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El origen de la música

El origen de la música
Al igual que la risa, la capacidad para crear música y sobretodo disfrutar con ella parece ser una de las propiedades universales del ser humano.

La ciencia ha sido capaz de explicar el origen y la razón de ser de buena parte de los atributos humanos, de esos que creíamos exclusivos de nuestra especie y que, adecuadamente estudiados, han resultado ser compartidos por otros miembros del reino animal.

Entre esos atributos podemos incluir las emociones y el lenguaje.

Sin embargo, queda una laguna sin colmar, y ésta es explicar el origen evolutivo de la capacidad musical de la especie humana.

Es bien conocido que, desde el punto de vista de la biología, las propiedades de los seres vivos que poblamos el planeta se han originado a lo largo del proceso de la evolución.

En este proceso, los individuos, únicos e irrepetibles también en el caso de animales y plantas, que poseen genes que les proporcionan una ventaja reproductiva frente a otros individuos de la misma población son los que más probabilidades tienen de pasar esos genes a las generaciones futuras.

A lo largo de millones de años de proceso evolutivo, es de esperar que ninguna cualidad o capacidad que no permita una mayor supervivencia habrá sobrevivido.

Es decir, entre los atributos de los animales y plantas no es de esperar la existencia de nada, o de casi nada superfluo, sino exclusivamente cualidades que han sido seleccionados por su ventaja reproductora en un determinado entorno.

En este orden de cosas, la ciencia no es capaz de explicar aún por qué los individuos con mayor capacidad musical son los que han sobrevivido en la especie humana.

¿Qué ventaja reproductora ha supuesto la música? ¿Acaso los hombres más cantarines enamoraban a más mujeres?

Si es así, ¿por qué cantan también las mujeres?

 ¿Para despistar a las competidoras?

Sea como fuere, la ausencia de una explicación satisfactoria para la existencia de la capacidad musical no quiere decir que no dispongamos de hipótesis que intenten explicarla, y que habrá que confirmar o refutar con experimentos adecuados.

Para el científico, no hay duda de que la música tiene un origen biológico, no místico o espiritual, y en absoluto supone una discontinuidad insalvable con el resto del reino animal.

De hecho, experimentos con primates, macacos para ser precisos, demuestran que aunque estos animales no cantan, son capaces de reconocer melodías como idénticas incluso si se sube o se baja una octava el tono de la misma.

Es decir, el cerebro de esos primates es capaz de codificar la música y de reconocerla. No sólo el ser humano es capaz de esta habilidad.

Esto es interesante porque la música parece tener sus reglas, como el lenguaje tiene las suyas. En el caso del lenguaje, los hablantes de una determinada lengua, incluso si son analfabetos, son capaces de identificar sentencias como gramaticalmente correctas o gramaticalmente incorrectas.

Algo similar ocurre con la música.

Para que reconozcamos una serie de notas como música deben ceñirse a reglas definidas, que sabemos existen simplemente porque no cualquier serie de sonidos constituye una tonadilla musical, aunque sí valga como ruido.

Es esta similitud entre la música y el lenguaje la más socorrida para explicar el origen de la música, ya que le confiere a ésta un valor comunicativo, que quizás sea anterior al nacimiento del propio lenguaje hablado.

Sin embargo, la relación de la música con el lenguaje no es lo único factor que se considera y hoy en día tenemos tres hipótesis principales que intentan explicarla.

La primera, en verdad mantiene que la música ha surgido porque posee una función de atracción sexual.

En mi opinión, considerando lo mal que cantamos la inmensa mayoría de nosotros, creo que de tener alguna función sexual, la música más serviría de anticonceptivo que de activadora del apetito sexual. Pero cada cual es libre de equivocarse como quiera.

La segunda hipótesis sostiene que la música sería un modo de comunicar las emociones, una especie de lenguaje emocional, ahora que tan de moda está esa palabra para la inteligencia.

En este sentido, su función sería la de mantener la cohesión de los grupos y clanes, mediante la elevación del ánimo y del sentido de pertenencia a un grupo.

Algo debe de haber de verdad es esto, ya que la actividad musical en muchas tribus primitivas se realiza en grupo. Y todos los club de fútbol, lo más parecido a una tribu primitiva que tenemos hoy en día, tienen su himno.

La tercera hipótesis mantiene que las cualidades musicales surgieron como consecuencia de capacidades necesarias para la realización de otras funciones, como el lenguaje, pero que en sí misma no tiene valor de supervivencia.

Es esta una hipótesis similar a una que supusiera que el origen de los dedos es porque son necesarios para formar la mano, lo cual, claro está, tiene parte de verdad.

La investigación en este tema parece que se decanta más por estudiar las dos últimas hipótesis, a pesar de lo divertido que sería ser objeto de experimentación de la primera.

No hay duda de que la música suscita emociones y es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo.

Es posible, además, que comunicar rápidamente emociones primitivas, como el miedo o la angustia, haya tenido en el pasado un enorme valor de supervivencia.

Así, comunicar el miedo que suscita la cercanía de un predador puede ser más eficaz para evitarlo que comunicar simplemente el mero concepto de predador.

Es también posible que para esta función, la música haya compartido las propiedades del lenguaje, el otro medio de comunicación mediante sonidos.

De todos es conocido que el lenguaje tiene un ritmo, ritmo que son capaces de captar hasta bebés de seis meses, según demuestran recientes experimentos.

Estos bebés son también capaces de identificar series de notas determinadas como música, lo que sugiere que la capacidad de reconocer la música es innata en nuestra especie, o dicho de otra manera, de alguna manera posibilitada por los genes.

Esto concuerda también con la aparición, de vez en cuando, de genios de la música, que poseen extraordinarias habilidades musicales innatas, que más adelante pueden ser refinadas y mejoradas con la educación.

En resumen, no sabemos todavía por qué somos capaces de reconocer, de disfrutar y, algunos, de crear música, pero de lo que no cabe duda es de que la razón radica en nuestro pasado evolutivo y en le valor que la música tuvo para la supervivencia de nuestra especie.

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Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia