Contaminación y mutación

Contaminación y mutación
Las reiteradas noticias sobre el calentamiento global y las amenazas que acarrea nos han hecho dejar de lado otro problema asociado con él.

Pero no debemos olvidar que el calentamiento global, causado por la emisión de gases de efecto invernadero, sobre todo el dióxido de carbono, va siempre asociado a lo que acompaña la emisión de dichos gases: partículas de humo y sustancias contaminantes.

El humo nunca es bueno, ni siquiera el del tabaco, que muchos se empeñan en hacernos tragar a todos, a pesar de las leyes que protegen a los que pretendemos llevar una vida sana y que ahorre recursos al sistema sanitario.

Por esta razón, además de los efectos globales de las emisiones de gases de efecto invernadero, tenemos que estudiar el efecto sobre nuestra salud de la contaminación ambiental propiamente dicha.

Como no me canso de repetir en estas páginas, la respuesta a este tipo de preguntas solo puede obtenerse con estudios experimentales que determinen los efectos de la contaminación.

Este problema se ha estudiado en el pasado, pero es cierto que los estudios distan de estar completos y de proporcionar conclusiones definitivas en el caso humano.

Por esta razón, los investigadores realizan estudios con animales, como los interesantísimos estudios que relataré a continuación.

Pero antes no me queda más remedio que abrir un pequeño paréntesis para explicar un asunto que creo importante para comprender los resultados de los estudios.

Puesto que la contaminación ambiental está causada, en parte, por micro y nanopartículas de sustancias químicas, los investigadores, conocedores de los posibles efectos de estas sustancias, han partido de la hipótesis de que la contaminación ambiental causa enfermedades genéticas, es decir, afecta a los genes.

Pero es importante tener claro que existen dos tipos de enfermedades genéticas: las heredables y las no heredables.

Esto puede sonarle raro, pero le aseguro que no todas las enfermedades genéticas son heredables, es decir, se transmiten de generación en generación. Un ejemplo lo tenemos en algunos cánceres.

Supongamos que el humo ambiental, incluido el del tabaco, acaba por causar una mutación en un gen importante de una célula de pulmón de un desgraciado no fumador. Esta célula puede entonces transformarse en cancerosa.

Sin embargo, afortunadamente, la mutación genética que ha causado este cáncer no será transmitida a la siguiente generación, puesto que no se ha producido en los genes de los espermatozoides o de los óvulos, las únicas células de nuestro cuerpo capaces de llevar a cabo esta transmisión.

Más preocupante, por tanto, sería la situación en la que el humo ambiental, incluido, insisto, el del tabaco, causara una mutación en un gen de los espermatozoides o de los óvulos.

En ese caso, la mutación podría ser transmitida a la generación siguiente, y de no ser demasiado perniciosa, a la siguiente, y a la otra…y a la otra.

Si la mutación causa una enfermedad, tendríamos en este caso una enfermedad genética heredable. Esta situación es, me parece a mí, más preocupante aún que la anterior.

Evidentemente, ante este estado de cosas, no es éticamente posible efectuar estudios con seres humanos.

Es verdad que siempre sería posible comparar los genomas de personas que viven en una contaminada ciudad con los que viven en el campo, pero en el caso de encontrar mutaciones, no podríamos saber si se deben a la contaminación, o a otras causas, como a realizar menos ejercicio físico, comer más comida rápida o, incluso, a escuchar con más frecuencia ciertas incendiarias emisoras de radio.

Los estudios con animales son más fáciles de llevar a cabo, ya que podemos exponer a ratones de laboratorio a un ambiente contaminado y comparar más tarde sus genomas con los genomas de ratones no expuestos a ese ambiente, para comprobar si la contaminación ha causado mutaciones en sus genes.

Este tipo de estudios han sido realizados por un grupo de investigadores canadienses, que han publicado sus preocupantes resultados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, de los EE.UU.

Los investigadores expusieron a un grupo de ratones al aire de los alrededores de unos altos hornos situados cerca de una autopista muy transitada, y expusieron a otro grupo de ratones (el grupo control) a aire filtrado y purificado.

Tras varias semanas de exposición a los dos tipos de atmósferas, analizaron las posibles mutaciones genéticas en los espermatozoides producidos por los ratones macho. Los resultados son acongojantes.

El ADN de los espermatozoides de los ratones expuestos al ambiente contaminado contenía nada menos que un 60% más mutaciones que los espermatozoides de los ratones macho que respiraron aire puro.

No contento con esto, el ADN de los ratones que respiraron aire contaminado se mostraba también más fraccionado, es decir, roto, partido en trozos, que el ADN de los afortunados respiradores de aire filtrado.

Y no acaba ahí la historia: el ADN de los ratones que respiraron aire contaminado se encontraba también químicamente modificado. En particular, dicho ADN había incorporado más grupos metilo (-CH3) que el ADN de los ratones del grupo control.

Es conocido que la metilación del ADN -que así se llama la incorporación de grupos metilo- modifica el funcionamiento de los genes, lo cual afecta a la biología y comportamiento de las células incluso si no se produjeran mutaciones.

El siguiente paso de estos estudios es, evidentemente, estudiar si algo similar se produce también en seres humanos, aunque, como decía, los investigadores tendrán que emplear otros métodos de estudio que respeten la ética.

De confirmarse las peores sospechas, de lo que lamentablemente yo no tengo muchas dudas, el efecto mutante de la contaminación se unirá a otros ya demostrados en nuestra especie, incluidos los problemas cardiovasculares y el cáncer de pulmón.

Lamentablemente, pues, estos estudios añaden más preocupación a los ya preocupantes efectos del calentamiento global.

La actividad humana podría no solo estar afectando el clima y la ecología del planeta, lo que está demostrado que ha hecho y sigue haciendo, sino deteriorando nuestro propio genoma; deteriorando y modificando uno de los patrimonios más valiosos de la humanidad, sin el cual la humanidad propiamente dicha, no existiría.

Es, por tanto, imperativo que aprendamos a modificar nuestra conducta y elevemos el nivel de nuestra conciencia ante comportamientos que, día a día, maltratan el planeta y nos maltratan también a nosotros.

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia