Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Los seres vivos y su tiempo biológico de vida

Seres vivos y su tiempo biológico
Cualquier ser vivo experimenta el tiempo como algo fundamental en sus vidas.

Los seres humanos no son ajenos a la dependencia cronológica del resto de animales o plantas, siguiendo todos internamente un ritmo marcado por los relojes biológicos.

Desde los estados emocionales de carácter estacional, a las cascadas hormonales del torrente sanguíneo de los adolescentes, todo está regulado por ciclos, relojes y marcadores cronobiológicos.

 Los sistemas medidores de tiempo que habitan en el interior de nuestras células deciden también la fecha de nuestra muerte, siempre y cuando una enfermedad o un accidente no la hayan adelantado.

Vivimos sujetos a todos estos mecanismos que rigen nuestros ciclos biológicos.

No hay un solo mecanismo que gobierne la vida del individuo de forma monolítica.



 Más bien, es la suma de muchos y muy diferentes sistemas lo que nos mantiene vivos, atados a las cadenas del tiempo.

Aunque los fisiólogos todavía no conocen con exactitud todos estos mecanismos, pueden ya ofrecer respuestas bastante claras acerca de nuestro comportamiento biológico con respecto a los ciclos diurnos, las estaciones o el paso de los años.

Suele decirse que, al realizar una tarea agradable, el tiempo pasará volando. Sin embargo, ante algo pesado o incómodo, el paso del tiempo se nos hará interminable.

El culpable de esta sensación irregular acerca del transcurrir temporal, lo tiene un circuito de intervalos alojado en nuestro cerebro.

Es este circuito el que regula en el tiempo las actividades que realicemos, afectando a nuestra percepción, memoria y pensamiento.

¿Se ha localizado en la intrincada maraña cerebral ese vital circuito? Básicamente sí, está constituido por unas áreas pequeñas de los ganglios basales y el cuerpo estriado.

En esa región de nuestro cerebro habitan pequeños grupos de células nerviosas, neuronas, con aspecto espinoso.

Las largas ramas de las neuronas del cuerpo estriado poseen miles de conexiones con todas las demás porciones del cerebro, convirtiéndose en un circuito vital para nuestras funciones de pensamiento y relación. El consumo de drogas afecta al funcionamiento del circuito temporal.

Por ejemplo, el consumo de marihuana reduce la cantidad de dopamina, substancia utilizada por el circuito como reguladora de su función, con lo que éste se enlentece, haciendo que el individuo sienta cómo el tiempo se “frena”.

Las drogas estimulantes, como la cocaína, actúan de forma contraria, aumentando la disponibilidad de dopamina y haciendo que el tiempo parezca discurrir con mayor rapidez.

Las emociones fuertes o el estrés afectan a su vez a la cantidad de dopamina a disposición de este sistema cerebral. Con esto, se explica que algunas veces los segundos nos parezcan horas o lo contrario, que el día se pase “volando”.

Cuenta nuestro cerebro con otro reloj, encargado de los ciclos diarios. El reloj circadiano está regulado por los ciclos de luz y oscuridad, el día y la noche. Es el encargado de programar nuestra necesidad de sueño nocturno y el que nos despierta, o lo intenta, por las mañanas.

Sus funciones van mucho más allá de intentar hacernos dormir o de actuar como despertador. Regula la temperatura corporal, haciendo que ésta sea máxima por la tarde y mínima al amanecer.

Controla la presión arterial, que se eleva a partir de las primeras horas de la mañana. La secreción de hormonas relacionadas con el estrés es mucho mayor por la mañana que al anochecer, todas las funciones orgánicas se activarán o desactivarán, acentuarán o disminuirán según dicte el ciclo del día, controlado por el reloj circadiano.

La maquinaria celular de este reloj funciona incluso sin estímulos externos. No hace falta que el amanecer sea perceptible para que el reloj circadiano nos avise para levantarnos.

En experimentos realizados en cuevas, con voluntarios que han pasado largas semanas sin ver la luz solar, el sistema continúa funcionando.

Al contrario que con el reloj cerebral, el sistema circadiano se localiza en el interior de los millones de células que construyen nuestro cuerpo, manteniéndose en funcionamiento incluso cuando son cultivadas en laboratorio.

Como cualquier reloj, el circadiano también puede atrasarse o adelantarse.

Es para mantenerlo en hora, sincronizado con el ciclo diario, cuando nuestro organismo utiliza la luz diurna.

