9.18.2014

Investigando los orígenes de la lepra

La lepra afecta cada año a unas 250.000 personas en todo el mundo, pese a que existen medicamentos efectivos contra ella.

En la edad media, en Europa, había zonas donde estaba infectada una de cada tres personas y los leprosos eran marginados por la sociedad e incluso se les obligaba a llevar una campanilla que alertar de su presencia.

Ninguna otra enfermedad deforma tanto al ser humano como la lepra.

La Biblia ya la mencionaba, y según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy todavía padecen esta enfermedad unos 15 millones de personas en el Sudeste asiático (especialmente India), África, Centroamérica y Sudamérica.

Anualmente hay alrededor de 400.000 nuevas infecciones causadas por la Mycobocterium leprae.

Tras una fase asintomática de cuatro a diez años (período de incubación), produce mutilación y caquexia crónica.

Actualmente no existe vacuna para la úlcera de Buruli ni para la lepra.

La suerte con esta última es que la progresión es lenta, con un periodo de incubación de unos cinco años aunque los síntomas pueden retrasarse bastante más.

Investigando ... los orígenes de la lepra

El artículo de PLoS ONE ,es muy simple ya que comunica un hallazgo y su análisis. 

Antes de comentarlo recordemos que esta enfermedad, la lepra, está causada por la infección de una bacteria, Mycobacterium leprae, un microorganismo que no se ha conseguido cultivar in vitro y que debe ser propagado en armadillos .

Los parientes de la M. leprae son también bastante molestos ya que causan la tuberculosis y la úlcera de Buruli. 

Foto:Cráneo del individuo 1997-1 localizado en el asentamiento calcolítico de Balathal (Rajasthan, India) donde se señalan las lesiones más evidentes.

Para que el bacilo de la lepra se contagie, es necesario un contado constante y estrecho. La lepra es la enfermedad de los pobres, de la miseria. Los niños están especialmente expuestos. 

El contagio, al contrario de la creencia más extendida, es difícil.

El tratamiento contra la lepra es muy efectivo aunque largo (entre seis y doce meses) y necesita una combinación de dapsona (un bacteriostático), rifampicina y clofazimina, llamados conjuntamente MDT (de multi-drug therapy).

Lamentablemente esto es algo inalcanzable para una parte importante de los afectados debido a la mala calidad de los servicios sanitarios en sus países.

La lepra lleva con nosotros al menos cuatro mil años. Probablemente será erradicada en este siglo si la atención primaria mejora en los países más afectados.

La pérdida de identidad Principalmente se distingue entre dos tipos de lepra: la lepromatosa o cutánea y la tuberculoide o neuronal.

La primera comienza de forma insidiosa con úlceras en la nariz y la frente, pérdida de cabello y formación de cicatrices hasta que la cara se vuelve irreconocible.

Ésta toma rasgos leoninos, con la nariz inflamada y los labios abotagados, lo cual hace imposible distinguir ni la edad ni el sexo de la persona.

Internamente, se destruyen las mucosas de la boca y la nariz, se pierden los dientes y la voz se vuelve ronca y nasal.

 Por su parte, la lepra tuberculoide evoluciona con hipersensibilidad, parálisis y, finalmente, pérdida de los dedos e incluso de las manos y los pies (Lepra mutilans).

La putrefacción de los miembros suele ir acompañada de un hedor repugnante. 

Desde 1998 esto es posible gracias a la donación de millones de dosis de MDT por la farmacéutica Novartis a través de la Novartis Foundation for Sustainable Development.

Estas donaciones han permitido que en los últimos veinte años se hayan curado 14 millones de personas aunque la lepra sigue siendo un serio problema de salud pública en una decena de países (en 1985 eran 122), especialmente en India (donde, paradójicamente, se fabrican los tratamientos de la MDT), Mozambique, Brasil, Congo y Nepal, aunque está presente con menor prevalencia en bastantes otros.

Como resultado global, la enfermedad se ha reducido drásticamente desde 1980, sin duda más de un 90% y el número de enfermos registrados actualmente es de algo más de doscientos mil según la OMS.

