El blanco de tu mirada

El blanco de tu miradaHay cosas que uno rara vez se toma la molestia de preguntar, sobre todo porque tras la molestia de hacerse la pregunta viene la molestia y desazón mayor de intentar responderla.

Por esta razón, seguramente muy pocos se han preguntado algo tan extremadamente fundamental como por qué el blanco del ojo es blanco, y muchos menos aún disponen ni siquiera de una ligera idea de la posible respuesta.

Afortunadamente, nuestras sociedades disponen de esos extraños individuos que son los científicos, algunos tan extraños que llegan a convertirse en aprendices de escritores, o hasta de políticos.

Estos extraños, aunque afortunadamente cada vez menos raros, individuos se ganan la vida a base de hacerse preguntas e intentar responderlas, eso sí, para todo el mundo que pueda estar interesado en saciar su curiosidad.

Cómo no, una de las preguntas que han intentado responder es, precisamente, por qué el blanco del ojo, conocido científicamente por el término esclerótica, es blanco.

Esta pregunta en apariencia tan frívola, tiene su aquel.

Es cierto que los humanos, aunque no así otros primates, poseemos ojos muy visibles, coloreados de una manera que facilita que otros sepan lo que estamos mirando.

De 92 especies de primates examinadas, 85 poseen una esclerótica visible, pero esta es de color marrón o marrón oscuro, difícil de diferenciar del color de la piel.

De hecho, cuando se compara el color de la esclerótica con el de la piel circundante del ojo en 81 especies de primates, solo una, la especie humana, posee la esclerótica de un color que contrasta altamente con ella.

Por si esto fuera poco, solo los humanos poseemos ojos en los que el iris está coloreado de tal manera que es fácilmente visible en contraste con la esclerótica blanca.

Además, el área del rostro humano ocupada por los ojos y sus regiones visibles es desproporcionadamente grande en relación con el área que ocupan los ojos en los rostros de otros primates.

Por ejemplo, la región visible de los ojos humanos es mayor que la del Gorila, a pesar del mayor tamaño de este animal.

Y el área de esclerótica visible es tres veces mayor en humanos que en Orangutanes. Parece que los humanos estamos hechos para mostrar bien los ojos.

Estos hechos merecen una explicación, y científicos del instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, dirigidos por el Dr. Michael Tomasello, han ofrecido una a modo de hipótesis.

Estos científicos proponen que los ojos humanos han evolucionado debido a la necesidad para la comunicación y cooperación entre los individuos de nuestra especie, sobre todo la necesidad de establecer y mantener interacciones sociales mutuas que necesitan atención conjunta hacia un objeto, alimento o peligro.

Además de en el blanco de los ojos, esta hipótesis se apoya en otros hechos característicos de nuestra especie, pero no de otras especies de primates.

Por ejemplo, madres e hijos pequeños establecen interacciones que requieren atención mutua a un determinado objeto y en ese contexto es, precisamente, en el que se van adquiriendo las habilidades lingüísticas.

En estas interacciones, que también pueden establecerse entre otros individuos de nuestra especie sin lazos familiares, se hace uso frecuente de gestos indicativos, como señalar con el dedo, gesto que no es utilizado por otros primates en el medio natural.

Estas interacciones pueden verse, sin duda, facilitadas cuantas menos dificultades existan para conocer dónde se encuentra el blanco de la mirada del otro y para ello el contraste entre los colores de las distintas partes de los ojos pueden ser de gran ayuda.

Pero en ciencia, aunque las hipótesis pueden parecer muy razonables, hay que probarlas mediante la observación y la experimentación y encontrar así evidencias que las apoyen o las refuten. Por supuesto, esto es lo que se propusieron conseguir el Dr. Tomasello y su equipo de investigación, mediante sencillos experimentos con niños y primates que voy a relatar brevemente a continuación.

En estos experimentos, una persona se colocaba frente a niños de un año de edad o primates adultos y realizaba una de estas cuatro acciones:

1. Rostro hacia arriba con los ojos abiertos mirando arriba.

2. Rostro hacia arriba con los ojos cerrados.

3. Rostro hacia el frente, hacia el niño o el primate, con los ojos abiertos mirando hacia arriba.

4. Rostro hacia frente con los ojos cerrados. Los científicos determinaron así si el niño o el primate seguían preferentemente la dirección de mirada o el movimiento de la cabeza de esa persona.

Los resultados, publicados en la revista Journal of Human Evolution, fueron muy claros. Los niños se fijaron preferentemente en la dirección de la mirada, y no de la cabeza, y los primates hicieron precisamente lo contrario.

Este hecho quedó muy patente en la condición en que el rostro de la persona se dirigía al frente, pero su mirada se dirigía hacia arriba.

Los niños miraban entonces hacia arriba mucho más frecuentemente que lo hacían los primates.

Estos datos apoyan la hipótesis de que el blanco del ojo es importante para que los humanos podamos determinar dónde el otro dirige su atención.

Sin embargo, la hipótesis colaborativa no es la única posibilidad para explicar el blanco de nuestros ojos. Podría suceder que la esclerótica blanca fuera un signo de buena salud y, por tanto, de buenos compañeros sexuales con quien transmitir los genes.

No hay duda que unos ojos bonitos son un atractivo sexual importante.

Sin embargo, no existe evidencia científica alguna a favor de esta hipótesis, pero sí evidencia que indica que la cooperación es mayor entre adultos humanos cuando los ojos son visibles.

No se puede cooperar bien cuando llevamos gafas de sol oscuras y es, además, ciertamente algo molesto entablar conversación con quien las lleva puestas.

También hay evidencias que indican que la mirada puede servir como medio de control del comportamiento del otro e impedir comportamientos egoístas o tramposos.

Mostrar al otro que lo estamos mirando es sin duda un medio de influir sobre él y de indicarle nuestra voluntad de cooperación o de reproche.

En fin, sea como sea, por lo menos tenemos una idea de por qué el blanco del ojo es blanco: para comunicar fácilmente al otro qué o a quién miramos.

En términos evolutivos la aparición de individuos con escleróticas blancas tuvo que suponer una ventaja reproductiva, y esa ventaja provino, muy posiblemente de la facilidad para cooperar entre ellos y competir con los demás.

Cualquiera que juegue al póker, o al mus, estará posiblemente de acuerdo con esto.

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
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