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El rayo de la muerte de Nikola Tesla

El rayo de la muerte de Nikola Tesla
Fotografía de doble exposición de Carl Willis y Marc Seifer, con Nikola Tesla en su laboratorio de Colorado (1900)

En las primeras décadas del siglo XX, la idea de transmitir energía eléctrica por el aire para olvidar las líneas de conducción convencionales tenía una fuerza que, hoy día, nos puede parecer sorprendente.

No sólo era Nikola Tesla quien hablaba de ello y llevaba a cabo intrigantes experimentos (un día de estos me sentaré a escribir con detalle sobre su “energía radiante”).

El artefacto, que comenzó a proyectarse durante la I Guerra Mundial, fue definido como un arma de «60 millones de voltios, muerte y exterminio a 400 km de distancia», capaz de liquidar a «un ejército de un millón de hombres»

«En Nueva York acaba de fallecer el inventor del “rayo de la muerte” Nikola Tesla a los 86 años de edad.
Como se recordará, el invento de Tesla estaba especialmente dedicado contra la Aviación»,anunciaba ABC, en una pequeña reseña, el 10 de enero de 1943.

Este ingeniero nacido en el Imperio austrohúngaro afincado en Estados Unidos, al que la prensa de la época se refería como un «genio», como el «gran fabricante de maravillas», el «ilustre electricista» o el «prestigioso hombre de ciencia», no goza hoy, sin embargo, de toda la fama que debería.

El rayo de la muerte de Nikola Tesla
El padre de Tesla

Su nombre no suele figurar en las listas de los mayores inventores de la historia, a pesar de que entre sus creaciones, muchas de ellas importantes para el desarrollo de la humanidad, figuran por ejemplo la radio FM (falsamente atribuida a Marconi), el control remoto, los primeros robots, las bujías, las luces fluorescentes, la telegrafía sin hilos, la bombilla o aplicaciones tecnológicas de todo tipo por las que puede ser considerado uno de los promotores más importantes del nacimiento de la electricidad comercial.

El rayo de la muerte de Nikola Tesla
Tesla a los 23 años

Entre los más de 700 inventos patentadosque le atribuía ABC, el nombre de Nikola Tesla en la actualidad suele asociarse, principal y quizá injustamente, a este «rayo de la muerte» mencionado en su necrológica.

Comenzó a proyectarlo durante la Primera Guerra Mundial y ya en 1917 la prensa se hacía eco de él. Según la revista «Madrid científico», éste podía «emitir, a través del aire, una onda eléctrica que haga estallar a gran distancia los explosivos del enemigo».

«Puede afirmarse casi con seguridad –declaraba Tesla a la misma revista–, que esta es la última guerra en que la pólvora y los explosivos decidirán la lucha. La guerra futura se hará por medio de la electricidad. El cañón resultará impotente para el arma del porvenir. Se ha llegado al límite».

El rayo de la muerte de Nikola Tesla

El proyecto «mortal» de Tesla –también conocido como «rayo de telefuerza»– seguía adelante, y en la década de 1920 el ingeniero declaraba que estaba diseñando una torre que podía lanzar un gigantesco rayo de partículas ionizadas, capaz de desintegrar un avión a más de 330 kilómetros de distancia y hacer desaparecer a la gente como si de hormigas se tratara.

Supuestamente, esta disparabarayos de 60 millones de voltios, capaces de volatilizar el acero, aunque su efectividad se vería mermada en las largas distancias por la curvatura de la Tierra.

«Muerte, fuego y explosión»
La transmisión de grandes cantidades de energía sin necesidad de conductores era un campo en el que Tesla llevaba trabajando más de 20 años con mucho éxito, y ya en 1917, durante la Primera Guerra Mundial, se había atrevido incluso a sugerir que si desvelaba detalles de su megaproyecto, los combatientes podrían aprovecharlos para «aumentar el horror» de sus enemigos.

