tamaño, entre machos y hembras).

 La conclusión de varios análisis complementarios es que la muestra de Jonzac parece tener una proporción equilibrada de ambos sexos, sin un sesgo fuerte en ninguno de los dos sentidos.

En cuanto a la edad y la estación de la muerte, ambos aspectos siguen la misma lógica de estudio: Analizar el crecimiento de huesos y dientes y el momento en que se interrumpe (esqueletocronología), para calcular la edad del animal en el momento de su muerte.

Y en algunos casos (gracias a lo específico del crecimiento dental), también la estación del año en que murió.

Estas técnicas muestran que, en lineas generales, se cazaron sobre todo ejemplares adultos de más de tres años de edad, y que fueron abatidos en la estación fría: desde finales del otoño , y sobre todo en invierno.

Partes del esqueleto y transporte de carcasas

En cuanto a las partes del esqueleto presentes (extremidades, tronco, cráneo...) los análisis sugieren algo de sesgo por la desaparición de los huesos menos densos (son más vulnerables a los agentes naturales, como la alteración química de los sedimentos, la escorrentía de agua, etc...).

Por el contrario, no parece haber una aportación diferencial de partes del animal con mayor valor alimenticio (p. e. la mitades superiores de las extremidades). Y hay detalles que apuntan a que se pudieron llevar carcasas completas o casi completas. En particular, la presencia de casi todos los huesos del esqueleto (aunque en distintas proporciones), y el hecho de que se encontraron algunos elementos anatómicos en conexión, es decir, no desarticulados.

Evidencias del procesado

Según explican los autores, los restos de reno de Jonzac presentan evidencias extensivas de procesado de tipo "carnicería" (para despiezar, aprovechar la carne, el tuétano de los huesos, etc).

Un 22% de los huesos presenta huellas de corte, y esos restos se distribuyen entre todas las partes del esqueleto. Las huellas de corte reflejan trabajos de despellejado, despiezado y descarnado. Después de esas tareas, se produce una fragmentación en fresco de los huesos, bastante intensa, que los reduce a esquirlas de un tamaño pequeño o mediano.

Esa fragmentación en fresco se realiza con útiles masivos, que dejan distintos tipos de marcas de percusión en los huesos (pero sobre todo, huellas de impactos y fracturas en fresco). Los autores lo interpretan como una actividad llevada a cabo para obtener el tuétano del interior los huesos largos.

Por último, hay muy pocas evidencias de combustión en los restos óseos, y en general pocas evidencias que estructuras o episodios de combustión importantes en el nivel 22 en su conjunto.

Mención aparte merecen los 81 retocadores de hueso de reno, hallados en el nivel. Casi todos son esquirlas de la parte más densa de la caña (diáfisis) de distintos huesos de las extremidades. Se utilizaron en trabajos de percusión, para retocar con ellos los útiles líticos (que son, sobre todo, raederas Quina).

Síntesis y conclusiones de los autores

Los autores explican que, según su interpretación de los datos, "durante el Musteriense Quina" (...during the Quina Mousterian...) Jonzac fue un lugar donde se llevó a cabo el procesado de renos cazados en eventos independientes de carácter estacional.

Se abatieron animales adultos (..prime-adults...) machos y hembras, sin que se pueda saber si el objetivo eran rebaños mixtos, que reunían animales de ambos sexos, o si se cazaban alternativamente rebaños de machos y de hembras.

La ausencia de evidencias importantes de fuego sugiere que los Neandertales no lo usaron en Jonzac, al menos de manera intensiva, para procesar (i.e. cocinar) los recursos cárnicos.

 Además, para los autores la falta de presencia de rastros de fuego y estructuras de combustión apunta a un escenario en el que los Neandertales ocuparon el sitio por periodos muy cortos, dentro de estrategias de una movilidad muy grande de los grupos.

Esto estaría en consonancia con la interpretación que le dan a las industrias líticas de tipo Quina, que se basan en útiles de gran durabilidad y posibilidad de reciclado, y de fácil transporte.

Por otro lado, no creen que se pueda hablar de una caza específica de grandes manadas, ya que consideran que los restos pueden provenir de eventos individuales de caza de renos, coincidiendo con los momentos en que son más abundantes en el medio.

Y tampoco consideran que haya una especialización en el reno, ya que hay otros grandes ungulados presentes en la muestra. Del mismo modo, tampoco creen que se pueda hablar de un papel especializado de la ocupación, por similares motivos.

