Un avispado uso del olfato de la avispa


Un avispado uso del olfato de la avispaDesde que emitieron en televisión el primer episodio de las aventuras del famoso pastor alemán Rin Tin Tin, todos sabemos del extraordinario sentido del olfato de los perros, y de su capacidad para aprender y responder a las necesidades humanas.

En particular, a las de los policías, detectando, por ejemplo, drogas en los aeropuertos del mundo, o embutidos ibéricos en los aeropuertos estadounidenses.

Sin embargo, a pesar de que se han filmado también importantes series televisivas en las que los protagonistas son los insectos, tales como la Abeja Maya, o la mismísima Hormiga Atómica, e incluso se han rodado también divertidas películas, como Bichos, pocos creen que los insectos posean un buen sentido del olfato y, mucho menos, que sean capaces de aprender a identificar olores de acuerdo a nuestras necesidades.

Los insectos nos parecen a la mayoría de nosotros autómatas biológicos, genéticamente determinados para comportarse de forma establecida, encaminada a su supervivencia y reproducción, e incapaces de aprender ni a hacer la “o” con un canuto.

Sin embargo, no es así. La capacidad de aprender, aún sean las cosas más simples mediante reflejos condicionados, es tan importante para la supervivencia de los animales, que los insectos también la han adquirido a lo largo de su evolución.

En particular, una especie de avispa cazadora, Microplitis croceipes, es capaz de aprender a asociar los olores a la presencia de alimento o a la de su presa, una oruga que se alimenta de la planta de maíz, a la cuál necesita para reproducirse.

La avispa, como todas las de su clase, caza una oruga, la paraliza con su veneno, y le introduce un huevo en su interior.

Cuando nace la larva, esta dispone de alimento fresco –la propia oruga paralizada– con el que alimentarse hasta llegar a la edad adulta. Solo esta estrategia reproductiva ya da fe de la superioridad de los insectos frente a los humanos, quienes debemos cuidar a nuestra prole durante treinta o más años, sobre todo en España.

Localizar a las orugas que necesita para reproducirse es fundamental para la supervivencia de esta avispa. Afortunadamente, cuenta para ello con la ayuda de la planta de maíz.

Cuando ésta se ve atacada por la oruga, emite ciertas sustancias olorosas que las avispas detectan. Estas son capaces de aprender a asociar esos olores con la presencia de orugas, y las avispas experimentadas son atraídas hacia las plantas que están siendo devoradas por la oruga para cazarla.

Igualmente, las avispas pueden asociar la presencia de olores a la presencia de alimentos, como fluidos azucarados, por ejemplo.

Investigaciones sobre la capacidad olfativa de estos insectos indican que poseen un olfato extraordinario, superior incluso al del perro, ya que pueden detectar la presencia de una sola molécula entre más de un billón de otras diferentes.

Esta capacidad, junto a la de asociar olores a alimentos, hacen de la avispa un detector de olores muy interesante.

Si solo pudiéramos entrenarla como a Rin Tin Tin…

Es cosa hecha, ingenieros agrónomos y entomólogos de la Universidad de Georgia, en EE.UU., han sido capaces de desarrollar un método de entrenamiento para esta avispa.

Para conseguirlo ponen a la avispa en presencia de alimento al mismo tiempo que la exponen por unos segundos a un olor determinado, por ejemplo al de una droga.

Tras repetir esto unas tres veces, en un periodo de solo unos cinco minutos, la avispa aprende que el olor de la droga significa presencia de alimento.

A partir de ese momento, la avispa se dirigirá hacia la fuente de ese olor en busca del alimento que cree se encuentra en el mismo lugar.

Todo esto parece interesante, pero ¿para qué nos vale?

Como siempre, tras la ciencia viene la tecnología, que no es otra cosa que obedecer las leyes de la naturaleza para dominarla o para utilizarla.

En este caso, la ley del aprendizaje condicionado de las avispas puede ser utilizada para fabricar un detector de olores muy barato y eficaz.

Veamos cómo.

Tras entrenar a las avispas para que asocien un determinado olor al alimento y se dirijan hacia él, se coloca a cinco o seis avispas dentro de un recipiente cilíndrico con un pequeño orificio en el centro de su base.

Por este orificio, mediante un pequeño ventilador, se hace pasar aire que lleva o no el olor al que las avispas han sido condicionadas a reaccionar.

Si el aire no porta moléculas de este olor, las avispas se pasean al azar por la base del interior del recipiente. Sin embargo, si el aire contiene moléculas olorosas, las avispas las detectarán y acudirán todas al orificio, en busca de la fuente de alimento que creen se halla allí.

Así, la reunión de las avispas en torno al orificio indica la presencia de la sustancia que las avispas han aprendido a detectar.

Este artilugio podría parecer una mera curiosidad interesante para presentarla en algún número circense.

Sin embargo, cuando se sabe que las avispas tienen un extraordinario sentido del olfato, que se pueden entrenar para detectar una sustancia con muy alta sensibilidad en solo cinco minutos, y que se pueden criar por cientos de miles a un coste ridículo, el artilugio adquiere un interés insospechado.

Se considera ya usarlo para sustituir a los sabuesos, a los cuales cuesta entrenar un mínimo de seis meses y eso para detectar solo determinadas sustancias, por ejemplo explosivos concretos, durante su vida.

En cambio, varias avispas pueden ser entrenadas para detectar diversas sustancias peligrosas mientras los viajeros van mostrando sus pasaportes en el aeropuerto.

No acaba aquí el interés del sabueso entomológico. Resultaría fácil, por ejemplo, entrenar a las avispas para detectar sustancias indicativas de determinadas condiciones médicas en el aliento de las personas, que pueden incluir infecciones intestinales o pulmonares, o incluso diversos tipos de cánceres.

Su gran sensibilidad ante los olores, imperceptibles para nosotros, pueden convertir a estos repelentes animalillos, quién hubiera sido tan avispado como para predecirlo, en una herramienta diagnóstica interesante.

Lo sabremos quizá dentro de unos años.

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
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