¿Nuestro cerebro come carne?

¿Nuestro cerebro come carne?
¿Tu cerebro come carne?

Cuando practicamos algún deporte es muy normal haber comido algo antes, para así tener más energía.

Lamentablemente cuando vamos al colegio, o tenemos grandes sesiones de estudio a veces se nos olvida comer algo, pese a que es vital, del mismo modo que cuando hacemos deporte.

Lo más usual entre los vegetarianos o veganos es que hayan sido omnívoros antes.

En algún momento y por algún motivo que depende de cada persona en cuestión, cambian su dieta porque se les hace importantes las consideraciones éticas hacia los animales y el medio ambiente.

En general, los vegetarianos y los veganos (estos evitan el uso de productos de origen animal) tienen una filosofía moral basada en valores y actitudes hacia los seres vivos, la naturaleza y la sociedad, que condiciona su elección de lo que comen.

Excepto los motivos basados en la salud personal, la motivación principal de alguien que se hace vegetariano está relacionada con la compasión y la empatía, el sufrimiento que se le causa a los demás cobra importancia por algún motivo y conduce al cambio de los hábitos de alimentación.

La empatía es la cualidad que provoca que suframos con el sufrimiento ajeno. Los seres humanos tenemos la habilidad de entender que otras personas son seres como nosotros, con mentes como la nuestra.

Esta habilidad resulta de la actividad de diversas regiones del cerebro, que también están implicadas en el procesamiento de emociones, la concurrencia en las mismas regiones del cerebro de las emociones propias y las que percibimos de seres a los que les atribuimos una mente, explicaría por qué somos seres empáticos, somos capaces de sufrir al observar el sufrimiento de otros.

Esta cualidad mental puede observarse monitorizando la activación de las regiones implicadas cuando se expone al sujeto a escenas de violencia y sufrimiento de otras personas o animales, porque también somos sensibles al sufrimiento de los animales.

La empatía no se limita sólo al ser humano, sufrimos cuando observamos el sufrimiento de otros animales en función de nuestro parentesco evolutivo con ellos, por ejemplo, con mamíferos más que con aves.

De este razonamiento surge la hipótesis de que los vegetarianos son más sensibles al sufrimiento de otras personas y de los animales. Filippi et al. la ponen a prueba monitorizando la activación de las regiones cerebrales de un grupo de veganos, vegetarianos y omnívoros cuando se les expone a escenas en las que personas o animales sufren.

Aunque vegetarianos, veganos y omnívoros tienen perfiles de regiones activadas característicos y ligeramente diferenciados entre sí, los sujetos que no come carne presentan una mayor activación de las áreas cerebrales relacionadas con la empatía que los que sí comen carne al presenciar el sufrimiento de animales y también de personas.

Además activan más regiones cerebrales que los omnívoros indirectamente relacionadas con la empatía.

Una cuestión que no se aborda en este trabajo es qué ocurre cuando alguien cambia su dieta, es decir, un vegetariano/vegano por lo general no lo ha sido toda su vida, en algún momento ha cambiado su hábitos alimentarios, principalmente movido por la compasión y la empatía.

Lo que nos muestra este estudio es que ese cambio se refleja en una arquitectura cerebral particular.

Es posible que el cerebro de una persona que va a terminar siendo vegetariana ya sea distinto, más empático, aunque esta empatía permanezca reprimida esperando algo que le permita manifestarse en la conducta.

Aunque también puede ser que el hecho de conocer la extrema crueldad con la que se produce la carne para el consumo haya cambiado su cerebro en primer lugar y este cambio produzca un aumento de empatía que conduzca al cambio de hábitos.

Esta situación resulta muy interesante porque significa que los factores externos, la información que recibimos del exterior y procesamos, puede cambiar la forma en que se conecta y funciona nuestro cerebro.

El cerebro humano de un adulto consume nada más y nada menos que el 20% de toda la energía diaria. Y en bebes llega a consumir el 60% de la energía.

Dicho de otra manera, nuestro órgano más preciado consume la misma cantidad de energía que toda nuestra musculatura en reposo. O lo que es lo mismo: un cerebro con 1,3kg de masa es capaz de consumir la misma cantidad de energía que 27kg de músculo. (en un hombre de unos 65kg).

En el mundo animal, se estima que el chimpancé consume un 13% de energía con el cerebro, el ratón doméstico un 8,5% y un mamífero medio 5%.
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