¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?


¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?. ¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?. 

En primer lugar es obvio que tiene buen sabor, en general nos gusta la comida por su sabor, pero otra de sus características igualmente importante para que nos guste este tipo de comida es su alto contenido energético.

Estamos adaptados para preferir comida calórica.

El aumento del tamaño del cerebro en la evolución humana trajo consigo la necesidad de aportarle una mayor cantidad de energía y la forma de conseguirlo fue comiendo alimentos más energéticos y menos costosos de digerir.

El sabor de la comida calórica activa nuestros mecanismos de recompensa, es decir la parte del sistema nervioso central que enlaza los grupos de neuronas que producen sensaciones intensas de placer y satisfacción.

Curiosamente, el cerebro es sensible al alto contenido energético de la comida, ratones insensibles al sabor dulce prefieren agua azucarada frente a agua edulcorada, estamos adaptados para detectar los alimentos más calóricos independientemente de su sabor.

En las sociedades avanzadas vivimos en un entorno de abundancia de comida basura, el sobrepeso y la obesidad son prácticamente epidemias.

Pero el hecho de disponer de grandes cantidades de comida apetecible no justifica que la comamos casi sin control.

Hay un elemento adicional que tiene la comida basura y que la hace parecida a las drogas de abuso, que tiene mucho que ver con los circuitos de recompensa del cerebro.

El hecho de saborear la comida aumenta los niveles de dopamina en una región del cerebro llamada nucleus accumbens implicada en el procesamiento de la recompensa, comer nos causa placer y esta respuesta de nuestro cerebro está regulada mediante el neurotransmisor dopamina.

Pero, ¿cuánta comida activa esta recompensa? depende de dónde se sitúe el umbral de sensibilidad del sistema.
¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?
Hay casos en los que ésta es baja por razones genéticas, se produce menor cantidad del receptor de dopamina D2R que provoca una disminución del efecto de la dopamina en el nucleus accumbens, de modo que se siente menos placer como respuesta a la comida.

En estos individuos la activación de este circuito requiere más comida y que ésta sea más calórica, de modo que esta deficiencia genética está asociada con el aumento de peso a largo plazo.

En un reciente artículo publicado en Nature Neuroscience se muestra cómo el acceso a la comida basura y por lo tanto la sobrealimentación embota la sensibilidad del circuito de recompensa en ratas.

Estudian ratas a las que se expone a comida basura durante todo el día y que sólo pueden comer pienso.

Las ratas que pueden comer mal, lo hacen cada vez que pueden, convirtiendo la comida basura en su principal fuente de calorías, aunque puedan comer su pienso mucho más saludable, eligen la comida basura consiguiendo un importante y esperado sobrepeso y reduciendo su actividad física, mientras sus compañeras que sólo pueden comer pienso se mantienen delgadas y activas.

Lo interesante es que las ratas que más comida basura ingieren cambian su estructura cerebral en el nivel molecular, tienen menos receptores D2R, de modo que necesitan comer más para satisfacerse.

Más aún, en experimentos en los que se disminuye artificialmente el número de receptores D2R de ratas mediante el empleo de virus, el aumento del umbral de recompensa sólo se produce en los individuos que comen comida basura, la cantidad de D2R por sí sola no es suficiente para inducir baja sensibilidad a la recompensa.

Además los animales que han probado la comida basura soportan corrientes eléctricas para poder comer más, a diferencia de los animales que nunca la han probado, y rehusan volver a comer su pienso habitual después de haber sucumbido al placer de las calorías.

Comer comida basura puede incidir en la plasticidad del cerebro, haciendo a los individuos más vulnerables a los comportamientos compulsivos, dado que la menor cantidad de D2R en personas obesas está relacionada con un metabolismo reducido en las áreas corticales prefrontal y orbitofrontal, responsables del control inhibitorio sobre el comportamiento.

La obesidad y la adicción a drogas parecen surgir del mismo tipo de respuesta de adaptación de los sistemas de recompensa del cerebro.

Este estudio muestra cómo el sobrepeso y la obesidad pueden ser prevenidos si tenemos presente por un lado que el abuso de la comida basura y por tanto los problemas de salud asociados no están siempre determinados genéticamente; el simple hecho de comer comida basura la hace más irresistible, de modo que cada persona tiene el control de lo que come.

