De la obesidad floral

De la obesidad floral
Le recuerdo a usted que dentro de su tubo digestivo alberga a más de cien billones, con be, de bacterias, distribuidas en más de cuatrocientas especies.

Constituyen la llamada flora intestinal.

Por si no lo sabía le informo de que el número de bacterias en su intestino es diez veces superior al de las células que componen su cuerpo.

Resulta así que los seres humanos pueden ser considerados como sacos de células andantes que albergan diez veces más bacterias que células forman dichos sacos.

Sin duda, una visión “poética” del ser humano que aún faltaba en nuestra colección.

Las bacterias del intestino nos utilizan.

En nuestro interior se encuentran protegidas, a la temperatura óptima para su vida y reproducción, y nunca les falta el alimento que conseguimos con el sudor de nuestra frente (aunque para algunos en este país sea cada vez más común conseguirlo con el sudor de la frente de los demás).

Las bacterias, claro, ni tienen frente, ni sudan, las pobres.

Sin embargo, las bacterias de nuestros cuerpos también nos aportan beneficios.

Uno de los más importantes es que nos protegen de la invasión de otros microorganismos menos amables con nosotros.

Uno de ellos es la Salmonella, causa importante de contaminación alimenticia.

Otro beneficio es la ayuda que las bacterias intestinales prestan a la digestión de ciertas sustancias alimenticias.

Precisamente uno de los problemas de la toma de antibióticos es que estos fármacos, además del patógeno al que atacan, también destruyen a la flora intestinal, haciéndonos más vulnerables a otras infecciones y modificando nuestro equilibrio digestivo.

Esta es una de las razones por la que los antibióticos nos dejan “hechos polvo” aunque nos recuperamos cuando la flora intestinal ha tenido tiempo también de recuperarse
.
La importancia de la flora intestinal se estudia en animales llamados gnotobióticos.

Estos animales de laboratorio se hacen nacer mediante operación cesárea en un ambiente absolutamente exento de microorganismos.

En este ambiente, su intestino no puede ser colonizado por bacteria alguna, y esos animales no poseen por tanto flora intestinal.

El intestino de estos es después “colonizado” por las especies de bacterias deseadas por los investigadores, lo que permite así estudiar el efecto de uno u otro tipo de bacteria en su aparato digestivo y su la salud general.

Una de las características de los animales gnotobióticos es que no ganan peso a la misma velocidad de los animales normales.

Este hecho sugiere que la flora intestinal puede tener que ver con la regulación del peso corporal y, por tanto, quizá también con la obesidad.

Es bien conocido que factores que incluyen los genes que hemos heredado, el tipo de dieta y la falta de ejercicio afectan al desarrollo de la obesidad.

Es menos conocido que para que la obesidad no se desarrolle, el equilibrio entre las calorías ingeridas y consumidas tiene que ser muy preciso, ya que incluso un desequilibrio de un 1% anual entre lo ingerido y lo gastado puede conducirnos a la obesidad.

Por esta razón, la flora intestinal y el tipo y la cantidad de bacterias de la misma, al afectar a nuestra capacidad digestiva, podría ejercer, además de genes, dieta y ejercicio, un papel importante en el control del peso corporal.

Esta hipótesis ha sido explorada recientemente por un grupo de investigadores de la Universidad de Washington, en San Luis, Missouri, USA, quienes publican sus resultados en el número de esta semana de la revista Nature.

Estos investigadores compararon la abundancia relativa de los tipos de bacterias de la flora intestinal de ratones de laboratorio o de seres humanos voluntarios, tanto delgados como obesos.

Las dos poblaciones más abundantes de microorganismos de la flora intestinal tanto en ratones como en seres humanos son miembros de los grupos bacterianos conocidos como Firmicutes y Bacteroidetes.

Y bien, los estudios de la flora intestinal de los voluntarios humanos obesos indicaron que estos tenían más especies de bacterias Firmicutes que los individuos delgados.

Para comprobar si esta diferencia estaba relacionada con la obesidad, los experimentadores sometieron a una dieta adelgazante a los voluntarios obesos que lo desearon.

Tras perder peso con esa dieta, resultó que la proporción de Firmicutes en los intestinos de esas personas disminuyó.

Parecía pues que la relación entre tipo de flora y obesidad era cierta.

Resultados similares fueron obtenidos con ratones de laboratorio genéticamente determinados para convertirse en obesos debido a mutaciones en diversos genes.

Estos animales mostraron una proporción de Firmicutes superior a la encontrada en animales delgados.

Además, estos Firmicutes poseían enzimas capaces de digerir azúcares complejos encontrados en los alimentos, que así podían ser absorbidos y aprovechados por el animal.

De este modo, las bacterias Firmicutes hacen posible extraer más colorías útiles de la misma cantidad de alimento ingerido.

Estos resultados indican que las personas o animales obesos poseen diferentes tipos de flora intestinal que los delgados, pero todavía no demuestran de manera concluyente que los distintos tipos de flora ejerzan un efecto en la obesidad y puedan ayudar a su desarrollo.

Para intentar demostrar si esta posibilidad era cierta, los experimentadores utilizaron animales gnotobióticos.

Como hemos dicho, estos animales se hacen nacer y vivir en un ambiente sin microorganismos y sus intestinos no pueden ser colonizados por las bacterias.

Se consiguen así animales a los que ahora podemos “infectar” bien con bacterias procedentes de la flora intestinal de animales obesos, bien procedentes de la flora intestinal de animales delgados, que colonizarán así sus intestinos.

Y esto fue lo que hicieron los investigadores.

Lo que encontraron fue que cuando proporcionaban a los ratones gnotobióticos bacterias procedentes de ratones obesos, aquellos ganaban peso más rápidamente que cuando les proporcionaban bacterias de ratones delgados.

Se establece así una relación causa-efecto entre la flora intestinal de ratones obesos o delgados y la velocidad a la que los ratones aumentan de peso ingiriendo la misma dieta.

Estos resultados añaden una posible explicación más a por qué unos comen poco y engordan, y otros se hinchan a turrón y no lo hacen.

Además estos resultados prometen estimular el campo de los estudios sobre la obesidad, ya que de confirmarse más sólidamente en un mayor número de personas, abrirían la puerta al tratamiento de la obesidad mediante la manipulación de la flora intestinal, además de continuar con la tradicional dieta y ejercicio, claro.

Otra esperanza más para algunos y algunas que, en Fiestas de fin de ano, tendrán problemas para no aumentar de peso.

Grandes necesidades humanas...Luz ,comida, bebida, oxígeno y ...

. ... la demanda de agua responde a la necesidad de mantener el equilibrio con lo que perdemos a través del sudor, la orina y la respiración.


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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
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