La cantidad exacta no es muy importante comparada con la necesidad de romper el rechazo social y el ocultamiento de la enfermedad, considerada durante siglos como un mal infamante, y sobre todo de mejorar los servicios de atención sanitaria básica en los países más afectados.
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Cráneo de una leprosería medieval de Dinamarca. / Ben Krause-Kyora

El final de la lepra, su erradicación definitiva, es posible y probablemente no tarde mucho.

El artículo que hoy les comento no trata de este final sino de sus inicios ¿desde cuándo la lepra acompaña al ser humano y cómo se ha extendido por todo el mundo?

Algunos trabajos han mostrado que la lepra actual tiene un origen único ya que el genotipo de las bacterias de todo el mundo es llamativamente similar.

Rastreando la filogenia se ha propuesto un origen en el Este de África y una diseminación hacia Asia y Europa acompañando a las migraciones humanas.

La primera dispersión habría ocurrido hace 40 o 50 mil años. Otras versiones basadas en referencias históricas mantienen que la lepra llegó a la actual Europa mucho más recientemente, a la vuelta de los ejércitos de Alejandro, allá por el siglo III a.C.

En América la lepra es reciente, como máximo de hace cinco siglos, y fue introducida por el tráfico de esclavos desde África o por europeos en la colonización a partir del siglo XV.

Suelen citarse textos indios del siglo VI aC (como el Sushruta Samhita , un texto médico) como la primera referencia ya que habla de una enfermedad cuyos síntomas coinciden con los de la lepra.

Pero, si vamos a lo más seguro, la prueba más antigua era un esqueleto egipcio del siglo II a.C. con lesiones características.

El artículo que menciono, firmado por investigadores norteamericanos e indios, retrasa la evidencia de la enfermedad con pruebas directas ya que describe restos de un esqueleto de 4000 a 4500 años de antigüedad localizado en el Noroeste de India.

Enterrado en la periferia de una población, dentro de un gran espacio cerrado con muros de piedra, pertenece a un hombre cercano a los 40 años y de 1.80 m de estatura aproximadamente.

Son claramente visibles erosiones y pérdida de hueso en la cara, costillas, vértebras y extremidades.

Las características de las erosiones han permitido descartar otras afecciones como la tuberculosis, leishmaniasis, sífilis, osteomielitis o infecciones óseas inespecíficas.

Este hallazgo prueba, en definitiva, algo simple pero importante: la lepra existía en El Noroeste de India hace al menos 4000 años.

Los autores recuerdan en la discusión que aunque M. leprae es actualmente muy homogéneo, se distinguen 4 tipos, numerados del I al IV y radicados en Asia, África Este, Europa y América respectivamente.

Los autores comentan las dos hipótesis principales respecto a su evolución.

La primera, ya mencionada antes, es que el tipo II es el más antiguo y original de África del Este desde donde se dispersó diferenciándose progresivamente hacia Asia (tipo I) y Europa (tipo III).

Manos con lepra

El tipo europeo es frecuente también en África Oeste y América, sugiriendo una colonización que derivó, al otro lado del Atlántico, en el tipo IV.

La segunda hipótesis es que la dispersión comenzó en Asia bastante más recientemente, en la época de fuertes relaciones comerciales coincidente con el desarrollo de la civilización del Indo, hace unos 4500 años.

La realidad es que no se sabe aún nada definitivo sobre estas etapas primigenias de la enfermedad ni sobre cómo se originó.

Tal vez alguna respuesta llegue si se encuentra en el esqueleto de Balathal ADN de la bacteria, algo en lo que los investigadores se han puesto ya a trabajar.

Lavarse es pecado 

La lepra penetró en el área mediterránea ya en la Antigüedad y en el siglo IV llegó a centroeuropa. La causa fue la creciente decadencia de la antigua cultura del baño.

Mientras que la Roma pagana era conocida por sus termas, muchos cristianos consideraban pecado el contacto y lavado del cuerpo.

