Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

A 4600 metros en una silla de jardín atada a globos

A 5.000 metros en una silla de jardín atada a globos
El hombre que se fue a volar hasta alcanzar casi 5.000 metros con una silla de jardín atada a globos meteorológicos.

No es un modelo a seguir (especialmente para los niños, para quien les dejo el tip “no intenten ésto en casa”).

Digo, no es un modelo a seguir empezando por el poco profesionalismo de ésta historia, que más bien parece una alocada aventura que pudo terminal muy mal.

Larry Walters siempre había soñado con volar. Desde que era un niño, su gran ilusión había sido surcar los cielos. Por eso, en cuanto tuvo la edad necesaria, intentó alistarse en las Fuerzas Aéreas de EEUU.

Desgraciadamente para él, su pobre visión hizo que fuera descartado para ser piloto, y Larry acabó dedicándose a conducir camiones.

Pero sus ansias de volar no desaparecieron nunca.

Siendo todavía un adolescente, Walters había visto sujetos al tejado de una tienda de pertrechos militares varios grandes globos sonda, de los utilizados en investigaciones meteorológicas, y en ese momento pensó que una persona podía volar atada a varios de ellos.

Veinte años después decidió que podía hacer realidad aquella idea.

Con la ayuda de su entonces novia, Carol Van Deusen, compró 42 globos de gran tamaño y varias bombonas de helio, con la excusa de que se iban a ser usados para el rodaje de un anuncio de televisión.

El plan era sencillo: atar los globos a una silla de jardín, soltar amarras y dejarse llevar tranquilamente, flotando por el cielo de California.

Larry Walters fue un conductor de camión residente en San Pedro, California que quiso convertirse en piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, un proyecto frustrado por problemas de visión.

Con alrededor de 33 años de edad, decide concretar una idea que venía rondando su cabeza desde varios años antes.

Así se lanza a comprar unos 45 globos meteorológicos para cargar con helio y simplemente echarse a volar sin realizar demasiados cálculos ni prevenir demasiados riesgos.

Su plan era por decirlo, poco meticuloso (como mínimo): amarrar los globos a una silla que tenía en su patio, cargar unas cervezas, unos bocadillos, una pistola de aire comprimido para cargarse algunos globos y descender, y así, pasar unas largas horas a no más de 40 o 50 metros de altura.

A 4600 metros en una silla de jardín atada a globos

El "lanzamiento" tuvo lugar a las 11 de la mañana del 2 de julio de 1982, desde el patio trasero de la casa de su novia, en el 1633 W 7th Street, en San Pedro (a unos 35 kilómetros al sur de Los Angeles). Walters se subió a la sencilla silla de jardín a la que había amarrado los globos, pertrechado con un paracaídas, unos bocadillos, un pack de seis latas de cerveza, una cámara, una radio de onda corta y una pistola de aire comprimido, y soltó las amarras.

Con su equipo de picnic, Larry Walters se echa a la aventura, pero lo que eran sólo unos pocos metros, se transformaron en un ascenso que no pudo controlar.

Ahora bien, Walters había pensado que su artefacto (al que llamó Inspiration I) se elevaría nueve o diez metros, se pasaría unas horas revoloteando por su vecindario y luego, cuando quisiese bajar, utilizaría la pistola para pinchar algunos globos y así descender suavemente. Pero se equivocó, y mucho, con sus cálculos.

Una vez liberado, pese a las botellas de agua que llevaba como lastre, el Inspiration se elevó rápidamente hasta alcanzar casi los 5000 metros de altitud. Walters, aterrado por miedo a desequilibrar toda la carga junto a su silla, decide no disparar a los globos ,temía que si lo hacía pudiese desestabilizar todo el artilugio y caer al vacío,así que decidió dejarse llevar por el viento hasta alcanzar nada menos que unos 4. 600 metros según las estimaciones posteriores. 

Así que se limitó a quedarse quieto, soportando temperaturas bajísimas, mientras el Inspiration I derivaba lentamente a merced de las corrientes de viento.

En el aire, también disponía de un equipo de radio con el que se pudo comunicar a través de un canal para emergencias, tras invadir el espacio aéreo controlado.

Luego de 45 minutos en el aire, comienza a disparar a los globos, hasta perder accidentalmente los perdigones por la borda.