Pero adelantaba, de todas formas, que con sus aplicaciones se podría provocar «la muerte, el fuego y la explosión, causadas a distancia por medio de máquinas silenciosas». «Ese día –concluía seguro de sí mismo– acabarán las guerras».

La primera gran guerra, sin embargo, no acabó hasta 1918. El proyecto de Tesla, que corría de boca en boca, no se había llevado a la práctica.

Sin embargo, en la prensa de 1934, el «rayo de la muerte» parecía ya una realidad, que «El siglo futuro» definía como un arma de «60 millones de voltios, muerte y exterminio a 400 kilómetros de distancia», y la revista«Blanco y Negro» como un artefacto capaz de «exterminar a distancia un ejército de 1.000.000 de hombres».

Con toda esta apocalíptica propaganda, Nikola Tesla se empeñó en defender el valor científico de su obra más allá del militar, definiéndola como «la mayor ayuda que tiene la causa de la paz internacional, porque, empleando la transmisión de energía por el aire, cada nación de la tierra se hará inexpugnable a las invasiones».

Creía Tesla que si entregaba este «rayo de la muerte» a cada país para que lo utilizase como arma defensiva, terminarían las guerras que tanto odiaba. Una especie de equilibrio basado en la fuerza, como el que se daba en la Guerra Fría.

Pero subrayaba, además, las increíbles ventajas que traería en terreno comercial e industrial, revolucionando los sistemas de producción y transporte.
Segunda Guerra Mundial

Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, la prensa se volvió a hacer eco del proyecto del «rayo de la muerte», que en ocasiones también ha sido atribuido a otros científicos e inventores.

Pero lo cierto es que jamás se llevó a la práctica, pues la mayor parte de los esquemas y planos sólo existían en la cabeza de Telsa, de tal forma que cuando murió de un ataque al corazón en 1943, se conocían muy pocos datos importantes del proyecto de este candidato, junto a Thomas Edison, de Premio Nobel.

Aun así, Hoover y el FBI confiscaron todos sus efectos personales y los pusieron a buen recaudo, por pura seguridad… alimentando, eso sí, la imaginación de muchos autores de ciencia ficción.

Los otros inventos de Nikola Tesla

Nikola Tesla fue un personaje muy famoso cuyos inventos eran recogidos por la prensa de la época, que a veces los calificaba de verdaderos avances para la humanidad y otras de auténticas locuras.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la revista «Madrid Científico» informaba, por ejemplo, de que Tesla «acababa de fabricar la luz diurna artificial».

«El Día» que estaba «haciendo experimentos con un aparato telegráfico de su invención, con el cual esperaba transmitir hasta 2.000 palabras por minuto, sin necesidad de hacer uso de hilos ordinarios».

 «El Mundo Naval Ilustrado» que podría «transformar la fuerza del Niágara en energía eléctrica, transportable sin necesidad de hilos hasta París», o manejar un barco «desde la costa a voluntad (…) sin necesidad de tripulantes ni conductores metálicos», o, entre otros muchos, la revista «Alrededor del mundo», que destacaba varios inventos de Tesla como «el proyecto de emplear el sol como fuerza para accionar los motores de las fábricas, de los trenes, de los vapores» o uno de los más fascinantes que llamaba la ««telegrafía visual», es decir, un aparato con el que «no se tiene más que mirar en el receptor de un teléfono ordinario para ver la cara y todo cuanto rodea a la persona con quien se está hablando al otro extremos de la ciudad o en otra población distante».

Proyectos, en fin, para un futuro que, durante aquellos años, debía parecer pura ciencia ficción.

Nikola Tesla nació como un súbdito del Imperio Austro-Húngaro en 1856 en una zona montañosa de la península de los Balcanes conocida como Lika. Su padre, Milutin, y su madre Djuka, fueron de origen serbio. padre de Tesla era un sacerdote ortodoxo severo pero amoroso, que era también un talentoso escritor y poeta.

