Fusión y Confusión

Fusión y Confusión
Diagrama de un calorímetro :Wiki.
Aclaramos que la fusión fría es algo relativamente muy nuevo,aun en proceso de experimentación y verificación por parte de cientificos al rededor del mundo.

Lo que van a leer acerca de la fusión fría ,puede variar en la practica, mas aun hay estudios contradictorios en esta materia, por lo que debe leerse con una mente abierta, critica y dispuesta a futuros cambios...

El 23 de marzo de 1989, en una conferencia de prensa multitudinaria, dos desconocidos químicos de la pequeña Universidad de Utah, en Salt Lake City, anunciaron una noticia excepcional.

La fusión fría estaba al alcance de la energéticamente sedienta humanidad.

Los dos nuevos genios benefactores eran Martin Fleischmann y Stanley Pons.

El descubrimiento abría las puertas a un futuro en el que las necesidades de energía se cubrirían de forma barata e infinita.

La prensa de todo el mundo recogió en sus primeras planas el feliz acontecimiento, propagándose la buena nueva por todas partes, fue un día de gloria para dos oscuros nombres, que a buen seguro se unirían en el olimpo de la ciencia a los de Einstein, Newton o Fleming.

Pero la gloria dio paso al escepticismo y, de ahí, a la condena y la expulsión de la oficialidad científica.

La conclusión final de todo este lío fue muy simple: era una chapuza.

A pesar de esto, hoy se continúa investigando sobre la fusión fría porque hay muchos datos experimentales nada claros, aunque realmente no tengan nada que ver con lo que los químicos de Utah pensaron haber descubierto.

La fusión fría tiene una larga historia, al menos desde el punto de vista teórico. En la primera mitad del siglo XX el físico norteamericano Luis Álvarez desarrolló el concepto de la fusión fría muónica. Los muones son partículas subatómicas similares al electrón, con carga negativa, pero con una masa doscientas veces mayor.

La fusión muónica se produce, al menos en teoría, cuando dos núcleos de deuterio tienen entre ellos un muón.

En ciertas condiciones, los dos núcleos se aproximan y se fusionan, gracias a la “catálisis” del muón, pero no se considera un proceso rentable porque, para producir un muón, hay que consumir más energía que la obtenida con la fusión.

En la década de los setenta, científicos soviéticos comunicaron haber logrado, a temperatura ambiente, la llamada fractofusión.

Este mecanismo se produce gracias a altas energías presentes en las grietas microscópicas que se presentan en los metales al introducirse en ellos núcleos de deuterio.

La temperatura general del experimento es la ambiental, sin embargo a nivel microscópico se dan fusiones nucleares elevando mucho la temperatura de las microgrietas.

Aquellas experiencias no recibieron mucho crédito, siendo tomadas como simples curiosidades de la física, sin aplicaciones útiles a la vista.

El tiempo pasó sin pena ni gloria para la fusión fría hasta que Fleischmann y Pons hicieron estallar el asunto en la prensa mundial. ¿Porqué es tan interesante la fusión nuclear?

La fusión fría es el contrapunto a la forma de fusión más investigada y aceptada: la fusión termonuclear.

La fusión se produce al fundirse dos núcleos atómicos, proceso que desprende gran cantidad de energía, de ahí su interés como alternativa a los combustibles fósiles y otras fuentes energéticas utilizadas actualmente.

La forma de energía atómica utilizada hoy es la fisión, en la que los núcleos de átomos pesados son rotos, emitiendo energía y generando residuos peligrosos de larga vida.

La fusión nuclear, además de proporcionar mucha más energía que la fisión, generaría, de lograr controlarla, una cantidad de residuos muy pequeña y de corta vida.

Las ventajas de la fusión hacen que desde hace muchas décadas los gobiernos del mundo dediquen cantidades ingentes de dinero para lograr la tecnología necesaria, y conseguir amarrar al genio energético del átomo.

Nuestro Sol funciona como un gigantesco reactor de fusión termonuclear, lleva haciéndolo 6.500 millones de años y parece que no le va mal, pues nos ilumina y calienta a diario, manteniendo la vida sobre la Tierra, generando energía para la humanidad.

Hasta los combustibles fósiles tiene su origen en el Sol, pues son los restos fosilizados del plancton marino antiguo que vivió y creció gracias a la radiación solar.

Pero para que la fusión sea viable comercialmente, hay que superar obstáculos técnicos formidables.

