Diferencias entre correr calzado o descalzo

Diferencias entre correr calzado o descalzo
La anatomía del pie es el resultado de años de evolución.

La mayor parte de ese tiempo, el hombre ha caminado descalzo y las extremidades inferiores se han adaptado a esa circunstancia.

Entonces, ¿por qué usar zapatillas? Un estudio publicado en 'Nature' desvela las ventajas biomecánicas de correr descalzo, que tendrán consecuencias médicas, para los deportistas y para la industria del calzado.

"El talón elevado y acolchado de la mayor parte de las modernas zapatillas para correr está diseñado para resultar más cómodo, estable y para atenuar las fuerzas originadas al apoyar el talón durante la carrera, que podrían estar relacionadas con algunas lesiones ortopédicas", explica William L. Jungers en un comentario acerca de este trabajo.

"Aunque no existe ninguna prueba fehaciente de que correr en zapatillas, especialmente aquellas de gama alta, provoque lesiones, en mi opinión tampoco existen evidencias de que las prevenga", añade este experto del Departamento de Ciencias Anatómicas de la Universidad Stony Brook de Nueva York (Estados Unidos).

Corremos de distinta forma dependiendo de si lo hacemos descalzos o no. Hacerlo descalzo incluso produce menos lesiones que con calzado si lo hacemos bien.

Diferencias entre correr calzado o descalzo. El pie se posa de diferente manera y el impacto es distinto. Fuente: cortesía de Daniel Lieberman, Department of Evolutionary Human Biology.

Hace no tanto tiempo no había zapatillas con cámara de aire o suelas sofisticadas de gomaespuma que amortiguaran el impacto al correr.

Antes incluso, los humanos no usaban ningún tipo de calzado. Incluso ahora mismo todavía hay comunidades cuyos habitantes andan y corren descalzos.


Esto era lo normal y podemos pensar, en un principio, que se facilitaba porque el suelo estaba cubierto por hierba u hojas y, por tanto, era más mullido que una calzada romana o el duro hormigón o asfalto modernos.

El ser humano ha evolucionado para ganar en carreras de fondo frente a otros animales, para eso estamos mejor adaptados que para la carrera de velocidad, tipo de carrera esta última en la que casi todos los demás animales nos ganan.

Nuestra capacidad termorreguladora es, al parecer, fundamental para ganarlos en carreras de fondo, aunque nuestras piernas y pies sufran más que las cuatro patas de otros animales.

De hecho, es casi milagroso que podamos andar sobre sólo dos piernas, algo que todavía ningún robot ha conseguido remedar con tanta eficacia.

Sin embargo, los humanos modernos, pese a usar un calzado tan cómodo y sofisticado, sufrimos frecuentemente lesiones en las rodillas. ¿Acaso andamos o corremos peor que nuestros antepasados? Pues parece ser que sí, y la culpa es precisamente del calzado que usamos.

Un grupo de científicos ha descubierto que los humanos corremos de distinta forma dependiendo de si lo hacemos descalzos o no.

En el caso de correr descalzos o con un calzado mínimo los humanos tendemos a evitar golpear con el talón, en su lugar recibimos el impacto en la parte anterior del pie o en la parte media. Haciendo esto se evitan daños potenciales equivalentes a soportar tres veces el peso de nuestro cuerpo de manera reiterada.

Daniel E. Lieberman, de Harvard University, dice que las personas que corren descalzas lo hacen de una manera sorprendentemente diferente. Según él un corredor de ese tipo, al tocar suelo con la parte central o anterior de su pie, casi no recibe impacto por colisión, a diferencia de los que corren calzados.

Mucha gente cree que correr descalzo es peligroso y produce daños, pero según Lieberman se puede correr descalzo por las superficies más duras sin que se sienta siquiera incomodidad o dolor. Correr calzado, según él, es mucho más peligroso.

Todo lo que se necesita es una piel callosa en la planta del pie que evite cortes en la piel. Recordemos que, para el asombro de muchos, de vez en cuando aparece algún deportista que corre descalzo y, sin embargo, no parece lesionarse más que sus compañeros.

Lieberman, junto a sus colaboradores de University of Glasgow y Moi University estudiaron diversos corredores, incluidos algunos kenianos, que clasificaron en tres grupos: los que corrían siempre descalzos, los que siempre usaban calzado y aquellos que habiendo corrido calzados se pasaron al bando opuesto.
Los investigadores encontraron un patrón llamativo.

