Celacanto , un verdadero fósil viviente

Celacanto , un verdadero fósil vivienteEs un pez con aletas lobuladas que apareció durante el devónico, hace 350 millones de años y todavía hay ejemplares vivos.

El Celacanto (Coelacanthimorpha) es un pez de aletas lobuladas (Sarcopterigios), de gran tamaño (puede llegar a medir 1,6 metros y pesar cerca de 70 kilogramos), color negro azulado (el africano) y parduzco (el de Indonesia) y escamas que le dan el aspecto de una armadura que se creía extinto a partir del Período Cretácico, es decir, hace setenta millones de años.

De la familia Latiméridos o Celacántidos, dentro del orden Crosopterigios, perteneciente a la subclase Sarcopterigios, clase Ostectios.
Está clasificado actualmente como "Latimeria Chalumnae".

En la actualidad está representado por una sola especie.

Sus lóbulos son carnosos y están cubiertos de escamas en la base de sus aletas pares.

Se diferencia de la mayoría de los peces en eso mismo, en que en el resto no existen esos lóbulos.
 Se caracteriza también porque tiene una cola trilobulada.

Al parecer, el celacanto comparte un antepasado común con los dipnoos y los vertebrados terrestres. Sus aletas pectorales, están situadas en el extremo de unos lóbulos o apéndices, lo que sugiere un híbrido temprano entre aleta y pata.

Pero sin embargo, los celacantos son una rama especializada de este grupo que ha permanecido prácticamente inalterada desde sus comienzos y es por esta razón, por la que se puede decir que este pez es un fósil viviente.

Se han encontrado en muchas partes del mundo fósiles de otras especies con tamaños que oscilan entre los 15 cm y casi 1,5 m de largo y un peso que puede ser superior a los 67 kg.

Esos fósiles indican que, durante su larga historia, varios tipos de celacantos habitaron en los pantanos, lagos, mares interiores y océanos.

Celacanto , un verdadero fósil viviente

Al no haber fósiles en las rocas formadas después del cretácico, los paleontólogos pensaban que el celacanto se había extinguido hacía más de 70 millones de años

Sin embargo, en 1938, fue capturado un ejemplar vivo al este de la costa de Sudáfrica por un barco rastreador capturó un celacanto vivo mientras pescaba por las costas del sur de África y luego se hallaron más especímenes cerca de la costa de una de las Islas Comores, más al sudeste donde los nativos le llaman “Konbessa” y destacan sus cualidades comestibles. 

Junto con los peces pulmonados, son los seres vivos marinos más cercanos de los vertebrados terrestres actuales y se estima que aparecieron hace 400 millones de años, en el período Devónico.

Los celacantos viven en cuencas oceánicas permanentes, por lo que es muy difícil encontrar restos fósiles.
Durante los últimos años se han capturado cerca de las Islas Comores, entre Madagascar y el Sureste de África.

Investigadores han estado realizando estudios y han descubierto que durante muchos años, los habitantes de estas islas habían secado y salado la carne de este pez, la habían incluido en su alimentación y utilizaban su piel como lija.

Los científicos a día de hoy, están preocupados por las alteraciones que está sufriendo el medio ambiente donde esta especie habita.

Los celacantos actuales se parecen mucho a sus parientes fósiles, porque tienen sus características aletas pares con base lobular y en su cola tres lóbulos.

El color del cuerpo del celacanto varía entre azul intenso y pardusco.

Produce grandes cantidades de aceite y de secreción babosa.

No puede vivir en la superficie, por lo que puede ser visto nada más que en las profundidades.

Celacanto , un verdadero fósil viviente

La secuenciación del genoma del celacanto proporciona pistas de cómo fue la transición del agua a tierra firme de los vertebrados.  

A veces la Naturaleza nos proporciona algún que otro regalo desde el más distante pasado. Puede ser un simple musgo, el ginkgo biloba, el pino Wollemi, el cangrejo de herradura o el celacanto.

El descubrimiento de algunos de estos seres fue totalmente sorprendente, pues se conocieron antes los fósiles de sus antepasados que ellos mismos.

Uno de esos casos es el del celacanto, un pez que se descubrió para la ciencia en 1938 y que se creía extinto desde hacía 70 millones de años, aunque los pescadores de la costa africana en donde se descubrió lo llevaban pescando, y supuestamente comiendo, ocasionalmente desde mucho tiempo antes.

Para un visión no entrenada, el celacanto parece solamente un pez, pero para aquel que sepa un poco de la historia evolutiva del mundo animal es, sin duda, un ser que parece sacado del pasado, de hace más de 400 millones de años, si queremos ser más precisos, pues de esa época proceden los fósiles más antiguos que se le parecen.

Sólo hay que fijarse en la extraña cola y, sobre todo, en las aletas lobuladas articuladas, para darse cuenta de que no es un pez cualquiera.

Fueron ese tipo de aletas las que permitieron a algunos peces ir más allá de las orillas de las masas de agua de su época, lo que dio lugar, más tarde, a todos los vertebrados terrestres.

Pero hay que aclarar que este ser y otros mal llamados “fósiles vivientes” no son exactamente como eran los peces de hace 300 millones de años, sino que son un descendiente suyo producto de una evolución que se ha dado ininterrumpidamente durante este tiempo, aunque sea lenta. No viven en una burbuja temporal.