Por otro lado debemos eliminar la simplificación de que el sobrepeso y la obesidad son cuestiones de fuerza de voluntad, cuando se está habituado a comer mal se desarrolla una adicción y la fuerza de voluntad por sí sola no basta.

¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?

Light también engorda

No hemos cambiado mucho en los últimos 40000 años más o menos -si excluimos el desarrollo cultural- lo que significa que nuestro cuerpo está adaptado a un entorno natural en el que la escasez de recursos era la principal característica. 

La comida no abundaba ni mucho menos y había que hacer grandes esfuerzos para conseguirla.

La comida nos proporciona la energía que necesitamos para vivir, de modo que estamos adaptados para desearla de una forma muy simple, obtenemos placer comiendo a través de la experiencia de los sabores, que en el fondo son una indicación de la energía que contiene el alimento.

Pero nuestro entorno ha cambiado mucho, lo hemos cambiado nosotros y lo hemos hecho demasiado rápido, nuestro cuerpo no se ha adaptado a este nuevo entorno y sigue reaccionando como lo hacía hace decenas de miles de años.

Una de las cosas que ha cambiado es la disponibilidad de la comida, ahora no tenemos que hacer grandes esfuerzos para obtener grandes cantidades de comida en las sociedades autodenominadas desarrolladas, pero seguimos con el mismo afán por comer.

Hay otro cambio que puede ser más importante, además de más comida, ahora la hacemos más densa en energía, lo que significa más apetitosa, y el resultado final como ya sabemos es que engordamos y mucho, la obesidad se asume como epidemia y el sobrepeso es tan común que está completamente normalizado en nuestras sociedades, de hecho a veces los “raros" son los que tienen un peso “normal".

Cuando nos damos cuenta de que disponer de demasiada comida sabrosa (densa en energía) es un problema porque acabamos comiendo demasiado, optamos por solucionarlo de dos formas distintas.

Por un lado tratamos de evitar comer esta comida, lo que supone un esfuerzo de disciplina constante y navegar contracorriente, uno tiene poco menos que mirar con lupa las etiquetas en el supermercado y resistir muchas tentaciones que la industria alimentaria nos pone por delante.

En el fondo si comemos más es porque compramos más, ellos ganan. La otra opción nos la brinda la misma industria, siguiendo la lógica de separar sabor y contenido energético, que la naturaleza se empeñó en asociar.

Tomemos un ejemplo, los refrescos y su versión light. Un refresco tiene mucho azúcar, por eso está tan bueno, pero ya tenemos asumido que no debemos comer tanto azúcar… pero están tan buenos…

La solución que se nos propone es comer un azúcar falso, una sustancia que sea tan dulce o más que el azúcar, pero que no podemos metabolizar, no podemos romper sus enlaces y usar su energía, tenemos refrescos dulces (sabrosos) y sin calorías. ¡Problema solucionado! podemos seguir disfrutando (y comprando).

¿Sí?.

Examinemos la cuestión desde otra perspectiva.Aprendemos muy pronto en nuestra vida que el dulzor de un alimento es indicativo de su contenido calórico, desde el primer contacto con la leche materna.

Desarrollamos la habilidad de usar el dulzor para predecir el contenido energético de la comida, nuestro cerebro de hace 40000 años está afinado para buscar ese escaso tesoro energético, y nos anticipamos y preparamos para su digestión y el aprovechamiento de la energía mediante sistemas hormonales, termogénicos y metabólicos que activa el cerebro simplemente al saborear el dulce.

Esta habilidad de predecir si una comida tiene muchas o pocas calorías nos sirve ademas para realizar los ajustes necesarios que nos evitarán acumular el exceso de energía como grasa, en definitiva al saborear algo dulce nos preparamos para extraer y consumir esa energía extra.

¿Qué consecuencias tiene engañar engañar al cerebro con azúcar falso?.

Esto es lo que se preguntaron Susan Swithers y Terry Davidson de la Universidad de Purdue, EEUU.

El experimento planteado es sencillo, ratas de laboratorio expuestas a yogur endulzado con azúcar (más calóricos) o edulcorado con sacarina (menos calóricos) durante cinco semanas.

