Las cacatúas pueden bailar

Las cacatúas pueden bailar
Uno de los aspectos más estimulantes de la ciencia moderna es la extensión de los temas que estudia.

La ciencia, prácticamente, lo estudia todo.

Siempre parece haber un grupo de investigadores lo suficientemente intrépido, intelectualmente hablando, como para investigar, por ejemplo, el comportamiento de la anémona de mar, la reproducción de los cangrejos violinistas, o la naturaleza de la materia oscura del Universo.

Nada, ni el mismo vacío cósmico, parece escapar al alcance de la ciencia.

Y uno de los temas que también está siendo estudiado por la ciencia es la capacidad musical del ser humano.

 ¿De dónde proviene?

¿Por qué la evolución ha seleccionado a aquellos individuos con sentido del ritmo musical? ¿Qué ventaja reproductiva ha tenido y tiene la música para nuestra especie, si es que tiene alguna?

Para los científicos, y diría que para cualquier persona bien informada de la realidad de las cosas, no hay duda de que la música posee un origen biológico; no es algo místico o espiritual, y no supone una discontinuidad insalvable con el resto del reino animal.

De hecho, experimentos llevados a cabo con monos demuestran que aunque estos animales no cantan, son capaces de reconocer que dos melodías son idénticas incluso si se sube o se baja una octava su tono.

Así pues, el cerebro de primates más primitivos que nosotros parece también capaz de codificar la música y de reconocerla.

No obstante, los primates son animales muy cercanos. Desde un punto de vista evolutivo, resultaría interesante determinar si la capacidad para comprender la música, o al menos el ritmo musical, aparece en especies menos evolucionadas que los primates.

Cacatúa bailarina al rescate

Para averiguar esto, deberíamos estudiar la capacidad de reacción ante la música de varias especies a lo largo de la escala evolutiva.

Podríamos empezar por estudiar especies que, lo más seguro, no van a reaccionar ante estímulos musicales, como quizá los lagartos, o los caracoles, y continuar con especies diferentes, en teoría cada vez más evolucionadas.

Parece un trabajo que, aunque a la vez melódico y metódico, es también largo y tedioso, y que, además, no sirve para nada.

Pero, afortunadamente, de vez en cuando el mundo nos obsequia con fenómenos curiosos que, en esta era de la ciencia, pueden estudiarse científicamente. Es el caso de una simpática cacatúa, de nombre Snowball (bola de nieve).

Los propietarios de este simpático e inteligente animalillo comprobaron que demostraba poseer un extraordinario sentido del ritmo.

La cacatúa se ponía a bailar, como si se tratara de John Travolta con fiebre del sábado noche, al escuchar ciertas melodías, en particular las canciones “Everybody (Backstreet's Back)” de los Backstreet Boys y “Another one bites the dust (que otro muerda el polvo)”, de Queen.

Haciendo uso de las nuevas tecnologías, los propietarios de Snowball filmaron una de sus actuaciones y la “colgaron” del portal de videos YouTube, en Internet.

Esto causó sensación, sobre todo entre las mujeres, quienes comprobaron lo que ya sospechaban: que, salvo honrosas excepciones, una cacatúa de cresta amarilla baila bastante mejor que sus novios o maridos.

Y es que el sentido del ritmo de este animal es indescriptible, por lo que te recomiendo que contemples su actuación y compruebes lo que digo.

Cacatúas Can Can dance

En cualquier caso, la actuación de Snowball causó también sensación entre los científicos que se dedican a investigar el sentido musical en humanos y animales, quienes decidieron estudiar más en profundidad las capacidades musicales de esta curiosa cacatúa.

Todos hemos tal vez oído hablar, o leído, sobre animales que sabían sumar o restar, pero que, en realidad, deducían la respuesta correcta de una determinada operación matemática interpretando indicios que, mediante gestos corporales inconscientes, les proporcionaban sus propietarios.

Gracias a estudios científicos controlados, realizados con estos aparentemente geniales animales, se demostró que no eran tan geniales como sus propietarios creían.

Algo parecido podía estar pasando con Snowball. Quizá esta cacatúa no poseía un sentido del ritmo real, sino que simplemente lo había aprendido viendo bailar o moverse a sus propietarios al son de la misma música.

Para determinar si esta posibilidad era o no cierta, se hacía necesario realizar estudios bien controlados.

Y esto es lo que llevaron a cabo investigadores del Instituto de Neurociencias de la Jolla, en California.

Para ello, los investigadores hicieron sonar ante Snowball una misma melodía, pero variando el ritmo y tempo de la misma, y analizaron si sus movimientos corporales se adaptaban o no al ritmo cambiante de la música en cada caso.

Esto no resultó tan simple como puede parecer. A veces Snowball no bailaba en absoluto.

Quizá estaba cansada, o simplemente harta de bailar sin ton ni son.

Y cuando bailaba, había que determinar si sus movimientos se ajustaban bien o no al ritmo de la música y, en caso de que se ajustaran, si esto era intencional o no por parte del animal.

No obstante, tras varios días de estudio, resultó bastante claro que Snowball era capaz de bailar en sincronía con el tempo y ritmo de la música que sonaba.

Por tanto, parece que el sentido del ritmo musical no es propio de los primates, o del ser humano, sino que ha aparecido bastante antes en la evolución de las especies.

Y no acaba aquí la cosa. Las capacidades rítmicas de Snowball son claramente superiores a las de niños de entre dos y cuatro años de edad, aunque inferiores a las de un adulto.

En ausencia de estímulos verdaderamente musicales, y evidentemente, incapaces de componer música, muchos animales parecen poseer pues una capacidad rítmica innata que debe ejercer similares funciones de supervivencia en ellos y en nosotros.

Nuestra capacidad para componer y disfrutar de la música parece ser pues un subproducto de la capacidad rítmica innata que compartimos con otras especies.

Sin embargo, el misterio de la música continúa porque se desconoce aún la función y la ventaja para la supervivencia que este sentido innato del ritmo pueda poseer.

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia Creative Commons.
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