La fusión necesita que los núcleos atómicos, generalmente de isótopos del hidrógeno como deuterio o el tritio, se acerquen entre sí muy cerca.

Al igual que los dos polos iguales de los imanes se rechazan entre ellos, así los núcleos atómicos, con igual carga, deben traspasar la barrera de repulsión electrostática para unirse.

La forma de conseguir esto es utilizar presiones y temperaturas como las reinantes en nuestra estrella madre, varios millones de grados centígrados.

En Estados Unidos, Europa, Rusia y Japón hay múltiples grupos de científicos dándole vueltas a los problemas de la termofusión, cada equipo con sus ideas y métodos diferentes. Al formidable impedimento de las grandes temperaturas se une la necesidad de construir un recipiente de contención para el proceso que pueda soportar la fusión sin destruirse en el esfuerzo.

Básicamente la investigación se ha centrado en dos ideas: el confinamiento magnético y el inercial.

El primer sistema utiliza formidables campos magnéticos para contener en el interior de una estructura con forma de rosquilla, toroidal, al deuterio en fusión, flotando atrapado en medio del campo y del vacío.

En Europa ya se han logrado grandes resultados con este sistema, y se espera que en pocos años existan reactores experimentales muy eficientes, paso inicial hacia la explotación comercial de la fusión termonuclear.

El segundo sistema utiliza como campo de contención varios haces concéntricos de partículas o rayos láser.

Este método no ha conseguido tanto éxito como el magnético.

En medio de tanto gasto para alcanzar la fusión “caliente” llegaron Fleischmann y Pons para desordenar completamente la casa de la física nuclear.

Donde otros se habían gastado cantidades inimaginables de dinero, ellos utilizaron simples materiales de laboratorio casi casero, una obra de simple bricolaje doméstico, en comparación con las gigantescas máquinas de confinamiento que necesitan ser diseñadas y atendidas por cientos de técnicos, ocupando grandes edificios.

Los dos químicos utilizaron una célula electrolítica, algo así como una pequeña caja llena de agua, con deuterio, sales conductoras y dos electrodos, uno de paladio y otro de un metal cualquiera.

El paladio es un caro metal que absorbe grandes cantidades de hidrógeno y deuterio en su interior.

Al hacer pasar electricidad por los electrodos, el de paladio comenzada a consumir deuterio concentrándolo en su interior, acercándose cada vez más los átomos de ese isótopo del hidrógeno dentro de las microgrietas del paladio.

Los detectores registraron entonces un aumento de calor y pruebas indirectas de la emisión de neutrones, convenciendo a los dos investigadores de haber logrado fusión en frío de forma muy simple, sin emplear costosos recursos.

El problema empieza cuando no hay ningún modelo teórico que demuestre la existencia de fusión por medio de simple presión en el interior de metales.

A partir del día de la rueda de prensa muchos laboratorios del mundo se lanzaron a la reproducción de los resultados prometidos por Fleischmann y Pons. La conclusión fue decepcionante, casi nadie logró detectar calor o neutrones en las nuevas pruebas, poniendo los dos protagonistas como explicación de esto, la laboriosa preparación que necesitaba el electrodo el paladio.

Sin embargo, sí se logró reproducir algo similar en unos pocos laboratorios, como en el del español Carlos Sánchez, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Lo que se descubrió fue la existencia de un proceso anómalo e inexplicado que genera neutrones y calor, pero que no tendría que ver con la tan traída y llevada fusión fría.

De haber logrado esta fusión de verdad, los dos químicos seguramente estarían muertos, pues la tasa de radiación neutrónica emitida por la fusión real hubiera sido mucho mayor que la observada.

Dado el revuelo levantado con todo esto, científicos de prestigio decidieron analizar con lupa los procedimientos originales y descubrieron un montón de chapuzas.

El calor generado en la fusión debería haber vaporizado parte del electrodo, cosa que no ocurrió.

Tampoco fueron observados realmente los neutrones, porque los dos químicos carecían del instrumental apropiado.

En vez de esperar a contar con los detectores adecuados, decidieron dar conocimiento a la voz pública de su portentoso y presunto descubrimiento ante el temor de que alguien se les adelantara y perdieran la gloria.

Así que se conformaron con el uso de detectores de rayos gamma, método indirecto de la presencia de neutrones emitidos en la reacción.

Por otra parte, no encontraron rastros de helio, condición indispensable si hubiera ocurrido una fusión verdadera.