El celacanto (Latimeria chalumnae) mide hasta dos metros de longitud y pesa hasta los 90 kilos. Es una especie en peligro de extinción. En 75 años sólo se ha tenido noticia de 309 ejemplares. 


Como estos peces viven a gran profundidad, el cambio de presión al subirlos a la superficie los mata, por lo que su conservación es muy complicada. 

En consecuencia, la obtención de muestras frescas para su análisis no es fácil.

Rosemary Dorrington, de la Universidad Rhodes en Grahamstown (Sudáfrica), fue mostrando fotos del celacanto a los pescadores del archipiélago de Comoros y les dijo cómo tomar muestras de tejidos por si se producía de nuevo una captura accidental. 


Les proporcionó además escalpelos y viales con conservantes para mantener los tejidos preservados unos días hasta que se pudieran enviar al laboratorio y ser refrigerados. 

Unos pescadores pudieron recolectar unas muestras en 2003, pero la secuenciación del genoma no se comenzó hasta 2011 por falta de fondos.

El grupo internacional de científicos ha publicado los primeros resultados producto de la secuenciación del genoma de este pez, tarea esta de la secuenciación para la que necesitaron 6 meses. 


Han descubierto, entre otras cosas, lo que ya se sospechaba: que los genes de esta criatura evolucionan más lentamente que el de otros vertebrados.

La explicación para esta evolución lenta del celacanto es que simplemente no necesita cambiar. Los celacantos actuales viven en la costa del este de África y en Indonesia a cierta profundidad y esos ambientes han cambiado muy poco durante miles de años. 


Como se han especializado en esos ambientes no necesitan evolucionar mucho, pues están ya muy bien adaptados.

Las diferencias genéticas entre las especies africana e indonesia, en especial en los genes HOX del desarrollo embrionario, son muy pequeñas. 


Se estima que son 11 veces menores que las diferencias en los genes HOX entre el ser humano y el chimpancé.

El otro grupo de peces que posee esta característica de las aletas lobuladas similares a los miembros de los tetrápodos terrestres es el de los peces pulmonados. 


Hay un viejo debate sobre cuál de los dos grupos dio lugar a los primeros anfibios. La secuenciación del genoma del celacanto puede ayudar a dilucidar esta cuestión.

Este grupo también ha estudiado el ARN del celacanto en sus dos variedades (africana e indonesia) y del pez pulmonado. Esto ha permitido comparar la expresión de los genes en los distintos órganos y tejidos de estos seres. 


Llegan a la conclusión de que los tretápodos terrestres están más emparentados en general con los peces pulmonados que con los celacantos. 

Sin embargo, el genoma del pez pulmonado y sus 100.000 millones de bases todavía no ha sido secuenciado, por lo que las conclusiones no son definitivas.

El genoma del celacanto, de tamaño más modesto, permite estudiar la transición que dio lugar a los tetrápodos, pues proporciona las pistas genéticas necesarias que permiten estudiar los cambios que fueron necesarios para que los tetrápodos se adaptaran a tierra firme. 


Hay secuencias de ADN en el genoma del celacanto que se encuentran en los animales terrestres, pero no en otros peces con aletas lobuladas como los tiburones.
Entre estas pistas evolutivas sobre la transición a tierra firme, los investigadores implicados encontraron diferencias regulatorías entre los genes del sistema inmunitario de este pez y los animales terrestres. 


Celacanto , un verdadero fósil vivienteEsto permitió responder a los nuevos patógenos con los que se encontraron en tierra firme los tetrápodos que venían del agua. 

También hallaron diferencias en la regulación de genes que controlan el sentido del olfato. 

Los investigadores proponen que los seres en tierra firme necesitaron adaptar este sentido al nuevo ambiente aéreo.

Algunos genes del desarrollo, como los que controlan la formación de las aletas, fueron reclutados por los animales terrestres para crear los miembros y los dedos. 


Una de estas regiones genéticas, la denominada HoxD, es compartida por celacantos y tetrápodos y es la que permite la formación de manos y pies.

Actualmente solo se conocen dos especies de Celacanto, cada una de ellas designada por el lugar donde fueron hallados los especímenes: Latimeria Chalumnae de las Islas Comores y Latimeria Menadoensis de Indonesia.

Sus hábitos son bastante diferentes a los de sus antepasados del Devónico, ya que se adaptaron a la supervivencia en aguas muy profundas en las zonas que mencionamos anteriormente y sus hábitos reproductivos se están estudiando actualmente para colaborar con la proliferación de esta especie.

Pero sólo se trata de los primeros análisis de los datos obtenidos. 


En el próximo futuro se irán publicando más resultados sobre este asunto, fruto de la comparación de este genoma con otros. 

Se espera tener respuestas a cuestiones sobre la evolución de la respiración, el sistema inmunitario y la fisiología de los tetrápodos. 

Ello ayudará a comprender cómo fue la transición del agua a tierra firme de los tetrápodos y cómo se adaptaron al nuevo ambiente. Merecerá la pena, pues, al fin y al cabo, se trata de nuestro propio pasado. 

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Foto: Alberto Fernandez Fernandez, Wikimedia Commons.