Después de varias horas surcando los cielos de San Pedro y Long Beach, poco a poco el viento fue llevando a Larry en dirección al principal corredor de aproximación aérea al LAX, el Aeropuerto Internacional de Los Angeles.

No tardó en ser avistado por un avión de la TWA, cuyo asombrado piloto comunicó a la torre de control que acababa de pasar junto a un hombre en una silla de jardín.

Los controladores del aeropuerto se mostraron incrédulos (con razón), pero después de que un segundo piloto diera el mismo aviso, comprobaron en sus radares que, efectivamente, allí había algún tipo de objeto no identificado en el espacio aéreo del aeropuerto.

El descenso fue poco menos que lento e infeliz, hasta quedar atascado en unos cables que causaron un apagón de 20 minutos en la zona de Long Beach.

Por supuesto, tras la aventura fue detenido por violar la ley Federal de Aviación, aunque por ser un caso inclasificable fue multado por “apenas” 1.500 dólares.

Su experiencia lo llevó a deambular por algunos programas de televisión, ganándose también varias notas en distintos diarios.

Mientras, Larry Walters decidía entonces dar aviso de su situación poniéndose en contacto con la REACT, una organización ciudadana dedicada a la monitorización de emergencias a través del Canal 9 de radio. La conversación, cuya grabación aún se conserva, fue más o menos así:

REACT: ¿Qué información desea que le transmita [al aeropuerto] sobre su localización y las dificultades en las que se encuentra?
Walters: Ah, la dificultad es que, ah, esto era un lanzamiento de globo no autorizado, y, uh, se que estoy en espacio aéreo federal, uh, y estoy seguro de que mi gente en tierra ya ha avisado a las autoridades pertinentes. Pero, uh, sólo díganles que estoy bien.

Al final, Walters se decidió a arriesgarse a pinchar algunos de los globos para intentar descender. Disparó a varios antes de que su pistola de aire comprimido se le cayera accidentalmente. 

Sin embargo, fue suficiente para iniciar un lento descenso que le llevó de vuelta a tierra firme, no sin antes engancharse en el tendido eléctrico, lo que provocó un apagón en varias manzanas de Long Beach. Abajo ya le esperaba la policía, que lo arrestó de inmediato.

Walters acabó siendo condenado a pagar una multa de 4000 $ por violar varias leyes de la Federación Norteamericana de Aviación, entre ellas la de operar una aeronave en una zona de tráfico aéreo sin establecer comunicación con la torre de control. 

A 4600 metros en una silla de jardín atada a globosUn recurso posterior la reduciría a 1500 $ por "pilotar una aeronave civil sin el correspondiente certificado de navegabilidad". 

Por entonces, Walters ya se había hecho muy popular y su aventura ya había aparecido en medios tan destacados como el New York Times. 

Participó en los famosos programas televisivos de Johnny Carson y David Letterman, e incluso el Museo Smithsonian le pidió que les cediera su famosa silla para exponerla, aunque Larry ya se la había regalado a un joven vecino suyo (en la actualidad, la silla se halla en el San Diego Air and Space Museum).

Tras su aventura, las cosas no le fueron demasiado bien a Larry Walters. Dejó su trabajo para dedicarse a dar charlas motivacionales, con escaso éxito. 

Rompió con la que había sido su novia durante quince años y encadenó trabajos temporales como guardia de seguridad, hasta que en octubre de 1993, víctima de una severa depresión, se quitó la vida.

Curiosamente, ésta pequeña aventura, tuvo sus secuelas hasta la actualidad en una modalidad de vuelo conocida como cluster ballooning.

Este deporte de riesgo, se realiza con múltiples globos en donde la única técnica de ascenso es desprenderse de peso (normalmente agua almacenada en compartimentos junto a un arnés individual) o de descenso desechando globos.

Según explica, el vuelo en globos con helio es una actividad bastante excéntrica realizada por unas pocas personas en el mundo.

En Clusterballoon.org, John Ninomiya cuenta sus experiencias en la actividad (siendo uno de los aficionados más reconocidos), luego de haber realizado más de 40 vuelos en globos de helio, que no duda en calificar como momentos mágicos.

En total, según afirma, hay apenas una media docena de pilotos en globos de racimo dispersos en el planeta.

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