A temprana edad, Tesla se sumergió en la biblioteca de su padre. madre de Tesla era una mujer trabajadora de muchos talentos que ha creado aparatos para ayudar con las responsabilidades del hogar y de la granja. Uno de ellos era un batidor de huevos mecánico. Tesla atribuye todos sus instintos la invención de su madre.

Tesla empezó su educación en el hogar y más tarde asistió a gimnasio en Carlstadt, Croacia sobresalir en sus estudios a lo largo del camino. Una primera señal de su genio, era capaz de realizar el cálculo integral en su mente, lo que llevó a sus profesores a pensar que estaba engañando.

Durante este período los jóvenes "Niko" vio un grabado de acero de las Cataratas del Niágara. En su imaginación apareció una gran rueda de agua que se volvió por la catarata de gran alcance.

Él le dijo a un tío que iba a ir a Estados Unidos un día y capturar la energía de esta manera. Treinta años más tarde, hizo exactamente eso.

A pesar de su temprana la creatividad, Tesla no se empezó a pensar en sí mismo como un inventor, hasta que era un adulto joven.

Apasionado por las matemáticas y las ciencias, Tesla tenía su corazón puesto en ser ingeniero, pero fue "constantemente oprimidos" por la insistencia de su padre que entrar en el sacerdocio.

A la edad de diecisiete años, Tesla contraído el cólera y la astucia que se exija una concesión importante de su padre: el mayor Tesla prometió a su hijo que si sobrevivía, se le permitiría asistir a la famosa

Escuela Austríaca Politécnica de Graz para estudiar ingeniería. deseo de Tesla se convirtió en una realidad.

En la escuela Politécnica de Tesla comenzó sus estudios en ingeniería mecánica y eléctrica. Un día, un profesor de física demostró la clase de Tesla, una nueva dinamo Gramme que-mediante el empleo de corriente continua, puede ser utilizado como un motor y un generador.

Después de ver por un tiempo, Tesla sugirió que podría ser posible para acabar con un conjunto de conexiones ineficientes provocando conocido como conmutadores. Esto, a su profesor divertía dijo, sería como construir una máquina de movimiento perpetuo! Ni siquiera Tesla podría esperar lograr tal hazaña.

Para los próximos años el reto obsesionado Tesla, que instintivamente sabía que la solución estaba en corrientes eléctricas que se alternaban.

No fue hasta la edad de veinticuatro años, cuando Tesla vivía en Budapest y de trabajo para el intercambio Central Telefónica, que la respuesta llegó a él:

Una tarde, que está siempre presente en mi recuerdo, yo estaba disfrutando de un paseo con mi amigo en el parque de la ciudad y recitar poesía. A esa edad yo conocía libros enteros de memoria, palabra por palabra.

Uno de ellos era de Goethe Fausto. El sol se estaba poniendo y me recordó un pasaje glorioso:

Los retiros resplandor, realizado el día de trabajo;
Es allí prisas, nuevos campos de exploración de la vida;
Ah, que no me puede levantar el ala de la tierra
Tras su pista a seguir, siga alza!

Como me dijo estas palabras inspiradoras que la idea surgió como un relámpago y en un instante la verdad fue revelada.

Dibujé con un palo en la arena el diagrama mostrado seis años más tarde en mi discurso ante el Instituto Americano de Ingenieros Eléctricos.

