Innovación , crecimiento de las ciudades

Innovación , crecimiento de las ciudades
La innovación es una fuerza que potencia el crecimiento de las ciudades.

Ya he repetido varias veces en estas páginas que en nuestros días nada parece estar fuera del alcance del estudio científico, ni siquiera la actividad humana, incluida la propia actividad científica.

Entre las consecuencias más evidentes de la actividad humana se encuentran las ciudades, y las leyes, si acaso hay alguna, que gobiernan su desarrollo o su desaparición merecen también ser objeto de estudio científico.

Y es que en una época en la que la humanidad ha batido muchos records, y los sigue batiendo, uno de los records recientemente batidos es que contamos ya sobre nuestro planeta con más personas viviendo en ciudades que en pueblos o en el campo.

Además, la urbanización galopante del planeta, sin precedentes en la historia de la humanidad, lejos de frenar, se está acelerando.

La población de países en vías de desarrollo, que es aún mayoritariamente no urbana, se convertirá, en cambio, en mayoritariamente urbana de aquí al año 2030, si se cumplen las predicciones de los expertos.

Las consecuencias de este cambio social sin precedentes son aún desconocidas.

Las ciudades son a menudo centros de polución, o de crímenes, pero tienen la ventaja de concentrar a la población en poco espacio, lo que facilita la interacción social necesaria para la innovación, y facilita también la distribución a la población de recursos y servicios básicos, como la energía, el agua, la educación o la salud. Son éstas razones poderosas que fomentan su crecimiento.

Sin embargo, es necesario que la transición hacia Planet City se consiga de manera sostenible, conduzca a una estabilización en el crecimiento de la población mundial, y permita la mejora del nivel de vida de todos sin por ello agotar los recursos naturales que hacen posible la vida y mantienen la biodiversidad sobre la Tierra.

Por estas razones, conviene estudiar las variables que influyen en el crecimiento de las ciudades e intentar comprender cuál es la mejor manera de mantener un crecimiento sano y sostenible.

Es lo que han intentado un grupo de investigadores estadounidenses y alemanes, que publican sus resultados en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences estadounidense.

Estos investigadores han estudiado cómo la talla de las ciudades impacta en determinados aspectos derivados de la actividad de las mismas.

La idea tras este estudio es la de averiguar si las ciudades de distinta talla, por ejemplo, Nueva York y Albacete, son radicalmente diferentes o, por el contrario, poseen en común una determinada naturaleza u organización propia del ”ente urbano” y común a todos ellos.

En realidad, esta idea no es original de las ciencias sociológicas, sino que proviene de la biología. La relación entre talla y diferentes parámetros biológicos en los animales ha sido muy estudiada.

Así, se ha analizado la relación entre la masa corporal y la tasa metabólica, el consumo de energía, etc., en diferentes mamíferos, desde el ratón al elefante.

Los resultados de estos estudios indican que el tamaño y el consumo de energía, por ejemplo, están interconectados mediante una relación matemática sencilla.

Esta relación indica que se consigue una economía de energía por unidad de masa corporal cuando el tamaño aumenta.

En otras palabras, un número de ratones que pesen lo mismo que un perro consumen más energía que éste, y un número de perros que pesen lo mismo que un elefante también consumen más energía que este enorme animal. Así pues, en el caso de los animales, el consumo de energía aumenta más despacio que su talla.

De acuerdo con el trabajo referido arriba, en el caso de las ciudades no sucede igual.

Mientras algunas variables, como el número de viviendas o el consumo de energía eléctrica por familia, crecen de manera estrictamente proporcional a la población, la longitud los cables necesarios para suministrar electricidad a la población, el número de gasolineras, o el consumo de combustible, crecen de manera algo menor, lo que genera una economía de uso de estos recursos.

En otras palabras, se necesita menos cable eléctrico para proporcionar electricidad a cada familia de una ciudad de un millón de habitantes que para conducir la electricidad a las familias de diez ciudades de cien mil habitantes cada una.

Sin embargo, lo más interesante es que hay variables que crecen más deprisa que la población.

Entre estas se encuentran variables de productividad y valor añadido, como por ejemplo el numero de patentes generadas, el número de empleos tecnológicos, el número de empresas de innovación y el salario medio.

Es decir, en este caso, el numero de empresas innovadoras en una ciudad de un millón de habitantes es mucho mayor que la suma de las empresas de este tipo en diez ciudades de cien mil habitantes.

Pero los autores de este trabajo no se conforman solo con esto.

Se hacen también la pregunta de si es el crecimiento de las ciudades lo que causa la innovación e investigación y el aumento de las empresas tecnológicas en las mismas, o si, por el contrario, son la innovación, la investigación y la tecnología las que impulsan el crecimiento de las ciudades.

De acuerdo con sus análisis, lo han adivinado, sucede precisamente esto último.

En otras palabras, no es por el ahorro de metros de cable eléctrico que supone por lo que las ciudades se hacen mayores, su vida es más dinámica, generan innovación y su economía crece, sino que es debido a que las ciudades invierten en innovación, en investigación y en tecnología por lo que acabamos ahorrándonos metros de cable eléctrico.

Quizás, se dirán ustedes, no hacía falta este tipo de estudios, la adquisición masiva de datos de cientos de ciudades del mundo, y el empleo de potentes ordenadores y análisis matemáticos para llegar a esta conclusión.

Al fin y al cabo, hasta algunos políticos, aunque quizás solo los más iluminados, es verdad, ya pensaban lo mismo.

Pero es reconfortante comprobar que las opiniones e intuiciones de unos, por geniales y visionarias que puedan resultar, se ven corroboradas por rigurosos estudios científicos.

Así sabemos que invirtiendo en innovación e investigación vamos por el buen camino y que el futuro que imaginamos quizá resulte próximo a la realidad que finalmente consigamos construir, lo que no es, ni mucho menos, siempre el caso.

Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
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