Hey Doctor ¿Será que estoy muerto?

¿Será que estoy muerto?
Aunque aparentemente está claro,para algunos,  la diferencia entre estar muerto o estar vivo es muchas veces bastante borrosa.

Mucha gente en siglos pasados, ante el gran número de casos de personas que eran enterradas vivas cuando sólo aparentemente habían muerto, exigían ser mutilados de forma brutal para tener la seguridad de ser enterradas totalmente muertas.

Hoy la técnica médica ha evolucionado lo suficiente para que no se den casos de este tipo. ( O muy pocos casos)

Para los que apoyan el uso de la hibernación o de otras tecnologías que guardan esperanza en la resurrección mecánica futura, el criterio actual de muerte les resulta equivocado.

Hoy, para estar muerto, hay que carecer de actividad cortical, lo que se conoce como muerte cerebral.

El cuerpo puede estar sanísimo, pero si la mente no funciona, está claro, uno se encuentra muerto.

Pero ¿y en el futuro?

Se han dado casos de algunas personas en coma irreversible, o al menos eso parecía, que volvieron a la vida al cabo de meses o años. Cerebralmente estaban muertos, pero regresaron.

Las personas que apoyan la hibernación, sobre todo in vivo, alegan que en el futuro será muy sencillo recuperar cerebros en estado de coma profundo o teóricamente irreversible. Si se mantiene al cuerpo en congelación, la fe en la tecnología futura hará el resto.

Algunos científicos abogan por modificar el concepto de muerte cerebral, destinando esta idea sólo a los casos en los que los circuitos de la memoria y de la conciencia han sido dañados físicamente de forma irreversible, con lo que el paciente se convierte de verdad en un vegetal irrecuperable.

El mayor problema está en que no se puede saber con la tecnología actual, en muchos casos, si esos daños son verdaderamente irreversibles. Considerando este punto de vista, la nueva definición podría ser la siguiente:

Una persona está muerta si sus recuerdos, personalidad, esperanzas y sueños han desaparecido al destruirse la base física sobre la que se asientan.

Esto es, si se han roto las estructuras cerebrales que originan el código de memoria y de personalidad, de forma que sea imposible por técnica alguna restaurarlas al anterior estado de integridad.

Si las estructuras que originan el código de memoria y personalidad están lo suficientemente intactas, es factible una restauración del sistema, entonces la persona no está muerta.

Ciertamente esta definición se aferra al más humano de los sentimientos, la esperanza, y sirve de apoyo moral a los partidarios de la criogenia, la hibernación y cualquier otro tipo de aspiración a la eternidad.

Haciendo una comparación con el mundo de los ordenadores, se puede decir que, según este punto de vista, mientras el programa esté intacto, la vida existe.

Cuando éste se daña irreparablemente, la muerte aparece. Pero esto no es todo, hay muchas formas de ver lo que es la vida y la muerte, algunas muy extrañas. Para preservar la vida puede no ser necesario reparar físicamente el cerebro o incluso llegar a prescindir de él. ¿Cómo es esto posible?

Muy sencillo, volcando toda la información que forma a una personalidad en un ordenador muy complejo, totalmente alejado de las posibilidades actuales, pero no de las del “aclamado” futuro.

El filósofo especialista en asuntos de la conciencia y la cognición Paul Churchland lo vio de esta manera:

Si las máquinas pueden simular todas nuestras actividades cognoscitivas interiores, hasta el más mínimo detalle, negarlas el estatus de persona constituiría una nueva forma de racismo.

Cuestión que preocupará seguramente a nuestros tataranietos, si es que alguna vez logra demostrarse que una máquina puede llegar a tener conciencia o albergar lo que anteriormente fue una personalidad humana de carne y hueso.

Con todo esto puede comprenderse claramente cómo ha cambiado el concepto de muerte durante la historia.

A un médico del hace dos siglos la cuestión le parecería muy clara, parada cardiaca igual a muerte. Hoy esa afirmación es bastante ridícula si se tiene en cuenta toda la técnica disponible sobre reanimación cardíaca.

Quién sabe lo que el futuro considerará como muerte.

Lo que seguramente suceda no se tratará de afirmar si un paciente ha muerto o no, sino de si lo que hoy parece muerte podrá dejar de serlo con otra tecnología más avanzada.

Esa es la esperanza de los que confían en la criogenia, convertir la muerte actual en vida futura. El mayor dilema está en esto mismo, la tecnología.

De momento, en los últimos trescientos años, no ha dejado de avanzar.

Pero, esto ¿puede mantenerse así de forma indefinida? Algunos filósofos creen que ya estamos llegando al fin de la ciencia, a la muerte del concepto de progreso.

La historia humana está llena de involuciones, no tan solo de revoluciones, puede haber una vuelta atrás.

Sea como fuere, aunque aparentemente a la ciencia le queda toda la eternidad por delante, igual ese futuro esperado por los “congelados” no es lo que esperan.


FUENTE : http://www.alpoma.net/tecob/?paged=290
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