La caída de las uñas ¿La peor parte de ir al espacio?

La caída de las uñas  ¿La peor parte de ir al espacio?
No hay duda de que realizar un viaje espacial es algo muy duro y peligroso.

A menudo, los astronautas vuelven con problemas físicos a la Tierra o, incluso, mueren a mitad del viaje.

Posiblemente, uno de los problemas más incómodos y dolorosos para los astronautas sea la caída de las uñas en todos sus dedos.

Sorprendidos, cuando vuelven de sus expediciones espaciales, muchos astronautas se dan cuenta de que han perdido sus uñas durante el viaje.

Causas e inconvenientes

Al parecer, los pesados y voluminosos guantes de los trajes espaciales son los culpables.

Éstos oprimen tanto los dedos que acaban cortando la circulación, al mismo tiempo que una potente presión oprime la punta de cada uno.

Bajo estas condiciones de extrema dureza para los dedos, realizar acciones tan simples como mover un objeto o mover una palanca se convierten en una ardua tarea que tiene como consecuencias la aparición de ampollas, rozaduras y la caída de uñas.

Alrededor de 22 astronautas ya se han quejado de que, a mitad de un trayecto espacial, se les han caído algunas uñas.

Pero la peor parte se la llevan los astronautas con las manos grandes, los cuales tienen muchísimas más posibilidades de sufrir este molesto inconveniente (por motivos obvios).

Según los expertos, es uno de los inconvenientes más molestos que deben sufrir los astronautas de forma habitual.

Estos contratiempos son tan frecuentes que, de los 352 problemas que tuvieron los astronautas entre 20004 y 20013, casi la mitad estaban relacionados con las manos y los dedos.

Y, aunque parezca mentira, estas pequeñas dificultades pueden acabar siendo muy incómodas:

En primer lugar, la separación entre las uñas y la matriz de los dedos a causa de la presión es un proceso bastante doloroso e intenso.

A primera vista, esto no es gran problema, ya que una vez se pasa esta fase el astronauta puede seguir realizando su rutina diaria. Sin embargo, los problemas no acaban ahí.

Las uñas sueltas pueden acabar clavándose en el guante o en la propia piel, lo cual sería un continuo inconveniente a la hora de hacer cualquier movimiento.

Pero, en el peor de los casos, esta uña puede abrir una herida y, por tanto, provocar una infección.

La caída de las uñas  ¿La peor parte de ir al espacio?Hay que recordar que la humedad presente dentro del guante favorecería la proliferación de una infección bacteriana tanto en la herida como en la matriz, la cual se encuentra desprotegida después del desprendimiento de la uña.

¿Solución?

Evidentemente, la solución sería crear unos guantes mejor adaptados para cada astronauta.

Sin embargo, hasta lograr una tecnología que sea capaz de eliminar todos los inconvenientes anteriormente mencionados, se ha optado por una decisión mucho más radical: Arrancarse las uñas antes de salir al espacio.

Ya son dos los astronautas que han decidido quitarse las uñas antes de partir a su misión espacial. Esta difícil decisión está más que justificada: Perder las uñas en el espacio, sin atención médica, es algo mucho peor que quitártelos en la Tierra con la seguridad adecuada.

Al fin y al cabo, prefieren prevenir que arriesgarse a sufrir algo mucho peor y peligroso para la misión espacial.

La coautora de este estudio, Dava J. Newman, advierte de la dificultad de encontrar un tipo de guantes que eviten estos problemas y, al mismo tiempo, sigan dejando libertad a los astronautas para mover las manos y los dedos:

"El guante en general es uno de los principales objetivos de la ingeniería. Después de todo, tienes casi tantos puntos de movimiento en tu mano que en el resto del cuerpo"

Peter Homer, un importante diseñador de trajes espaciales, también afirma los problemas que ocasiona el actual diseño de guantes espaciales:

"Lo que hemos descubierto es que, dependiendo del diseño del guante, existe una fuerte presión en las zonas en las que los dedos se mueven, lo cual ocasiona cortes y ampollas.

Además, el material de los guantes tiende a ser de goma, lo cual produce mucha fricción contra la piel, lo que produce ampollas de nuevo. Me sorprende que los astronautas puedan moverse a través de todo ese dolor y consigan lograr sus objetivos"

Hay que destacar que, como hemos dicho antes, estos problemas afectan mayoritariamente a los astronautas con las manos grandes. Sin embargo, la longitud de los dedos no importa, sólo afecta la envergadura.

Numerosos experimentos lo demostraron: Los astronautas con una mano de mayor grosor tenían un 20% de posibilidades de perder las uñas; por el contrario, los que tenían manos más pequeñas sólo tenían un 5% d posibilidades de perder las uñas.

Por ahora, las investigaciones están enfocadas al desarrollo de un traje espacial que resuelva este contratiempo. Peter Homer ha dado una solución bastante buena, aunque bastante cara y tediosa: Hacer los guantes "por encargo".

Es decir, cada astronauta debería llevar un diseño especial, adaptado para él. Esta alternativa es perfecta, pero requiere la construcción de manos de yeso, escaneo láser, modelado por computadora y técnicas especiales de mecanizado. Como ya supondréis, esto cuesta una cifra enorme: Alrededor de cien mil dólares por adelantado.

Para evitar este enorme gasto, Newman ha dado una solución diferente: Crear trajes espaciales más ajustados al cuerpo del astronauta.

En vez de los enormes y pesados trajes de toda la vida, quiere innovar y crear un línea de trajes espaciales enfocados en la ligereza.

El diseño propuesto por Newman es el que podemos ver bajo estas líneas. Según ella, este traje todavía no está listo para usarlo en aplicaciones prácticas, pero en unos diez años se podrá usar para los viajes espaciales sin ningún problema, dotando a los astronautas de mayor flexibilidad.

Por desgracia, a día de hoy la única solución es arrancarse las uñas a propósito. Sea como sea, aunque las investigaciones se muevan por diferentes caminos, Newman ha dejado muy claro el objetivo:

"Quiero que los astronautas que usen guantes espaciales trabajen con ellos, no contra ellos"

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