Esas naves del lago de Nemi


Esas naves del lago de Nemi Muchos potentados, millonarios o gentes pudientes en general suelen adquirir carísimas posesiones con las que intentan gritar a todo el mundo lo afortunados y poderosos que se supone que son.

Carros caros, mansiones o, por supuesto, gigantescos y muy lujosos yates. Claro que esta costumbre no viene de ahora y parece casi una enfermedad que ha afectado a lo largo de la historia a demasiados personajes de opulentas costumbres.

Uno de los casos más sobresalientes en todos los sentidos fue Calígula, emperador romano del siglo I sobradamente conocido por sus locuras y excentricidades.

Cerca de Roma puede encontrarse el pequeño lago de Nemi, no lejos del lago Albano. Es un lugar agradable, rodeado de bosques, pero por lo demás el paisaje no difiere mucho del resto del Lacio. Ahora bien, bajo las aguas de este lago se guardaba un secreto con casi dos milenios a sus espaldas.

Fuentes antiguas mencionan la presencia en el lago de dos gigantescos barcos de recreo que fueron construidos por orden de Calígula, propietario de una villa de recreo en las cercanías.

Con el paso de los siglos la historia se transformó en leyenda, los lugareños hablaban de tesoros sumergidos y de la presencia de fantasmales restos en el lago.

Estos dos ingredientes, las citas antiguas y los relatos locales, eran más que suficientes como para alimentar la atención de los aventureros. Ya en el siglo XIX se organizaron varios intentos para rescatar lo que allá abajo pudiera encontrarse aunque los resultados fueron bastante pobres.

Sin embargo, los escasos restos recuperados indicaban que, en efecto, el lago de Nemi guardaba un sorprendente secreto.

En el salto entre siglos el gobierno italiano consultó a ingenieros y militares la posibilidad de recuperar lo que, al parecer, eran dos grandes buques.

A partir de entonces el proceso de recuperación llamó la atención de la prensa mundial durante varias décadas. En el número 532 de Madrid Científico, año 1906, apareció un amplio reportaje obra de Juan Redondo, médico de la Armada, en el que trataba sobre las galeras de Tiberio y Calígula, ilustrado con una imagen procedente de Scientific American:

En las profundidades del lago Nemi, envueltas en el lodo que forma su fondo, hállense enterradas dos embarcaciones famosas, que vienen a ser al cabo de veinte siglos un testimonio evidente de la suntuosidad y el lujo con que vivían los emperadores romanos. (…)

Según asegura el profesor Ginria en un interesante folleto que acaba de publicar, el arzobispo León Alberti intentó explorar (…) el lago a principios del siglo XV.

El buceo se hizo de la manera rutinaria que entonces era posible hacerlo por falta de medios auxiliares adecuados y la empresa se malogró sin que su iniciador obtuviese de ella los pingües beneficios que se prometía.

Un siglo más tarde, el ingeniero francés De Marchi, concibió y llevó a término la exploración sistemática del fondo del lago.

Sus trabajos no fueron tan infructuosos como los del arzobispo. (…) Deslumbrado por las visiones fantásticas que le sugería su exaltada imaginación, trazó primorosos dibujos de cómo debía ser la galera de Caligula, y ayudado en esta obra de restauración ideal por un grabador flamenco no menos poeta que él, dio a conocer a la Europa culta la famosa nave de aquel Emperador romano que elevaba a las más altas dignidades a sus bestias favoritas.

De entonces acá han pasado los años sin que nadie intentase explorar seriamente las aguas del lago. De vez en cuando se extraía de ellas algún objeto de arte que mantenía vivo el interés de los anticuarios y de los codiciosos, pero que no tenía fuerza bastante para despertar el deseo de reanudar las exploraciones de una manera ordenada.

Eliseo Borghi ha sido el primero que en nuestros tiempos ha reanudado la empresa, utilizando los medios que la ciencia y la industria ponen hoy en manos de los que tratan de explorar las profundidades acuáticas de una manera metódica y ordenada.

Borghi ha utilizado para la realización de su propósito unos cuantos buzos, que comenzaron por fijar con exactitud la situación de las galeras, midiéndolas y examinándolas cuidadosamente.

De las dos se extrajeron herrajes, bronces, trozos de madera, anclas y objetos de adorno de distintas especies. Con arreglo a las mediciones hechas por ellos, resulta que la mayor tenía 64 metros de largo y 24 de ancho, y la más pequeña 60 y 19,5 respectivamente.

Como las embarcaciones empleadas en empresas militares eran entonces mucho mas pequeñas, es lógico suponer que aquellas naves no tenían por objeto conquistar laureles venciendo en sangrientos combates a los enemigos del imperio. En ellas se disfrutaba de las dulzuras y deleites de la paz, y no de las incomodidades y peligros de la guerra.

Eran mansiones flotantes construidas para gozar de las embriagueces del vino y del amor, y no de las angustias y tormentos de las acciones navales.

El sonido de los vasos de plata y de oro, llenos de vinos aromáticos que inundan de alegría el alma, debió oírse a cada momento al chocar unos contra otros…

Todavía tuvo que pasar mucho tiempo hasta que los barcos volvieron a emerger o, mejor dicho, hasta que el agua descendió hasta el nivel de recuperación.

En 1927, calculando que el paso de los siglos ya habría causado tantos daños en la estructura de las naves que sería imposible elevar sus restos desde el fondo, Guido Ucelli, bajo órdenes de Mussolini, empleó recursos militares e industriales para reactivar un antiquísimo acueducto imperial y drenar el lago.

Tal y como se narraba en la madrileña revista Alrededor del mundo en su edición del 26 de octubre de 1929:

Recuperar las famosas naves romanas de Calígula, sumergidas desde hace veinte siglos en el lago de Nemi, parecía un sueño irrealizable.

Sin embargo, hoy el sueño se va convirtiendo en realidad. Por medio de una poderosa instalación de bombas eléctricas accionadas para el parcial agotamiento del lago, el nivel de las aguas desciende diariamente unos diez centímetros, haciendo que se vea ya una de las dos naves.

El hacer descender las aguas del lago se hace llevándolas temporalmente a un pantano construido artificialmente. Una vez sacadas las dos naves, las aguas serán nuevamente llevadas por una cañería al mismo lago…

De esta forma, en el verano de 1931 se recuperó el primer barco. El segundo tuvo que esperar al otoño de 1932, momento en el que los restos fueron preparados para habitar con toda pompa y honor en un museo propio inaugurado en enero de 1936.

Bien, y si esta proeza de la técnica y esos grandes barcos imperiales fueron recuperados, ¿por qué no son hoy día una de las atracciones arqueológicas más importantes de toda Italia?

La triste realidad es que, tras superar la prueba del tiempo y llegar casi hasta nosotros, los navíos fueron quemados durante la Segunda Guerra Mundial por soldados alemanes en retirada la noche del 31 de mayo de 1944. Un triste final para un tesoro sin igual.

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 Imagen de los restos de una de las naves (Imagen de los años 30). 

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Fuente:  http://www.alpoma.net/tecob/?p=2860#more-2860 
| Me he animado a escribir este artículo siguiendo una pista de Atlas Obscura | Imagen superior: el lago de Nemi en una pintura de John Robert Cozens (h. 1777).  Wikimedia Commons

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