Polonio 210: Veneno radioactivo

Polonio 210: Veneno radioactivo
Envenenamiento radioactivo: A dosis iguales el Polonio 210 es mil millones de veces más tóxico que el cianuro.

El espectacular caso de la muerte del ex-agente ruso Alexander Litvinenko, envenenado, al parecer, por uno de los isótopos del polonio, me ha suscitado tanta curiosidad que no he podido remediar escribir lo que sigue para compartir lo que he aprendido sobre ese elemento radioactivo con usted.

Para entender por qué el isótopo 210 del polonio (210Po) es tan tóxico y tan adecuado para envenenar a alguien en un avión sin que el veneno sea detectado, a pesar de las tremendas medidas de seguridad que debemos sufrir para volar, es necesario recordar algunos conceptos sobre los átomos y la radioactividad.

Como todos sabemos, los núcleos de los átomos están formados por la unión de neutrones y protones. El número de protones es lo que confiere la identidad a un elemento químico.
Así, el polonio, para ser polonio, debe tener 84 protones. Si tuviera 83 no sería polonio, sino otro elemento, el bismuto. Y si tuviera 85, sería ástato.

Sin embargo, el número de neutrones de un núcleo atómico puede variar. El 210Po posee 126 neutrones (84 +126 = 210), pero podría poseer otro número diferente, a pesar de lo cual seguiría siendo polonio.

A los átomos con el mismo número de protones y diferente número de neutrones se les denomina isótopos. El polonio 210 es solo uno de los 25 isótopos conocidos de este elemento químico.

Todos los isótopos del polonio son radioactivos. Recordemos que el núcleo de un isótopo radiactivo contiene demasiada energía y no es estable.

Debe liberar esa energía para estabilizarse, lo que sucede de tres formas distintas. La primera es emitiendo energía electromagnética de alta frecuencia: los rayos gamma. La segunda, emitiendo electrones, llamados en este caso partículas beta.

La tercera, desgajando de su núcleo dos protones y dos neutrones, es decir, núcleos del elemento helio. Se trata de las partículas alfa.

La exposición a radiación beta y gamma es peligrosa. Sin embargo, no hay peligro de exposición radiactiva a las partículas alfa.

Estas, al ser más grandes, no pueden atravesar materia espesa y son detenidas fácilmente por cualquier cosa que se encuentre en su camino, incluido el aire y la ropa. Las partículas alfa no pueden penetrar ni la piel.

No obstante, las partículas alfa son enormemente peligrosas si se emiten desde el interior del cuerpo, es decir, si se ha ingerido o inhalado un isótopo radiactivo que las emita.

Como estas partículas son núcleos de helio que no poseen electrones, tienen una enorme tendencia a robarlos a los átomos que les rodean, produciendo radicales libres que atacan al ADN y acaban por matar a las células. Cuando un número suficiente de células de un determinado órgano han muerto, el órgano deja de funcionar y sobreviene la muerte del individuo.

El 210Po es un isótopo particularmente eficaz en la emisión de partículas alfa. El 210Po es 5.000 veces más radioactivo que el radio, el cual, como el polonio, es otro elemento radiactivo, descubierto por los esposos Curie.

Además, la velocidad con que las partículas alfa son expulsadas del núcleo de 210Po es también muy elevada, por lo que poseen una elevada energía cinética que comunican a lo que encuentren a su alrededor, elevando la temperatura peligrosamente.

La elevada actividad alfa del 210Po contrasta con la casi nula actividad como emisor gamma. Es esta última radiación la más fácilmente detectable por los aparatos de detección.

Al carecer de ella, el 210Po es capaz de puede pasar fácilmente sin ser detectado por los sistemas de seguridad que puedan existir en los aeropuertos para detectar radioactividad.

Pero transportar este elemento con seguridad sin resultar envenenado no es nada fácil. Para hacernos una idea, basta mencionar que a igualdad de peso, el 210Po es mil millones de veces más tóxico que el cianuro.

Solo la inhalación de 10 milmillonésimas de gramo es capaz de matar a un ser humano adulto, es decir, solo un gramo podría matar a cien millones de personas.

La dosis que se calcula ingirió Litvinenko era suficiente para matarle mil veces. ¿De dónde la obtuvieron? ¿Cómo la trasportaron con seguridad?

No conocemos las respuestas a esas preguntas, pero algo podemos especular. Existen cuatro posibles fuentes de 210Po posibles.

La primera es su extracción a partir de minerales de uranio, lo que es muy complicado. La segunda, alguna fuente radioactiva ya fuera de servicio o vieja. Pero manejarlas es también complicado y peligroso.

La tercera fuente la constituyen artefactos antiestáticos comerciales, utilizados en la industria del plástico.

Sí, sí, lo crean o no el 210Po se produce (unos 100 gramos al año, o lo suficiente para matar a 10.000 millones de personas) por su utilidad para neutralizar la electricidad estática en algunos procesos industriales, ya que las partículas alfa emitidas por el 210Po capturan los electrones y neutralizan las cargas negativas en exceso.

Por último, la cuarta fuente puede ser su producción en reactores nucleares especializados para fabricar isótopos radiactivos artificiales.

Se cree que ésta es la fuente más probable.

En cuanto a cómo manejar esta sustancia con seguridad para evitar el envenenamiento de la persona que lo transporta, sabemos menos aún.

No obstante, me atrevo a especular, aun a riesgo de equivocarme por completo, que la persona que lo manipuló pudo haber ingerido alguna sustancia que pudiera protegerle de los efectos de la ingesta o inhalación del 210Po.

Esta sustancia bien podría ser la llamada dimercaprol, la cual captura los átomos de elementos como el polonio y aumenta su excreción por la orina antes de que los átomos puedan pasar al interior de las células, donde son realmente dañinos.

Algunos experimentos han demostrado que esta sustancia es capaz de proteger a ratas de laboratorio de una dosis mortal de 210Po.

Con este panorama de toxicidad quizá podamos ahora entender mejor por qué se ha avisado a las personas que han viajado en aviones donde se han detectado pequeñas trazas de 210Po.

Si bien el riesgo de irradiación es mínimo, conviene realizar un reconocimiento médico a las personas que hayan podido ingerir o inhalar 210Po, el cual, además de su toxicidad inmediata, si se inhala puede también causar o acelerar la aparición de un cáncer en unos años, dada la potente actividad de esta sustancia.

En cualquier caso, no ganamos para sustos. Ni siquiera hace falta ya el ruido de una bomba para conseguir que cunda el pánico internacional.

La racionalidad de la ciencia y la técnica unida a religiones fanáticas o a políticas dictatoriales han creado un arma que manejan unos pocos locos pero que es capaz de devorarnos a todos.

De seguir así las cosas, solo la racionalidad, la educación, los valores democráticos y el respeto mutuo podrán salvarnos ¿Lo lograrán?

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
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