Los resultados experimentales estaban mal anotados y alterados, la chapuza era evidente y ante un nuevo fenómeno que, bien estudiado con calma y buenos métodos, podría haber consagrado a sus descubridores, lo único que consiguieron fue el desprestigio propio, de la ciencia y de la teóricamente posible fusión fría.

La prensa se enfrió rápidamente ante la falta de nuevos datos sensacionales, pero dentro del mundo científico la cuestión no se olvidó. Sobre la fusión fría se ha construido un extraño emporio sociológico y económico que afecta a varios científicos de gran prestigio.

Al principio de este frío asunto, la Universidad de Utah defendió la veracidad del experimento con el fin de lograr ser el centro de la nueva tecnología de fusión, acaparando así ingentes fondos públicos para la investigación. Esto originó un escándalo que terminó con la dimisión de Chase N. Peterson, máximo dirigente de esa universidad.

Experimentos con datos manipulados, artículos en revistas científicas sobre métodos nunca practicados o cartas abiertas entre científicos atacándose unos a otros culpándose de malas prácticas, inquisidores o simples ladrones.

El fenómeno era real, eso ya nadie lo dudaba, pero en medio de esta guerra ninguno consideraba serio investigar por esos caminos.

La fusión fría se convirtió en un tema prohibido, demasiado controvertido y peligroso como para arriesgar una larga carrera científica ensuciando el currículum con él. Tras muchas comisiones de investigación y múltiples acusaciones de fraude, no se ha aclarado si el fenómeno descubierto en 1989 es en realidad un tipo extraño de fusión o es otra cosa. Puede que detrás de todo esto sí haya algo muy interesante, pues tanto Fleischmann como Pons se encuentran “desaparecidos”, trabajando para compañías privadas europeas y japonesas que han invertido mucho dinero en la fusión fría. Con el paso de los años algunos aventureros de la química han tratado de reproducir y mejorar el experimento original.

En 1992 la japonesa Universidad de Nagoya anunció resultados superiores incluso a los de la experiencia del 89. Desde hace varios años se celebran varias conferencias internacionales que trata sobre la fusión fría.

A estas reuniones acuden muchos grandes investigadores, aunque lo normal es que sean los disidentes los que se encuentren en ellas.

Los defensores de la fusión fría creen que las trabas contra la investigación de este fenómeno surgen de los grandes grupos de presión económica que han invertido tanto dinero en termofusión durante tantas décadas, que ven peligrar su esfuerzo ante la novedosa y barata energía misteriosa de la fusión fría.

Ya veremos si durante el siglo XXI se aclara qué es lo observado realmente en el interior de los electrodos de paladio incluidos en las inocentemente simples células electrolíticas, porque a comienzos del 2002 investigadores del Laboratorio Nacional de Oak Ridge en Tennessee afirmaron haber descubierto pruebas de una fusión nuclear que ocurre en un dispositivo similar al que utilizaron Fleichmann y Pons.

Dado lo impopular que es el tema dentro de la ciencia, muchos grupos de investigación continúan con sus experimentos casi en secreto.

Muchos dicen haber conseguido resultados espectaculares, no solo en fusión fría, sino con otros aparatos de energía libre. Un ejemplo que puede dar mucho que hablar es el MEG, Motionless Magnetic Generator, patentado por Jean Louis Naudin, Stephen L. Patrick, Kenneth D. Moore, James C. Hayes y Thomas E. Bearden.

Estos investigadores advierten que la misma tecnología que puede producir electricidad a partir del vacío podría ser utilizada para la creación de nuevas armas. Arthur C. Clarke es uno de los grandes defensores de la energía libre.

La fusión fría, que no es fusión, ni es fría, en sus propias palabras, representa para Clarke el inicio de una revolución energética.

En cientos de laboratorios del mundo se están realizando pruebas y se están concediendo patentes.

El gran misterio es el origen de las energías observadas.

El premio Nóbel Julian Schwinger sospecha que se está empezando a interceptar las fluctuaciones energéticas cuánticas del vacío.

Muchos están tirando del hilo descubierto por los “chapuceros” Fleichmann y Pons, y están descubriendo cosas asombrosas sin pies ni cabeza.

Un ejemplo: investigadores finlandeses dicen haber reducido la fuerza de gravedad en presencia de un material superconductor en rotación.

Aunque el efecto observado es muy débil, puede considerarse como revolucionario, si llega a confirmarse plenamente, aunque de momento no pasa de ser una mera anécdota del mundo experimental.

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FUENTE : http://www.alpoma.net/tecob/?paged=300
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