En los yogures calóricos el sabor dulce sirve para predecir correctamente que la comida es energética, en cambio las ratas que comían yogur con sacarina eran las engañadas.

La hipótesis que se evalúa en este trabajo es que dado que el condicionamiento pavloviano (dulce = energía) contribuye al control de la ingesta de comida energética, cuando se perturba este condicionamiento la regulación de la energía que se consume es menos eficaz.

El resultado, sencillo: al engañar al cerebro se pierde la eficacia el sistema de regulación de la energía que se ingiere, los efectos visibles son aumento de peso y aumento de la proporción de grasa corporal.

Los autores sugieren el consumo de productos edulcorados artificialmente como una causa de sobrepeso y obesidad.

La conclusión que podemos extraer es que bebiendo refrescos light confundimos al cerebro sobre la cantidad de energía que estamos tomando, el dulzor ya no significa nada, perdemos la conexión con las necesidades energéticas de nuestro cuerpo, en lugar de comer para satisfacer el hambre, tendemos a comer y comer.

¿Qué sucede en tu cuerpo una hora después de comer una Big Mac?

La Big Mac es uno de esos platos de comida rápida que no necesita presentación, ya que se trata del plato estrella de una importante compañía alimentaria de comida rápida (lo llamamos “comida” por llamarle de alguna forma).

Dicho “plato” contiene la friolera de 540 calorías en total, donde 25 g son grasa, sin contar patatas fritas ni refresco asociado, lo que representaría una cuarta parte de las calorías necesarias para un individuo medio y más del 40% de la grasa total diaria recomendada; junto a los nada desdeñables 940 miligramos de sal (lo recomendado son 1.500 mg diarios, y casi los cumplimos de un bocado).

Sabemos que es un tipo de alimento perjudicial, pero solo en EE.UU. 50 millones de personas usan los restaurante de comida rápida.

Ahora bien, ¿qué sucede después de comer una Big Mac? Así reacciona nuestro cuerpo, según una reciente infografía publicada por Fast Food Menu Price.

¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?
El refresco diseñado para darnos el placer del dulce sin preocupaciones consigue que engordemos.


Tras 10 minutos de comer una Big Mac: Sus 540 calorías aumentan el azúcar sanguíneo a nivel cerebral superando los niveles normales corporales según la infografía, aunque esto es muy relativo pues nuestro cuerpo suele regular bien los niveles de glucosa por si solo (a menos que lo ataquemos con transgresiones dietéticas de este tipo cada día). 

Asimismo, también aumenta la secreción de neurotransmisores como la dopamina, activando el circuito de recompensa cerebral y proporcionándonos placer.

Tras 20 minutos de comer una Big Mac: Diez minutos después, otros ingredientes de la hamburguesa como la fructosa de jarabe de maíz y el sodio contribuyen a esta sensación de placer cerebral, inclinándonos a repetir el comportamiento de consumo próximamente.

Tras 30 minutos de comer una Big Mac: Tras media hora, las grandes cantidades de sal de la Big Mac empiezan a hacer efecto, dando lugar a una sensación de deshidratación que muchas veces confundimos con el hambre, por lo que no es raro desear más comida en este punto.

Evidentemente menos de un gramo de sal de golpe no da lugar a deshidratación como indica la infografía, pero la sensación existe. Hay que ir con cuidado de todas formas.

Tras 40 minutos de comer una Big Mac: Por su lado, la descontrolada cantidad de azúcar en sangre en estos momentos hace que nuestro cuerpo sea incapaz de controlar la situación; se liberará insulina, reduciendo los niveles de azúcar, y en consecuencia se notará esa sensación de hambre paradojica.

Tras 60 minutos de comer una Big Mac: La infografía afirma que tardamos hasta 3 días en digerir una Big Mac. Normalmente los alimentos grasos tardan mucho en digerirse, y 24-72 horas no es raro, pero más de 3 días es un poco exagerado. 

Nos vuelven a nombrar las peligrosas grasas trans (las cuales ocupan 1,5 g de la grasa de un Big Mac) y que tardan más de un mes en digerirse totalmente según el estudio.