El 75% de los que corrían calzados sufrían 1000 impactos en los talones por milla recorrida. Los que corrían descalzos, sin embargo, posaban el pie suavemente utilizando la parte media o anterior del mismo.

Impactar con el talón cuando se corre descalzo o con un mínimo calzado es doloroso y provoca grandes fuerzas de colisión laterales cada vez que se posa el pie, para evitarlo los corredores sin calzado evitan ese tipo de colisiones mediante la disminución de la masa efectiva del pie que se detiene al tomar tierra.

El impacto es absorbido principalmente por el resto de la pierna, que actúa como un muelle o resorte.

La razón a esta diferencia hay que buscarla en la evolución. Nuestros antepasados los australopitecus tenían menos desarrollado el arco del pie, pero los Homo, por el contrario, consiguieron desarrollar un arco fuerte y grande para usarlo a modo de muelle. Lierberman dice que nuestros pies fueron hechos para correr.

Durante millones de años nos proporcionaron la capacidad de mantener carreras de resistencia.

Pero en la década de los 70 se inventó el calzado deportivo y millones de años de evolución fueron desafiados súbitamente. Incluso en los tiempos anteriores de civilización se usaban, a lo más, sandalias, mocasines o calzados ligeros con pequeños tacones.

El calzado moderno, por el contrario, está diseñado para absorber el impacto en los talones, y que así sean más cómodos, incorporando algún tipo de almohadillado en los tacones.

Aprender a correr descalzo no es tan sencillo si estamos acostumbrados a hacerlo con zapatillas deportivas.

La carrera con los pies descalzos usa los músculos de diferente manera, así que si usted se ha acostumbrado a impactar con el talón durante toda su vida, la transición a la carrera descalza debe ser lenta y progresiva para que así se fortalezcan los músculos implicados.

Este investigador espera que este estudio no solamente explique este tipo de carrera, sino que en el futuro proporcione además pistas sobre cómo evitar y prevenir lesiones que ahora afectan a un alto porcentaje de corredores.

Su esperanza es que la aproximación proporcionada por la Medicina Evolutiva al estudio de las lesiones deportivas pueda ayudar a la gente que corre a hacerlo mejor, durante más tiempo y que se sientan bien mientras lo hacen.

Lieberman ha creado un sitio web en donde educa a los corredores acerca de todo esto.

El motivo de estas reflexiones es un trabajo publicado en la revista 'Nature' por un equipo de expertos en biomecánica entre los que se encuentran algunos de los más punteros del mundo.

La cuestión de fondo es que cuando las personas corren descalzas tienden a evitar que el primer apoyo del pie sea con el talón. Esta forma de carrera sólo se puede hacer calzado porque el impacto es tan grande que causa molestias.

Al correr descalzos, "el apoyo es asombrosamente distinto", señala Daniel Lieberman, profesor de biología humana evolutiva de la Universidad de Harvard y autor principal del estudio.

"Al 'aterrizar' con la parte media o frontal del pie, los corredores descalzos apenas tienen impacto, mucho menos que el que generan la mayor parte de los que corren apoyando primero el talón", añade.

Una carrera más eficiente

Como parte de sus estudios sobre biomecánica y evolución, Lieberman y sus colegas de la Universidad de Rhode Island y de Michigan (EEUU) estudiaron la forma de correr en diferentes grupos. Individuos procedentes de EEUU que siempre habían corrido calzados, otros que ahora no usaban zapatillas y keniatas que empezaron descalzos pero se pasaron al calzado.

Sus conclusiones, indican que correr con apoyo frontal reduce el porcentaje de masa corporal que choca de forma abrupta con el punto de impacto del pie y convierte parte de la energía trasnacional en energía rotacional.

Esto, en resumidas cuentas, significa que "aquellos que corren usando este tipo de apoyo [típico de los velocistas que van descalzos o con zapatillas de suela muy fina] necesitan tener una musculatura más fuerte en el pie y la pantorrilla pero evitan el incómodo y potencialmente dañino impacto, incluso al correr descalzos sobre superficies duras", indica Jungers.

En consecuencia, explica Lieberman a ELMUNDO.es, "pueden correr cómodamente sin calzado, que se inventaron recientemente, mucho tiempo después de que los humanos empezaran a recorrer largas distancias".

"Las zapatillas facilitan una forma de correr (apoyo con el talón) que parece ser diferente del modo en el que lo hacen los que van descalzos –añade el autor- y esto podría tener ciertas implicaciones a la hora de ayudar a algunas personas a evitar lesiones, una hipótesis que debe ser aún probada".

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