Hasta que no regresaron los cruzados de Arabia, los baños no volvieron a ser populares, al menos provisionalmente; durante casi 1000 años la higiene del cuerpo estuvo mal vista.

Aislamiento de los enfermos El repugnante aspecto de los enfermos se considera a menudo una consecuencia de sus pecados.

La Biblia ya prescribía su aislamiento y varios concilios eclesiásticos establecieron la exclusión de los enfermos. Hasta el siglo XI los leprosos vivían desterrados en chozas en el campo, a las puertas de la ciudad.

En Alemania se les llamaba hermanos del cuerno, pues al mendigar debían avisar a los sanos del encuentro inminente haciendo sonar uno. Más tarde se les alojó en hospitales separados, las llamadas leproserías.

En tiempos de penurias también se albergaron en ellas muchos simuladores que preferían mezclarse con los mutilados y malolientes enfermos de lepra antes que morirse de hambre pobres y excluidos.

En el siglo XVIII se cerraron casi todas las leproserías, pero incluso actualmente existe un sanatorio en Eontilles, cerca de la Costa Blanca española, que acoge a unos 80 pacientes.

Vías de infección: Además del abandono finco, también los tatuajes juegan un papel importante en la propagación de la enfermedad.

Se toman espinas, agujas, cuchillos u otras herramientas, se remueve el color con saliva, mucosidad nasal, orina o excrementos de paloma, y al tatuar con ayuda de las herramientas se introduce el color con el agente patógeno directamente en la circulación sanguínea humana.

La muerte social 

En la Edad Media no sólo los médicos diagnosticaban la lepra, también lo hacían los sacerdotes.

La diagnosis se realizaba tras efectuar una sangría, inspeccionar la sangre y la orina y observar todo el cuerpo.

Si se creía que se trataba de lepra, el enfermo era conducido a la iglesia en una procesión.

Se le acostaba ante el altar, se entonaban cantos funerarios y se le vestía con el llamado traje de Lázaro. Los vivos colores de esta vestimenta hacían que el enfermo fuera visible desde bien lejos.

Además, tenía que llevar guantes y una castañuela con la que avisar de su presencia. Su matrimonio se consideraba disuelto y sus propiedades pasaban a manos de parientes o de la Iglesia.

PREVENCIÓN: La mejor manera de prevenir la transmisión de la lepra es por medio del diagnostico temprano y el tratamiento de la gente infectada.

La enfermedad también se puede prevenir por medio del lavado cuidadoso de las manos.

Los que habitan la misma casa y otros contactos cercanos deben ser examinados por un doctor inmediatamente y cada año por cinco años después del contacto con una persona que tenga la enfermedad.

El doctor puede recetar medicina preventiva para algunos contactos.

Normalmente el tratamiento es con antibioticos

Propagación con la colonización y el comercio de esclavos Mientras que con la mejora de las condiciones de vida la enfermedad se fue extinguiendo en Europa a lo largo del siglo XVI, la península Ibérica la propagó por Centro y Sudamérica.

El conquistador español Hernán Cortés (1485-1547) mandó construir las primeras leproserías en México.

Además de la lepra, los conquistadores llevaron también la viruela.

Debido a que éstos se contagiaron a menudo con la sífilis, para algunos fue signo de justicia igualitaria.

Latinoamérica sigue siendo hoy día uno de tos territorios más afectados por la lepra.

El origen deja limosnera Ni siquiera en la iglesia se trato a los enfermos con cristiano amor al prójimo.

Cuando en el mejor de los casos se les permitía asistir a los Servicios religiosos, tenían que entrar en el templo por puertas especiales y ocupar un lugar aparte, a menudo detrás de una pared tan sólo una rendija para ver al cura.

Antes y después de la misa, los leprosas pedían donativos a los asistentes delante de la iglesia can sus limosneras sujetas a largos palos.

Posteriormente se excluyó completamente a los leprosos de la iglesia y se prefirió recoger dinero para ellos durante la misa- Se considera que éste es el origen de la actual limosnera.

