La leyenda de los Aku-Aku

La leyenda de los Aku-Aku
El moai, como gran y prototípico ejemplo de arte pascuense, ha ensombrecido en la fama popular a otra significativa muestra del arte de Isla de Pascua.

Ellos son los aku-aku. Estas estatuas representan criaturas antropomórficas algo cabezonas, y con los huesos del costillar a flor de piel, con las carnes hundidas y muy poco saludables: como una modelo anoréxica de Victoria's Secret, para que nos entendamos.

Y por supuesto, porque los antiguos tenían que inventarse un mito para todo, el Aku-Aku tiene su propia tradición.

Resulta que, según dice la leyenda, unos diablos en Isla de Pascua decidieron sacarse la ropa para dormitar una siesta. En mala hora.

Porque un mocetón pasó por ahí y descubrió a los demonios dormitando.

En particular le llamó la atención que sus cuerpos no tenían carne, y se les podían contar las costillas.

Pero otro demonio que andaba por ahí se puso a gritar y alertó a sus compañeros, que torpemente se habían quedado dormidos de manera tan inocente y en un lugar tan tonto.

Entre todos los demonios cercaron al joven, y lo intimidaron para que no hablara.

Tenían miedo, por supuesto, de que cuando se supiera lo raquítico de su contextura, los isleños les perdieran el respeto.

En concreto, los demonios le dijeron al mozalbete que fuera despidiéndose de la vida si es que se iba de lengua.

Ante tanto talento negociador, el mozalbete accedió.

Pero los demonios no eran tontos, y sabían que apenas le quitaran la vista de encima, el chico podía terminar hablando igual. De manera que lo siguieron a escondidas. Pero en un caso de yo sé que tú sabes que yo sé, el mozo no dijo una sola palabra.

Nada de nada. Nope. Niente.

Al cabo de un tiempo, los demonios se aburrieron, dieron por sentado que el joven iba a guardar el secreto, y se marcharon a cualquiera sean los asuntos que ocupen a un demonio en la Isla de Pascua anterior al Cristianismo.

Pero el individuo éste no tenía manera de saber si la vigilancia se había acabado, o si acaso los demonios estaban tomando turnos, ¿no?

De manera que siguió sin hablar, pero recurrió a un lenguaje en código: agarró un pedazo de toromiro, y sobre esta madera talló la figurilla que recordaba en la memoria, un hombrecillo desgarbado, feo y con las costillas al aire.

Acababa de nacer el primer aku-aku. De lo que se deduce que los isleños eran unos genios, porque adivinaron el significado del aku-aku enseguida: ¿de qué otra manera podríamos conocer la historia si el único testigo de la misma nunca habló...?

Volviendo al ámbito más prosaico de la realidad histórica, el historiador Jared Diamond en su libro "Colapso" ofrece una explicación alternativa más siniestra para los aku-aku.

Según la teoría prevaleciente sobre el pasado de Isla de Pascua, su civilización habría colapsado víctima de una sangrienta guerra civil provocada por la superpoblación y la escasez de recursos agrarios.

Al final, el resultado habría sido incluso el canibalismo.

Los aku-aku habrían sido así un retrato fiel de la angustia suprema vivida por los pascuenses en el ocaso de su civilización.

Aunque claro, cuesta imaginarse a un artista de la talla preocupándose por tallar un pedazo de madera en vez de, digamos, buscar ratas o algún otro bicho para echarse a la boca.

Como de costumbre, la verdad sobre este aspecto de la cultura de Isla de Pascua sigue sumida en el más penetrante de los misterios. 

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