La extinción de la megafauna australiana

La extinción de la megafauna australiana
Según un estudio reciente fue el ser humano, y no el clima, el causante de la extinción de la megafauna australiana.

Ya hemos hablado aquí de la posible extinción de la megafauna de América a manos de los primeros humanos que llegaron a ese continente hace 12.000 años.

También de la llegada de los maoríes a Nueva Zelanda entre los siglos X y XIII, que produjo una extinción similar. ¿Pasó algo parecido con la llegada del ser humano a Australia hace 40.000 años?

Según un estudio reciente publicado en Science, hay suficientes pruebas de que el ser humano, y no el clima, fue el causante de la extinción de la megafauna australiana.

Megafauna que estaba compuesta por marsupiales gigantes, grandes reptiles y aves no voladoras.

Los dos científicos australianos autores del estudio sostienen que la mejora en los métodos de datación muestra claramente que la megafauna coexistió con los humanos un periodo de tiempo muy corto después de que los humanos habitaran la isla.

Posiblemente fueron los hábitos de caza de dichos humanos los que forzaron la extinción de esas especies, especies que estaban muy desprotegidas frente al nuevo invasor y que no tuvieron tiempo de adaptarse.

Recordemos una vez más que, bajo el punto de vista del cazador, siempre es más rentable cazar primero a los animales más grandes porque la relación ganancias/inversión es más alta. Una vez extintas las especies más grandes en un área dada se pasa a cazar las siguientes más grandes y así sucesivamente.

Según Richard Roberts y Barry Brook, de University of Wollongong y University of Adelaide respectivamente, los nuevos métodos de datar huesos y dientes de especies extintas demuestran que la megafauna fósil y las herramientas aborígenes no son todas del mismo periodo de tiempo.

Según Brooks, el debate acerca de las posibles causas de las extinciones del Pleistoceno tardío se ha prolongado durante los últimos 150 años, dividiendo a los expertos del campo entre aquellos que culpaban al clima del hecho y aquellos que responsabilizaban a los humanos.

Pero Australia fue colonizada durante un tiempo en el que el clima era relativamente benigno, lo que apoyaría la idea de que fueron los humanos los que causaron las extinciones.

Sin embargo, se descubrió una localización (Cuddie Springs) en la que parecía que se había dado una anomalía al patrón general. Allí se encontraron huesos de canguros gigantes, de aves gigantes y de Diprotodon, que fue el mayor marsupial que hubo en Australia, con un tamaño equivalente al de un rinoceronte actual.

Además, esos huesos estaban en las mismas capas sedimentarias que las herramientas de piedra fabricadas por los aborígenes.

 Esto hizo hacer creer a los científicos que hubo un gran solape temporal (y por tanto una presencia compatible) entre estos animales y los humanos.

No obstante, una mayor precisión en la datación de los objetos encontrados realizada recientemente indica que los artefactos humanos y los huesos de megafauna encontrados allí fueron mezclados durante miles de años, mucho tiempo después de que estos animales desaparecieran. Por lo tanto, no hubo una supervivencia atípica de megafauna en este sitio.

Roberts dice que, dado que la gente llegó a Australia entre hace 60.000 y 50.000 años, el impacto humano fue la fuerza más probable que dirigió la extinción, o bien debido a los hábitos de caza o bien debido a la perturbación del hábitat provocada por los humanos.

Además, Brooks sugiere que las afirmaciones previas sobre los restos de una supuesta megafauna encontrados en la Isla Canguro, Victoria Este y Papua Nueva Guinea habría que considerarlas bajo sospecha a la luz de este nuevo hallazgo.

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Foto cabecera: reconstrucción de Palorchestes azael, un marsupial extinto de media tonelada que comparte similitudes con el perezoso gigante americano, Fuente: Cortesía de Peter Schouten.