Enterrados en vida en Molokai Después de que James Cook (1728-1779) descubriera Hawai en 1778, se introdujeron allí muchas enfermedades infecciosas, entre ellas, en 1845, también la lepra.

En sólo 80 años el número de habitantes se redujo en cuatro quintos, de 330 000 personas a unas 60 000.

Por miedo a otros contagios, se reunió a todos los que presentaban síntomas claros y se les desterró a la isla de Molokai; a su espalda tenían abruptos riscos y frente a ellos sólo el mar.

En aquel lugar se abandonó a los enfermos a su suerte, no había medicamentos ni médicos, ni siquiera viviendas.

Hasta que llegó el padre Damian de Veuster (1840-1889), religioso belga. En 1873 él mismo se hizo desterrar a la isla.

También a él le repugnaron los enfermos malolientes y los gusanos en sus heridas putrefactas.

Sin embargo, organizó la construcción de alojamientos, proporcionó ropas y medicinas y compartió su vida y su muerte hasta que falleció en Molokai, con sólo 49 años de edad, tras haber contraído también la enfermedad.

El padre Damián siguió a su manera el ejemplo de Santa Isabel de Hungría, hija de un rey húngaro que cuidaba leprosos en Marburgo del Lahn, y fue canonizado en 1995.

San Lázaro y la Orden del mismo nombre El santo patrón de las leprosos es San Lázaro (de ahí el término lazareto quien según la Biblia fue resucitado par Jesucristo de entre los muertas.

La Orden de San Lázaro, que lleva su nombre (s. XI). acogía a caballeros enfermos de la Orden del Temple y de la de San Juan, que también iban a la lucha como muertas vivientes y sin llevar la cabeza cubierta. Eran conocidos por su valentía. Su simple vista producía pánico y horror al enemigo.

La enfermedad tiene curación En 1873, Gerhard Armauer Hansen (1841-1912) consiguió identificar el agente patógeno en Bergen, Noruega. Le ocurrió como a muchos descubridores y al principio sus conocimientos no se tomaron en serio.

Pero, finalmente, se comenzó a aislar a los enfermos para impedir así una mayor propagación. Hoy en día, si la enfermedad se diagnostica a tiempo, es posible detener su avance con una terapia combinada a base de antibióticos.

El peligro de contagio es relativamente bajo, pero a causa de las mutilaciones, sigue siendo difícil reintegrar en la sociedad a los que se curan.

La bacteria de la lepra: un organismo en éxtasis evolutivo

 La enfermedad en el siglo XVI.

 ¿Por qué? ¿Acaso mutó la bacteria hacia una forma menos dañina?

Para conocer la evolución de ese patógeno, un equipo de investigadores alemanes han realizado las secuencias casi completas de Mycobacerium leprae, causante de la lepra, obtenidas de muestras de enfermos actuales así como de cinco esqueletos de leprosos de los siglos X y XIV enterrados en el Reino Unido, Suecia y Dinamarca.

 Han descubierto que los genomas de las cepas medievales y las actuales son casi iguales (los análisis comparativos muestran solo 800 mutaciones entre los 16 genomas), por lo que apenas ha variado en mil años.

Verena J. Schuenemann, Johannes Krause (ambos de la Universidad de Tübingen) y todo su equipo de arqueólogos y biólogos no solo recuperaron muestras de los esqueletos de leprosos de la edad media, sino que pusieron a punto un método eficaz para aislar el material genético de los viejos huesos humanos (apenas el 0,1% es ADN de Mycobacerium leprae).

Tras su estudio, que han publicado en la revista Science, los investigadores concluyen que el declive de la lepra en Europa desde el siglo XVI no se explica por la evolución del patógeneo hacia forman menos dañinas.

Ellos sugieren que o la enfermedad decayó por la mejora de las condiciones de vida de la población o resultó eclipsada por otras infecciones, como la peste y la tuberculosis.

Fuentes Consultadas: Grandes Catástrofes de la Historia

  (Plosone).   http://golemp.blogspot.com
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