¿Quién inventó el código de barras y cuál es su significado?

 ¿Quién inventó el código de barras y cuál es su significado?
¿Quién inventó el código de barras y cuál es su significado?

El código de barras forma parte de nuestra cotidianidad.

Poco a poco se ha convertido casi sin notarlo, no solo en algo tan útil como imprescindible, sino también en un icono.

Esas rallitas de diferente intensidad, separación, y con la serie de números que los acompañan se hallan impresos en nuestros alimentos, libros, en las etiquetas de nuestros cosméticos, ropa y… quién sabe si dentro de poco hasta tatuados en nuestra piel.

El código de barras, inventado por Norman Joseph Woodland en octubre de 1952 y denominado en Europa como sistema EAN -European Article Numbering o Numeración Europea de Artículos- es un método de codificación que permite la identificación casi instantánea de todo tipo de productos mediante un lector especial conectado a una caja registradora informatizada.

Todo empezó como un proyecto de universidad a principios de los años 30. Un grupo de chicos encabezados por Wallace Flint de la Universidad de Harvard de Administración de Empresa, pensaron que ya era hora de agilizar un poco el modo en que se identificaba las mercancías en las empresas. 

El objetivo era actualizarlo mediante un sistema de tarjetas perforadas que correspondían a su vez a un catálogo. Estas tarjetas perforadas se pasaban luego a una especie de rudimentario lector que indicaba de forma automática el lugar exacto en el que esas mercancías se encontraban en el almacén. 

Muy práctico.

Pero el código de barras moderno comenzó a desarrollarse como tal en 1948. Fue otro estudiante, Bernard Silver, quién formando parte del Instituto de Tecnología de Drexel en Filadelfia pensó que debía afinarse el sistema adecuado para leer automáticamente la información de los productos. Hacerlo más rápido. Más completo. 

Más manejable y fácil. Tuvo una idea, y se la comentó a Norman Joseph Woodland, otro estudiante de veintisiete años de edad y profesor de postgrado en Drexel. Ambos empezaron a trabajar juntos en ese proyecto de inmediato. Intuían sin duda algo “grande”.

Las ventajas de este sistema son varias: por un lado permite a los fabricantes, distribuidores y detallistas mantener un control pormenorizado de los movimientos de sus mercancías, y por otro evitar errores de cobro e inútiles esperas del cliente ante la caja, proporcionándole además un detallado listado de sus compras.
El código EAN consta de trece números sobre los cuales figura su correspondiente transcripción en forma de barras.

Los dos primeros dígitos representan la asociación que asigna los códigos a las empresas fabricantes y distribuidoras.

Lo primero que idearon era una especie de patrones con tinta que brillaba bajo la luz ultravioleta. Pero el problema estaba en que la tinta se borraba enseguida y además resultaba algo caro para imprimir los patrones. 

Pero tanto Woodland y Silver se empeñaron en no rendirse y trabajar mucho más en la idea. Dejaron la universidad y se fueron a vivir al apartamento del abuelo de uno para trabajar en el tema. Cerrados durante meses para lograr lo que buscaban.

El 20 de octubre de 1949, Woodland y Silver presentaron una solicitud de patente titulada“Aparato y método de clasificación”. Ahí estaba, era el primer código de barras, pero eso sí, era algo parecido a un ”Ojo de Buey”, formado por círculos concéntricos. Se trata de una especie de patrón de cuatro líneas blancas sobre un fondo oscuro, que permitía 7 diferentes clasificaciones para un mismo artículo. Los dos inventores sabían que cabía la posibilidad de añadir hasta 10 líneas, de modo que podrían darse así hasta 1023 clasificaciones.

Era sin duda el principio de una gran historia, de algo cotidiano e imprescindible para todos nosotros. Lamentablemente, Silver murió de un accidente de coche a los 38 años, sin llegar a ver y disfrutar del gran el uso comercial del código de barras.

La Asociación Española de Codificación Comercial (AECOC) tiene atribuido el número 84, por lo que los códigos de todos los artículos producidos por empresas españolas empiezan por esta cifra.
Las cinco posiciones que siguen a la clave del país corresponde al código asignado a la empresa, mientras las cinco siguientes están reservadas para designar el producto concreto, numerado por el propio fabricante o distribuidor.

El último dígito es una cifra de control, que resulta de aplicar un algoritmo matemático a los otro doce dígitos.

 Si en el proceso de lectura del código de barras el número de control no coincide con el resultado de las operaciones indicadas por el algoritmo -que la caja registradora efectúa casi de forma instantánea-, esto significa que se ha producido un error y el sistema pide una nueva lectura.

Cada uno de los dígitos está representado como un grupo de siete módulos de tonalidades claras y oscuras repartidas de manera que cada dígito está formado siempre por dos zonas claras y dos oscuras de anchura variable, según el número de módulos contiguos de un mismo tipo.

Esta anchura variable es la que permite que el dispositivo lector decodifique las barras del sistema EAN.

Aproximadamente en 1966 se empezó a usar comercialmente en todas partes y esto desembarcó en la necesidad de crear un código de barras universal. El encargado de hacer esta tarea fue George J. Laurer en 1973, quien bautizó a este nuevo código estándar con el nombre de U.P.C. (Código de Producto Universal)


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