Supongo que neurólogos y psiquiatras habrán sacado punta a estas palabras, pero lo que aquí me interesa es resaltar el especial método que empleaba Nikola Tesla a la hora de crear. Un sistema mental de “visiones” muy especial que aparece a continuación descrito en sus propias palabras…
Cada noche, y en ocasiones durante el día, cuando estaba solo, comenzaba mi viaje, veía nuevos lugares, ciudades y países, vivía en ellos, conocía gente, trataba amistades y, por muy increíble que parezca, es un hecho que estas personas me eran tan queridas como las de la vida real y no resultaban ni un ápice menos apasionadas en sus manifestaciones.
Esto lo hice de manera constante hasta que tuve unos diecisiete años, cuando mis pensamientos se dirigieron seriamente a la invención. Entonces, observé para mi deleite que podía visualizar con gran facilidad.
No necesitaba modelos, dibujos o experimentos. Podía representarlos en mi mente como si fueran reales.
Así fui conducido de manera inconsciente a desarrollar lo que considero un nuevo método de concretar conceptos e ideas ingeniosas, que es radicalmente opuesto al puramente experimental y que, en mi opinión, es mucho más expeditivo y eficiente.
Cuando alguien construye un dispositivo para llevar a la práctica una idea rudimentaria, de manera inevitable se encuentra a sí mismo enfrascado en los detalles y defectos del aparato.
A medida que va mejorándolo y reconstruyéndolo, la intensidad de su concentración disminuye y pierde de vista el gran principio subyacente. Se pueden obtener resultados, pero siempre sacrificando la calidad.
Mi método es diferente.
Yo no me precipito al trabajo real. Cuando tengo una idea, comienzo por conformarla en mi imaginación. Cambio la construcción, hago mejoras y manejo el dispositivo en mi mente.
Para mí es absolutamente irrelevante si la turbina está funcionando en mi cabeza o si la pruebo en el taller. Incluso percibo si está desequilibrada. No hay absolutamente ninguna diferencia, los resultados son los mismo.
De este modo, soy capaz de desarrollar y perfeccionar rápidamente un concepto sin tocar nada. Cuando he ido tan lejos como para incorporar al invento cualquier mejora que pueda concebir y veo que no hay fallo alguno por ninguna parte, entonces le doy forma concreta a este producto final en mi cerebro.
Invariablemente, mi dispositivo funciona tal como había concebido que debería hacerlo, y el experimento sale exactamente como lo había planeado. En veinte años no ha habido una sola excepción. ¿Por qué iba a haberla?
Muchos otros ingenieros y científicos pensaban que algo así estaba prácticamente a la vuelta de la esquina.

Y, si bien Tesla había entrado ya por entonces en su fase más excéntrica, por decirlo suavemente, había otros ingenieros que seguían el mismo camino “aéreo” y no eran, ni mucho menos, locos idealistas.

He aquí, por ejemplo, este esquema publicado 22 de octubre de 1927 en la revista Alrededor del mundo acerca de los proyectos de Phillips Thomas.

Tesla nos daría un avance tecnológico que pronto iba a cambiar el mundo.

Este ingeniero era uno de los principales científicos en nómina de la Westinghouse Electric and Manufacturing Company. Phillips Thomas era alguien práctico, avezado físico experimental con gran número de patentes a su nombre.

Pero Thomas también tenía sueños y, al igual que Tesla, pensaba en transportar energía eléctrica a larga distancia sin emplear cables.

En 1927 tanto Phillips Thomas como su compañero en Westinghouse, el doctor Harvey C. Rentschler, imaginaron que…
Muy pronto, ondas de fuerza motriz radiada iluminarán y calentarán las casas. Estas ondas, atravesando la tierra, servirán para guiar automóviles, aeroplanos, trenes, etc.
En lugar de instalaciones locales de energía eléctrica, como en la actualidad, repartidas por todas las ciudades y países, se construirán estaciones centrales monstruosas que producirán toda la fuerza motriz necesaria en el mundo.
Las casas aisladas en medio del campo, lo mismo que las fábricas del centro de la Metrópolis, disfrutarán esta fuerza motriz transmitida por radio. (…) El deseo del doctor Thomas es producir un “rayo de radio”. si puede obtener ondas bastante cortas, las dirigirá en un rayo estrecho de diez centímetros por medio de un espejo curvo de metal.
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Más en la pagina http://www.pbs.org/tesla/ll/index.html
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