Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Buenas noticias para los noctámbulos

Buenas noticias para los noctámbulos
La gente trasnochadora, en su horario natural, parece tener una ventaja cognitiva respecto a la gente madrugadora.

Una cosa está clara, hay gente que al llegar la noche cae en estado de somnolencia y tiene unas ganas terribles de irse a la cama y otra gente sigue atenta y en vigilia hasta más tarde.

Por la mañana se invierten los términos y al primero le cuesta poco levantarse, mientras al segundo le cuesta horrores.

Esta diferencia entre madrugadores y trasnochadores no es de hábito, sino genética. Se sabe incluso qué genes controlan este comportamiento.

Se ha hipotetizado que en el pasado esto representaba una ventaja adaptativa para la especie. Si alguien estaba en vigilia mientras que los demás miembros del clan dormían, podía advertir o evitar el ataque de algún depredador.

Posteriormente los condicionamientos culturales han criticado a los trasnochadores, pero no se puede negar la ventaja que tienen algunos de estos “búhos”, precisamente durante las primeras horas de la noche.

A veces la inspiración y la creatividad les viene justo entonces.

Ahora han hecho un estudio neurológico sobre este asunto que ha revelado aspectos curiosos del fenómeno y proporciona más pistas sobre cómo el cerebro organiza el sueño y la vigilia. El estudio, según los autores, podría mejorar las predicciones sobre cuándo una persona tiene más riesgos de sufrir un accidente laboral o de tráfico por falta de sueño.

Dos factores controlan nuestro tiempo de estar en la cama. El primero no se puede cambiar y está implementado fuertemente en el cerebro.

Consiste en un “reloj maestro” cerebral que regula el ritmo circadiano, que sincroniza el patrón de actividad las 24 horas del día. Éste les dice a unas personas que se vayan ya a la cama a las 9 d ella noche y a otras que se vayan a las 3 de la madrugada.

En personas trasnochadoras hay una mayor abundancia de una determina versión de un gen, que en los “búhos” más pronunciados está presente en dos copias (una procedente de la madre y otra del padre).

El segundo factor, denominado presión de sueño, no depende de la hora del día, sino cuánto tiempo se ha pasado despierto. Una persona con desfase horario debido a un largo vuelo transoceánico caerá dormida aunque no sea “su hora”.

Como la presión de sueño se va acumulando durante las horas de vigilia, la lógica sugiere que deberíamos de estar más alertas y brillantes al poco de levantarnos en lugar de justo antes de irnos a la cama, independientemente de si somos unos “unos pájaros de la mañana” o unos “búhos”.

Sin embargo, esto no fue lo que Christina Schmidt y Philippe Peigneux de la Universidad de Lieja en Bélgica y sus colaboradores encontraron.

Reclutaron a 21 voluntarios para hacer unos experimentos, 16 de ellos eran madrugadores y 15 eran noctámbulos. Se vigiló su grado de alerta con un escáner cerebral.

Los sujetos tenían que poner atención a unos números que aparecían en la pantalla del ordenador que tenían delante y apretar un botón cuando los números empezaran a cambiar.

Para controlar en efecto del reloj cicardiano se permitió a los sujetos dormir su ciclo natural de sueño y se les hizo la prueba 1,5 horas y 10,5 horas después de levantarse, independientemente de la hora del día.

Ambos grupos realizaron la primera prueba con igual éxito, pero después de 10.5 horas privados de sueño los noctámbulos lo hicieron mejor. Las reacciones de los “búhos” eran un 6% mejores que las de los madrugadores y mejores que sus propios resultados a la hora y media de haberse levantado.

Esto sugiere, según los autores del estudio, que una vez se despiertan, la presión del sueño se acumula más rápidamente en la gente madrugadora que en los noctámbulos y va mermando sus facultades cognitivas.

Según otros investigadores el estudio tiene consecuencias prácticas. Los análisis de riesgos usan la hora del día las horas trabajadas para predecir si una persona puede estar en riesgo de tener un accidente. Esto es fundamental, por ejemplo, en aviación. Habría ahora que tener en cuenta que los madrugadores pierden su atención más rápidamente.

Lo más interesante viene de las imágenes proporcionadas por el escáner cerebral. Los noctámbulos muestran mayor actividad en la región del reloj maestro cerebral (un grupo de neuronas conocidas como el núcleo supraquiasmático) que los madrugadores cuando realizaban el segundo test del día.

Esto sugiere que la presión de sueño y el ciclo circadiano pueden influenciarse el uno al otro directamente, juntando dos sistemas que durante décadas se pensó que operaban totalmente por separado.

Pero no es sólo esto lo que se ha descubierto recientemente. Un análisis de genes demuestra que el sistema genético que controla el reloj circadiano es más complejo de lo que se creía. Determinados genes se activan en ciclos de 8 ó 12 horas, además de los ya conocidos de 24 horas.

Este descubriendo tendría implicaciones en los estudios del sueño y sus problemáticas.

Y usted, ¿es un noctámbulo o un madrugador?

Foto cabecera: Nighthawks de Edward Hopper (1942).
Vía : http://neofronteras.com
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