Amamantar la microbiota

Amamantar la microbiota
Hoy en día está universalmente aceptado que la leche materna es el mejor alimento para un bebé.

Esta afirmación se intuye sin que sea necesario ningún análisis.

Somos mamíferos y como tales en el primer periodo de nuestra vida somos lactantes.

Estamos adaptados evolutivamente para usar la leche materna como alimento y no solo en un plano físico, sino que el mamar, más bien el contacto físico con la madre (y por lo tanto también su ausencia) tiene consecuencias.

Compartimos esta característica con el resto de mamíferos, pero también podemos ver el alto grado de acoplamiento entre la producción de leche y la biología del bebé comparando la lactancia entre especies.

En conejos, el comportamiento que ha supuesto un éxito evolutivo es que la madre no permanezca constantemente junto a las crías, presumiblemente porque estando separada de la madriguera su olor no atraerá a los depredadores para que se den un festín con las crías.

La madre visita la madriguera a ratos y las crías están adaptadas a mamar rápido y a estar solas.

En cambio los primates (nosotros) necesitamos contacto físico constante, así que nuestra leche tiene menor concentración de nutrientes y se digiere muy rápidamente.

El bebé humano (y el chimpancé y gorila) mama muy a menudo y pide estar literalmente enganchado a alguien.

Resulta que este comportamiento nos resulta incómodo.

Despertarse cada pocas horas para dar el pecho y casi no poder soltar a nuestro hijo recién nacido en la cuna, es algo que no se suele llevar bien.

Por no decir de quienes incluso ven como obsceno que una madre amamante a su hijo cuando éste lo pide, sí también en público.

Para ese tipo de personas no tengo palabras, lo mejor que puedo pensar es que son completos ignorantes.

Nuestra biología sigue vigente, no me parece inteligente ir contra ella ni siquiera con armas culturales como la costumbre, la razón o la religión.

Hay evidencia científica para todo lo que he expuesto aquí, aunque en esta ocasión me permito no señalar las referencias.

Lo que quiero mostrar en este post es un ejemplo más, muy sutil, que muestra el perfecto acoplamiento entre la leche materna y el lactante.

La leche materna está tan adaptada a las necesidades del bebé que incluso alimenta y dirige el desarrollo del órgano del que menos conocemos, me refiero al conjunto de bacterias que pueblan nuestro intestino, el microbioma intestinal.

La lactancia en las personas es el resultado de 200 millones de años de evolución. Estamos adaptados a que la leche materna sea la única fuente de alimento del bebé durante los primeros meses de vida.

Aunque a estas alturas la idea de que la leche materna es buena ha calado en nuestra sociedad, conviene repasar un poco porqué es el único alimento que debería elegirse en circunstancias normales para un bebé.

Sabemos que la leche materna proporciona al bebé una gran diversidad de sustancias que actúan sobre su crecimiento, sobre el desarrollo de su sistema inmune y de su sistema nervioso.

Además actúa como protección frente a toxinas y enfermedades infecciosas, y quizás el efecto más sorprendente es que dirige la creación y el desarrollo de la una combinación óptima de bacterias intestinales.

La leche materna contiene un amplio y complejo repertorio de azúcares que el bebé no puede digerir.

Su función no es alimentarlo directamente, sino favorecer el crecimiento de unas bacterias concretas y evitar que otras bacterias nocivas prosperen en el intestino, dirigiendo de este modo el desarrollo de uno de los órganos humanos más importantes.

Me parece conveniente poner énfasis en que las leches artificiales tratadas para que se parezcan a la leche humana (maternizadas) no son más que una pobre imitación.

La industria lleva varias décadas tratando de obtener un preparado sintético que sea tan bueno como la sustancia natural, pero cada vez se van descubriendo aspectos nuevos sobre el original que nos hace ver lo importante y fundamental que es.

La imitación siempre va por detrás, aunque se publicite lo contrario.

Esta carrera sería lógica si el original fuese muy escaso y de difícil obtención, entonces obtener aunque sea una copia mala valdría la pena.

En ese supuesto no haría falta mentir diciendo que la copia es igual o mejor que el original, puesto que todo el mundo sabría que el original no se puede tener y que la copia es lo mejor que podemos hacer.

Este supuesto está muy lejos de la realidad.

La leche humana original es gratis y todas la madres producen la cantidad que sus bebés necesitan, ya que su producción está controlada principalmente por la succión del bebé.

En la realidad, lejos del supuesto imaginario, se necesita mentir y engañar para vender el sucedáneo y hacer que éste sea preferible a la leche real, de fácil preparación y de obtención a coste nulo.

Este es el engaño al que estamos sometidos, en parte por nuestra ignorancia durante décadas sobre la composición y propiedades de la leche.

En parte por nuestra falta de perspectiva evolutiva, ya que el razonamiento de que si la madre produce leche para el bebé es porque el bebé necesita la leche de su madre y no la de otro animal, es muy simple y muy evidente.

Finalmente en parte es porque el sucedáneo se puede vender y hay gente que gana dinero, también se puede comprar y esta acción de comprar para satisfacer una necesidad está muy bien grabada en nuestra mente de consumidores.

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Imagen cortesía de muskva
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