Elementos de crítica y algunas alternativas

Estamos ante un trabajo metodológicamente muy sólido, y con una aplicación impecable de las técnicas de análisis arqueozoológico y paleontológico a los restos de reno de Jonzac, nivel 22. En ese sentido, sólo puedo decir que es un gran trabajo y plenamente recomendable para cualquiera interesado en este tipo de estudios.

Sin embargo, tengo más problemas a la hora de aceptar la parte de síntesis general e interpretación que hacen los autores. Creo que, en parte, son demasiado "conservadores", en el sentido de que no se deciden a buscar o contrastar los rasgos de complejidad y planificación (en las actividades de caza) de los Neandertales de Jonzac. Al menos a mi esos rasgos me parecen mucho más evidentes de lo que leo en sus conclusiones finales.

En el centro del problema, a mi entender, está la cuestión del tipo de cacería que se presenta como el más plausible. Los autores se decantan por esos eventos individuales de los que hablabamos antes. Pero tal y como yo lo veo, hay muchos elementos que apuntarían a cacerías masivas por interceptación de grandes rebaños de renos:

La estacionalidad de la muerte en los animales cazados, que reflejaría las migraciones del otoño y se alargaría hasta algo entrado el invierno (periodos cuando los rebaños están bastante agregados).

La presencia tanto de machos como de hembras, sin un sesgo hacia ninguno de los sexos, que podría apuntar a lo mismo que el punto anterior.

La gran abundancia absoluta de los restos de reno en el yacimiento, formando auténticos "lechos" de fragmentos y más fragmentos de hueso depositados en un espacio de tiempo relativamente corto (en términos tafonómicos).

La presencia de elementos de descarte completos (las patas aún articuladas) y la poca presencia del fuego, elementos esperables de un lugar de despiece primario de un número importante de presas procesadas por los Neandertales.

Además, hay otro trabajo sobre Jonzac (que comparte casi todos los autores con el que nos ocupa) centrado en estudiar los movimientos estacionales de los renos, a partir del ritmo de acumulación de estroncio en sus huesos.

Y ese trabajo concluyó que: es probable que tres renos distintos cazados en el nivel 22 de Jonzac perteneciesen al mismo rebaño migratorio -o, como alternativa, que perteneciesen a distintos rebaños migratorios que siguieron exactamente las mismas rutas.

Creo que los autores tienen problemas para concebir el escenario de la caza masiva por interceptación (que a mi me parece bastante razonable) porque se limitan a cierta interpretación de la ausencia del fuego en el nivel 22, como elemento importante en la explicación del sitio. De ello se deriva un argumento "a la contra":

Para ellos esa ausencia de fuego significa que no se procesó la carne para su conservación, y por lo tanto no sería lógico que se hicieran grandes cacerías -pues, aunque se abatieran varios o muchos renos, no se aprovecharía la carne de los mismos.

Sin embargo, es perfectamente posible pensar en agregaciones periódicas de grupos neandertales lo suficientemente grandes para organizar cacerías masivas por interceptación, y también para aprovechar una parte importante de los recursos obtenidos, sin conservarlos (y por tanto, la sobre-abundancia se reflejaría en una sub-explotación de las carcasas, como parecen sugerir los elementos de descarte).

Ese tipo de agregaciones han sido propuestas, precisamente, para el Paleolítico medio asociado a Neandertales por B. Hayden (2012).

Por último, me dejo en el tintero algunos comentarios sobre el Musteriense tipo Quina, y la atribución cronológica estricta que hacen los autores para estas industrias, pero no querría tampoco dar la impresión de que es un mal trabajo o que no tiene puntos positivos.

De hecho, creo que es al contrario, que el trabajo es excelente desde un punto de vista del trabajo de laboratorio y la arqueometría, fallando sólo a la hora de considerar y valorar otras posibilidades. que también explicarían las evidencias presentadas.

¿Es éste el once ideal de la Humanidad? | VCN

... Artículo sobre el libro 'Human Accomplisment' en Wikipedia y libro en venta en Amazon. Roberto Colom me dio el primer aviso sobre este libro ...


Señales previas al colapso ecológico | VCN

... Añade que aislar este tipo de señales de aviso de un ecosistema no sólo sirve para predecir catástrofes, sino que además puede ayudar a ...


El Índice Schmidt y sus posibles usos prácticos | VCN

... Su picadura es el mensaje de aviso para que no vuelvan a molestarlas. El Índice Schmidt y sus posibles usos prácticos. El famoso Índice ...

http://timoneandertal.blogspot.com/
Obra y fuentes licenciadas Creative Commons.