Los relojes celulares son coordinados por dos circuitos cerebrales. Uno se localiza en el hipotálamo, en los núcleos supraquiasmáticos y es el culpable de que nos mantengamos despiertos, de las fluctuaciones en la presión arterial y de la temperatura corporal.

El otro se encuentra en la glándula pineal, habitante del centro del cerebro.

Esta glándula segrega a la sangre la hormona melatonina, sólo por la noche, para inducir nuestro sueño. ¿Cómo saben esas células en el interior de nuestro cerebro si fuera es de día o de noche? ¿Cómo reciben el estímulo?

Lo hacen a través otras células especializadas, recién descubiertas, que viven en la retina de nuestros ojos y que están en permanente comunicación con los relojes cerebrales.

Como en cualquier organización compleja, en nuestro cuerpo también existe la rebelión. Una cosa es lo que el cerebro mande y la otra lo que cada órgano decida, aunque en general son muy obedientes.

Se han descubierto grupos de genes que actúan como reguladores circadianos en varios tejidos.

Dependiendo de las horas de alimentación u horario laboral, así se regulará cada ciclo en el hígado o en otros órganos, con independencia de la orden cerebral. Hasta ahora se pensaba que los relojes cerebrales reinaban sobre todo el cuerpo.

Hoy se reconoce que son vitales en el mantenimiento de la presión arterial o la temperatura, el sueño y la vigilia, pero el resto de los órganos parecen ir “por libre”. Esto parece explicar el molesto desfase que se produce en los viajes largos.

La fisiología está así controlada por los relojes circadianos, manteniendo el control de nuestras actividades a lo largo del día. Esta sería, brevemente, la secuencia de acontecimientos cíclicos que nos suceden a diario (ver cuadro anexo).

“Ciclo” diario
24:00 Medianoche.
02:00 Sueño profundo.
04:30 Temperatura corporal más baja.
06:45 Elevación aguda de la presión arterial.
07:30 Cesa la secreción de melatonina.
08:30 Inicio de la actividad intestinal.
10:00 Alto estado de vigilia.
12:00 Mediodía.
14:30 Coordinación óptima.
15:30 Tiempo de reacción más rápido.
17:00 Eficiencia cardiovascular y muscular óptimas.
18:30 Presión arterial máxima.
19:00 Temperatura corporal máxima.
21:00 Comienza la secreción de melatonina.
22:30 Cesa la actividad intestinal.

Los bruscos cambios que los viajes largos causan en nuestros ritmos circadianos, se repiten por culpa de los cambios de estación, aunque esta vez de forma menos súbita. Cuando la hora oficial cambia en muchos países, dicen que para ahorrar energía, gran número de personas sienten trastornos. Aunque su hora de acostarse haya cambiado, tenderán a levantarse a la misma hora de siempre, muchas veces bastante antes del amanecer.

Esta falta de sincronía entre el horario cotidiano y el ciclo diario podría explicar una curiosa enfermedad, el trastorno afectivo estacional. Apatía, cansancio, tristeza, aumento de peso, son los síntomas sufridos por millones de personas, mayoritariamente en el Hemisferio Norte, entre los meses de octubre a marzo.

Algunos científicos piensan que estas personas podrían salir de su estado depresivo si se levantaran a la hora del alba en invierno, por tratarse de un problema de adaptación de los ciclos de sueño y vigilia. Aun así, por mucho que a algunos de nosotros las estaciones nos creen problemas, somos una de las especies vivas a la que menos afectan los cambios estacionales. Estamos libres de hibernar, mudar de pelo o piel y rendirnos a los ciclos de apareamiento.

En los humanos existe otro ciclo, el más misterioso de todos.

En las mujeres y en otras hembras de los primates, el ciclo de ovulación dura cerca de un mes. Este ciclo está controlado por mecanismos bioquímicos muy bien conocidos, que pueden ser regulados por tratamientos hormonales, la actividad física o la presencia de otras mujeres que estén menstruando.

Lo que es verdaderamente enigmático es el porqué de su duración, que “coincide” con el ciclo lunar.

*Para la elaboración del listado he consultado la siguiente fuente:
Karen Wright, El tiempo biológico. Investigación y Ciencia, Noviembre de 2002.
*Imagen: Dibujo de un entramado de neuronas, Santiago Ramón y Cajal.

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FUENTE :http://www.alpoma.net/tecob/?paged=252
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