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Stanislav Petrov ,el hombre que un día salvó al mundo

Stanislav Petrov ..el hombre que un día salvó al mundo
El proyecto Manhattan y el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki marcó el inicio de una escalada bélica para el desarrollo de armas nucleares (bombas y misiles) que marcaría la segunda mitad del siglo XX y provocaría que la tensa Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética mantuviera un peligroso equilibrio alrededor del inquietante concepto de la Destrucción Mutua Asegurada.

Si bien la tensión fue disminuyendo en los últimos años de la era soviética (y algo más con su disolución), son muchos los países (incluyendo Rusia y Estados Unidos) que mantienen armas nucleares en sus arsenales y, por tanto, el peligroso club nuclear sigue vigente (y con países interesados en pertenecer a él).

Dejando a un lado las pruebas experimentales, las únicas bombas nucleares utilizadas con fines bélicos fueron las de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

Sin embargo, el mundo ha estado al borde la aniquilación en más de una ocasión y si bien es muy conocida la Crisis de los Misiles de Cuba (1962) y también dedicamos unos minutos a hablar del incidente de la cinta equivocada (1979), el mundo pudo asistir a un gran desastre si no llega a ser por la intervención de un hombre que, literalmente, salvó al mundo: el Teniente Coronel Stanislav Yevgrafovich Petrov.
El 25 de septiembre de 1983 pudo ser el día del fin de la vida en la Tierra en una posible tercera guerra mundial nuclear.

La Guerra Fría estaba en su Máximo apogeo y la tensión entre EEUU y la URSS era si cabe aun más grande, tras el derribo de un avión civil surcoreano por parte de cazas soviéticos, con algunos americanos a bordo, y con un balance de 269 muertos. ambas superpotencias se vigilaban la una a la otra y sus sistemas de detección escudriñaban los cielos para detectar cualquier movimiento o inicio de ataque.

La inquietante estrategia de disuasión nuclear se basaba, principalmente, en el hecho de que ambos arsenales podrían destruir a ambos bandos y, por tanto, si alguien disparaba, al otro (aunque estaba abocado a la muerte) tendría margen suficiente para disparar su arsenal y aniquilar al otro (la autodestrucción total).

Es decir, si el NORAD de Estados Unidos detectaba misiles soviéticos, Estados Unidos lanzaría todo su arsenal como respuesta y viceversa.

Por tanto, cualquier tipo de señal o detección de ataque era susceptible de activar todo el sistema de respuesta (un protocolo bastante tabulado que requería bastante sangre fría y, sobre todo, no dejaba lugar a muchas dudas).

En ese contexto, Stanislav Petrov, teniente coronel de la Fuerza de misiles estratégico del Ejercito ruso, se encontraba al mando del bunker Serpukhov-15 en Moscú, desde donde se monitorizaban los cielos soviéticos.

El protocolo indicaba que sí se registraba una amenaza en forma de misil nuclear hacia posiciones de la URSS, el oficial al mando debía inmediatamente ordenar un primer contraataque contra suelo americano e informar a las autoridades.

Esa noche se hizo realidad. El ordenador captó lo que identificó como un misil militar lanzado desde EEUU con dirección a Moscú. Petrov estaba sustituyendo a un compañero esa noche, pero tuvo que hacer frente al incidente.

A pesar de la alarma que se apoderó del bunker, su primera reacción fue de escepticismo. Si Estados Unidos decidía lanzar un ataque, era poco probable que lo hiciera con un solo misil y dando la oportunidad al enemigo de responder.

Podía ser un error informático, -el radar ya había fallado antes- así que ordenó suspender la alarma que hubiera lanzado el contraataque y esperar. Pero minutos después, el ordenador informó de un segundo misil, luego de un tercero, un cuarto y un quinto.

Petrov seguía teniendo dudas, pero la presión para que respondiera alcanzó límites extremos. Podía elegir entre seguir su instinto que le indicaba que se trataba de un error, asumiendo que si se equivocaba podían morir miles de rusos en su propio país, o lanzar la respuesta nuclear hacia suelo americano que ordenaba el protocolo estratégico.

Optó por lo primero, y cuando pasaron los minutos y fue evidente que había tenido razón, se dieron cuenta de que posiblemente habían evitado la tercera guerra mundial y un posible holocausto nuclear.

La investigación reveló que el error se debió a un muy raro alineamiento de los rayos solares y las nubes que los ordenadores interpretaron como un misil.

Petrov sin saberlo había salvado al mundo, pero para sus superiores militares había desobedecido el protocolo de seguridad poniendo en riesgo a sus compatriotas. Además había dejado en mal lugar al sistema.

Así que le jubilaron anticipadamente dejándolo con una pensión de 200 dólares al mes y mantuvieron el incidente en secreto hasta 1998.

Años después cuando por fin se conoció la historia, Stanislav Petrov recibió reconocimientos y homenajes incluso de la ONU.

Aunque algunos documentos rusos aseguran que nunca un solo hombre podía haber lanzado los misiles, la mayoría de expertos en la Guerra Fría considera que el incidente de septiembre de 1983, por el contexto del momento, el paroxismo existente y los detalles de la situación, fue el instante en el que el mundo estuvo más cerca que nunca de la guerra nuclear.

Sin embargo un hombre, Petrov, evito el holocausto nuclear que probablemente hubiera acabado con la vida en este planeta. Muchos lo consideran el héroe más grande de la historia, o por lo menos el mayor héroe de la historia moderna.

El incidente se conoce con el nombre de Equinoccio de Otoño, y tuvo lugar el 26 de septiembre de 1983 en Rusia. Al ser preguntado por que no había dado la alerta, Petrov contesto "La gente no empieza una guerra nuclear con solo cinco misiles".

El Teniente Coronel Petrov lejos de ser homenajeado (o considerado Héroe de la Unión Soviética, la más alta condecoración del país), fue también investigado y las autoridades militares llegaron a la conclusión de que actúo de manera indisciplinada.

Según los militares, Petrov debió seguir la cadena de mando e informar a sus superiores, dejando a éstos la capacidad de decisión.

Aunque Petrov no fue ni juzgado ni sancionado por el incidente, fue transferido a puestos de menor responsabilidad (puesto que perdió la confianza de los mandos) y se le ordenó mantener el incidente en secreto (y así fue hasta 1998, momento en el que el general Votintsev reveló en sus memorias el incidente).

Al poco tiempo, Petrov se retiró del ejército con el grado de Teniente Coronel (no llegó a ascender en el escalafón) y, durante varios años, tuvo problemas nerviosos y de ansiedad como consecuencia de estos 15 minutos de tensión.

Tras su retiro del ejército, Petrov vive en la ciudad de Friázino (Rusia), primero como un jubilado anónimo más y ahora como el hombre que salvó al mundo del holocausto nuclear.

¿Qué hubiese pasado si Petrov no hubiera estado de servicio esa noche?

¿Qué hubiese pasado si Petrov hubiera comunicado, directamente, la alerta sin cuestionarse la información que estaba recibiendo? Quizás el mundo de hoy sería un lugar muy distinto.

Es curioso cómo un personaje como Petrov no es extremadamente conocido por el gran público a pesar de haber recibido en el año 2006 un homenaje en la sede de la ONU, haber recibido varios premios y menciones o, incluso, haberse rodado algún que otro documental alrededor de su figura.

Petrov, en este sentido, siempre se ha mostrado muy modesto y siempre ha comentado que solamente era “la persona correcta en el momento apropiado” y, la verdad, es que así lo fue.

Gracias  Camarada Petrov!

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