Simetría y cáncer de seno

Simetría y cáncer de seno
Desde al menos los tiempos del rey Salomón, que propuso partir de arriba abajo a un niño para repartirlo entre las dos mujeres que decían ser su madre, la humanidad conoce que el cuerpo humano posee simetría bilateral.

No digo nada que no sepa usted ya al decir que nuestra morfología corporal contiene numerosas partes que aparecen en pares simétricos: las orejas, los ojos, las fosas nasales, las manos, los pies, los pechos, los dedos…

Pero la simetría corporal no es nunca perfecta.

La oreja izquierda no es exactamente simétrica a la derecha.

Lo mismo sucede con otras partes simétricas del cuerpo.

Estas fluctuaciones de la simetría pueden ser más o menos aparentes en distintas personas.

Es, sin duda, menos conocido que la simetría corporal es un índice de atractivo sexual.

Numerosas especies de reptiles, aves y mamíferos prefieren a compañeros sexuales lo más simétricos posible.

Por ejemplo, colocar una anilla solo en una pata, no en las dos, de machos algunas especies de aves es suficiente para que las hembras los rechacen.

Sin embargo, anillas en las dos patas les hace recuperar su atractivo sexual.

A la vista de esos resultados, uno puede quizá encontrar explicación a la verdadera razón de los anillos de matrimonio.

De hecho, estudios con hombres y mujeres en edad de merecer, que decía mi abuela, sugieren que las mujeres prefieren a los hombres más simétricos.

Sin duda, la simetría tiene que ver con la belleza pero, evolutivamente hablando, la belleza es en parte sinónimo de éxito reproductivo.

Para explicar por qué la simetría corporal va asociada a un mayor atractivo sexual en muchas especies, los científicos acuden a la evolución por selección natural, ya que, como dijo el biólogo Theodosious Dobzhansky, nada tiene sentido en biología excepto en la luz de la evolución.

Así pues, la simetría corporal debe estar relacionada con la salud o la calidad de los genes que posee el organismo simétrico y que influyen en su éxito reproductivo.

Esto es razonable, puesto que es durante el crecimiento embrionario y postnatal cuando se desarrollan y acaban de perfilarse las estructuras corporales simétricas.

El desarrollo corporal está sujeto a diversas influencias y fluctuaciones del entorno, a la adecuada alimentación o adecuado cuidado de los progenitores, etc.

Estas influencias pueden afectar en mayor o menor grado a nuestra simetría, de acuerdo a la “calidad” de los genes que controlan los procesos de desarrollo.

Aquellos genes de mayor “calidad” producirán menos diferencias en el desarrollo de las dos partes simétricas del cuerpo, y resultarán en individuos con mayor simetría.

Así pues, la simetría corporal es un índice de la salud y buena calidad de los genes que poseemos. Sin duda, es esto lo que los compañeros sexuales buscan para aumentar el éxito reproductivo.

La belleza y el atractivo sexual de animales, hombres y mujeres, relacionada con la simetría, no es algo inexplicable, sino que tiene su raíz en la evolución natural.

Pero además de la simetría y la belleza, hoy sabemos que los genes están relacionados con la salud. “Buenos” genes van asociados a una buena salud.

Por consiguiente, rasgos asimétricos, relacionados con no tan “buenos” genes, deben estar asociados con problemas de salud.

Y, en efecto, algunos estudios así lo indican, ya que las diferencias en la longitud de los dedos de las dos manos, o las diferencias en la talla de las orejas, están relacionadas con la probabilidad de desarrollar obesidad y con la salud física general de las personas.

¿No es fascinante?

Sin embargo, ya que la simetría y la atracción sexual están relacionadas, deberían ser los caracteres sexuales secundarios, esos que aparecen en la pubertad, los que más fácilmente manifiesten posibles problemas de salud.

De hecho, son los pechos de las mujeres las partes de sus cuerpos que más asimetría muestran ente sí.

La razón es probablemente que los pechos son los caracteres sexuales secundarios que más rápidamente se desarrollan y que, por tanto, pueden manifestar más claramente posibles problemas o fluctuaciones de su desarrollo.

Puesto que es el cáncer de mama una de las enfermedades más importantes en las mujeres, a un grupo de investigadores e investigadoras de las universidades de Liverpool y Lancashire, en el Reino Unido, se les ocurrió estudiar si las diferencias entre el volumen de los dos pechos de las mujeres podrían ser indicativas del riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Para ello, calcularon el volumen mamario de los dos pechos a partir de mamografías de mujeres sanas tomadas entre 1979 y 1986.

De ellas, seleccionaron a 252 mujeres que acabaron por desarrollar cáncer de mama y a otras 252 mujeres que no lo hicieron, y compararon las diferencias de volumen entre sus dos pechos.

Los resultados, lo habrá adivinado, indicaron que las mujeres que desarrollaron cáncer de mama poseían pechos significativamente más asimétricos que las que no lo hicieron.

Si los volúmenes de los pechos diferían entre sí más de 100 mililitros, las mujeres presentaban un riesgo 50% mayor de desarrollar cáncer de mama.

Pero antes de que corra al espejo a quitarse el sujetador, si lo lleva, y examinar la simetría de sus pechos, debe saber que éstos casi nunca son iguales, y que normalmente difieren en un volumen de 50 o 60 mililitros para pechos de unos 500 mililitros de volumen total cada uno.

Los pechos completamente simétricos quizá solo se vean de vez en cuando en las fotos de revistas para hombres.

Así que si sus pechos no son completamente iguales, no se asuste; no quiere decir que vaya a desarrollar cáncer de mama.

Queda mucho por estudiar para establecer con seguridad que la diferencia entre los volúmenes de los pechos es un indicador fiable de la probabilidad de desarrollar cáncer de mama.

Sin embargo, estos estudios abren la esperanza a que, en lugar de utilizar complicados y caros análisis genéticos para determinar el riesgo de desarrollar cáncer de mama de la población femenina, podamos utilizar una simple mamografía para determinar la diferencia entre los volúmenes de los pechos.

Esto permitirá aconsejar a una mujer de pechos asimétricos que se examine y siga de cerca la evolución de sus mamas en busca de posibles bultos o problemas, y tal vez conseguirá relajar la frecuencia de mamografías y análisis futuros en mujeres de pechos más simétricos.

No hay duda de que, de confirmarse, estos estudios tendrán un serio impacto en la economía sanitaria y en la fácil selección y seguimiento de mujeres con mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia
Creative Commons.
Gracias por visitarnos y compartir en su red social favorita.