Biografia y vida de Carmen Laforet

Biografia y vida de Carmen Laforet
Escritora española. Carmen Laforet Díaz nació en Barcelona el 6 de septiembre de 1921,a los dos años de edad se trasladó con su familia a las islas Canarias.

A los dieciocho años, una vez finalizados los estudios de bachiller, decidió regresar a Barcelona para estudiar las carreras de filosofía y letras y derecho, si bien no acabó ninguna de las dos.

Poco satisfecha de su paso por la universidad, cuando contaba veintiún años se fue a vivir a Madrid.

En Madrid conocería al periodista y crítico literario Manuel Cerezales, quien la animó para que prosiguiera con sus recién iniciados pinitos literarios.

Fue sólo dos años más tarde, en 1944, cuando su vida daría un vuelco inesperado al presentar su novela Nada al recién creado Premio Nadal, otorgado por Ediciones Destino.

Aunque entre otros competidores por el premio estaba un escritor de sólida trayectoria como el periodista César González Ruano, el jurado prefirió apostar por la joven desconocida.

Su imagen apareció en la prensa del país, que la aclamaba como toda una revelación literaria. Y así fue, porque Nada se reimprimió hasta tres veces el mismo año de su publicación.

Renovadora de las letras españolas

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¡Alegría! ¡Alegría! Comentarista Luz, gracias a ti, a la dirección electrónica que me pasaste, acabo de remitirle un cuento al director de la revista Lateral. ¡Alegría! Esta noche salgo. Desde hace una hora no dejo de beber chupitos de tequila, marca «100 pesos» ¡Alegría!


"Nada" de Carmen Laforet

Carmen Laforet Nada con la que ganó en 1944 el Premio Nadal en su primera edición. Durante la reunión de coordinación de las Pruebas de Acceso en Lengua y Literatura se desestimaron otras propuestas para cubrir la narrativa de posguerra como Los santos inocentes de Delibes o La verdad sobre el caso Savolta, que era mi elección (por la cara que pusieron algunos compañeros daba la sensación de que la novela de Eduardo Mendoza era poco menos que sentarles en un potro de tortura).

Recuerdo que leí la novela tardíamente, cuando íbamos a comenzar el segundo de carrera allá por el año 1985, no cuando todavía éramos jóvenes, sino cuando éramos demasiado, excesivamente jóvenes diría yo, porque en esa época estaba peinando la novela de la posguerra.

Este peinado literario —en el que cayeron El Jarama, La noria y algún título más que solo podría recuperar con fórceps— se saldó con un rotundo fracaso y con un aburrimiento supino, razón por la cual me busqué otro filón literario para aplacar las desmesuradas ansias lectoras de aquel estío.

Por esa razón, de Nada recordaba casi nada; de los pocos recuerdos que guardaba uno era la imagen rubicunda de la amiga de universidad y el otro, el final trágico del tío músico que andaba de estraperlista. Nada más.

Ahora que la tengo que explicar la he vuelto a releer dos veces: una, a principios de septiembre, para refrescar el argumento y otra, recientemente, para ir buscando pasajes ilustrativos, textos para comentarios y exámenes y material para fabricar apuntes. La primera relectura me dejó frío y en la segunda he rescatado algunas cositas más, aunque no muchas.

Sigo teniendo la misma impresión que tuve hace veinticinco años: Nada es una obra que se agota en sí misma y que sirvió como terapia confesional para que la autora expiara los malos ratos pasados en la casa de la calle Aribau durante su primer año como universitaria, algo así como un diario novelado y dialogado. Vaciado de las claves históricas que acogieron el premio y su posterior publicación (una mujer autora en plena posguerra, la truculencia de los inquilinos de la casa de la abuela, ciertos atrevimientos de época como escribir algunas palabritas en catalán…) la obra no tiene recorrido y —puesto que se trata de una obra destinada a ilustrar la narrativa de posguerra— sirve solo para explicar las cuitas de la autora, rozando en algunos casos la ñoñería.

A los alumnos les he hablado de Nada partiendo de la analogía musical: Nada es como ese grupo que consigue hacer la canción del verano y después se va diluyendo en el tiempo, oxidándose los acordes y los arreglos a la espera de que sea revivida por algún karaoke.


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Con este panorama lo estoy teniendo crudo para explicar la obra: como no creo en el producto, no lo puedo vender bien. A ver si algún pedagogo moderno me da alguna receta para vender las excelencias de un producto en el que no creo.

Mientras tanto sigo suspirando por Barcelona: pero no por la Barcelona del curso 1939-40, ni por la de Ena, ni por la de los amigos bohemios pavisosos como Guíxols o Iturdiaga, sino por la Barcelona revolucionaria del año 1917, la de Lepprince, Javier Miranda y Nemesio Cabra.

Carmen Laforet también escribió novelas cortas, libros de cuentos y narraciones de viaje.

En 2003, su hija Cristina Cerezales publicó Puedo contar contigo, que contiene la relación epistolar entre su madre y Ramón J. Sender, un total de 76 cartas en las que la escritora desvela su silencio literario, su patológica inseguridad y su deseo de resguardarse del contacto social, que después cristalizó en un distanciamiento paulatino de la vida pública acelerado por una enfermedad degenerativa que afectaba a su memoria.

Su situación personal era dura, ya que se había separado en 1970 y le faltaba estabilidad económica, pero también por las circunstancias generales, como el clima político y social, con un machismo que hacía que en las entrevistas debiera responder a preguntas como si quería más a sus hijos o a sus libros, y por lo gris del mundillo literario, que ella veía repleto de envidias, enemistades y rencillas.

Laforet no quería adscribirse a ninguno de “estos reinos belicosos”, por lo que, aseguraba, la consideraban “enemiga de todos.

Biografia y vida de Carmen Laforet 7O tonta, o malvada, o lo que sea. Yo no soy luchadora”. El infatigable Sender era su antítesis, y la animaba constantemente a que escribiera. Sender le confesó que “el césar pequeñito” era la única persona a la que guardaba rencor.

El autor de Réquiem por un campesino español detallaría a su amiga sus crisis de ansiedad “porque no me avengo a ser viejo”.

La religiosidad fue otro de los temas de las cartas que se escribieron, pues ambos creían en Dios, con distintos matices, y compartían una devoción hacia Santa Teresa de Jesús.


Carmen Laforet sufría de Alzhéimer y falleció en Madrid el 28 de febrero de 2004.

En febrero de 2007, a modo de conmemoración del tercer aniversario del fallecimiento de la autora, la editorial Menoscuarto publicó por primera vez una recopilación de todos sus relatos cortos, incluidos cinco inéditos: Carta a don Juan.

En 2009 Cristina Cerezales publicó un segundo libro sobre su madre, Música blanca (Destino), donde, en palabras de Rosa Montero, "nos asoma a otro espacio asfixiante: a la vejez de la escritora, a la enfermedad y el deterioro".

Carmen Laforet (Barcelona, 1921 – Madrid, 2004) 
En 2010 se crea el Colegio "Carmen Laforet" en el barrio de Valderribas, Distrito de Vicálvaro (Madrid)

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