Aunque haya alguna que otra exageración en esta imagen, una cosa está clara: NO hay que abusar de la comida rápida, y si podemos evitarla totalmente, mucho mejor.


¿Cuál es la comida más adictiva?


¿Alguna vez os habéis parado a pensar cuál es la comida más adictiva? Está claro que sana no es. 

¿Qué hace tan apetitosa a la comida basura?La vida es así, lo que no mata engorda y lo que es bueno para la salud no apetece, pero entre tanta variedad de comidas hipercalóricas resulta difícil adivinar cuál es la que más fuerzas de voluntad puede destruir. 


Los alimentos procesados y las drogas de abuso  

Según estos investigadores, los alimentos procesados y ricos en grasas o carbohidratos refinados tienen bastantes más cosas en común con las drogas de lo que nos pensamos. Principalmente, comparten propiedades farmacocinéticas como las dosis concentradas y la rápida absorción por parte del organismo. 

Por eso, activan en el cerebro los mismos sistemas de recompensa asociados a la dopamina, que son los responsables principales de las adicciones. 

Así, cuando comemos o consumimos algún tipo de droga, nuestro cerebro produce altas dosis de este neurotransmisor, que nos hacen sentir sensación de bienestar y nos invita a seguir consumiendo la sustancia que nos ha creado ese chute de placer. 

 Esto lleva a una pérdida de la capacidad de control sobre el consumo, sin reflexionar sobre los efectos negativos que éste podría acarrear. 

 Como consecuencia, en el caso de la adicción a la comida, las personas que la presentan acabarían desarrollando trastornos como la obesidad y sus enfermedades asociadas. 


Un estudio para evaluar el alimento más irresistible  

Además de analizar las relaciones entre la comida y las drogas de abuso, estos investigadores también realizaron una encuesta en la que invitaban a 120 voluntarios a comparar pares de alimentos de consumo habitual según cómo de irresistibles les parecían. Además, se les ordenó según su sexo y su índice de masa corporal. 

El sexo resultó no marcar ningún tipo de diferencia, mientras que los voluntarios con mayor índice de masa corporal mostraron comer de una forma más compusliva. 

En cuanto a los alimentos , como cabía esperar, los que tuvieron puntuaciones más altas fueron los ricos en grasas y con mayor carga glucémica. 

Sin embargo, no parecía haber un claro ganador, por lo que procedieron a realizar una nueva encuesta, con un número mayor de sujetos, concretamente 384. 

Se les hizo evaluar del 1 al 7 una lista de alimentos y, en este caso, sí que hubo un plato que ganó con diferencia a todos los demás: la pizza. 

Este suculento plato hipercalórico fue seguido por el chocolate y las patatas fritas, que compartieron el segundo puesto con una puntuación similar. Básicamente ésta es la alimentación de mis fines de semana y seguro que también de muchos de los vuestros, así que por algo será. 

Un dato curioso del estudio es que el agua obtuvo una puntuación más alta que algunas verduras; aunque, si lo pensáis bien, puede que no resulte tan sorprendente que sea más habitual hincharse de agua que de zanahorias.

Así que, según este estudio, la pizza sería el alimento más adictivo de todos. Y yo no sé a vosotros, pero a mí me están dando unas ganas terribles de comerme una. Una más y me paso una temporada sin comerla, prometido.

En cuanto al problema de que el azúcar sea adictivo, es importante aclarar que cuando se habla de adicción se refiere a la dependencia física a una sustancia como es el caso del alcohol o las drogas, la cual produce síntomas específicos por su ausencia o retiro. 

El azúcar no produce síntomas de retiro cuando una persona lo deja de consumir, razón por la cual no se puede considerar adictiva. Nuestra preferencia por los sabores dulces se debe esencialmente a hábitos adquiridos durante la infancia lo cual no hay que confundir con una adicción.

Sin embargo, un estudio de la Universidad de Princeton asegura que el azúcar puede crear adicción. El estudio llevado a cabo en 2002 demostró asimismo que si se acostumbraba a los ratones a una dieta de agua y azúcar y luego se les privaba de la misma por espacio de 12 horas, los roedores acusaban un síndrome de abstinencia similar al de los alcohólicos.

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